Novedades en la categoría Con mucho glamour

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Harry McElhone fue en 1919 el más talentoso barman del londinense Ciro’s Club, el sitio más fashion de la alocada Europa noctámbula y los biutifuls de la imaginativa Belle Époque.

En 1921 emigra con fama y ganas al marchoso París, que conquista day and night desde las barras del New York Bar, vía briosas demostraciones de su apetitoso arte.

Dos años escasos bastan para que la cosa sea suya, mítica y conocida por el mundo mundial como “Harry’s Bar”, frecuentado, hasta hoy, por lo más granado y enrollado de la sociedad cosmopolita imperante.

Hiper creativo y perfeccionista, nuestro héroe incluso mejoró una creación propia, el “White Lady”, sustituyendo crema de menta por gin, pariendo así una curiosidad etílica, poca equilibraba a primera vista, pero extremadamente agradable al probarla.

La experiencia colocó el mix renovado, uno de los más girlies (femenino), en el ranking de los sumos clásicos del arte coctelero.

Ese shooter se hace al shaker medio lleno de cubitos de hielos, vertiendo en iguales cantidades 2cl. de zumo de lima, Cointreau o Grand Marnier y gin de alta calidad.

 

Suele presentarse en sociedad  en vasos martini altos y muy frescos, sin añadido de hielo suplementario, embellecido de una paja impoluta.  Hasta la fecha, ninguna ley impide añadir una rosa blanca al ladito y algún mini paquete enlazado de seda de idéntica cromática, conteniendo un regalito inesperado y oportuno. 

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Los más golosos aplaudirán y reclamarán más “White Wedding”, delicada creación del alemán Torsten Spuhn, clasificada tercera en el Campeonato mundial del IBA (International Bartender Association) en 2001 y Brasil.

Se hace saltando sobre el shaker medio lleno de cubitos de hielo y vertiendo 7 volúmenes de ron oscuro, 2/7 de Cointreau o Grand Marnier, 1 de amaretto, 1 generosa raya de caramelo líquido y nata espesa a su antojo.

Sacudir a fondo y servir en vasos martini muy adecuados para ese tipo de mix.

Sofistique el decorado al máximo:  vainas de vainilla color caramelo profundo, fragante anís estrellado, delicadezas de mini orquídea, virutas de cacao, ramitos de canela que dicen afrodisíaca, exotismos de lonchitas de frutas  extrañas, tarjetitas románticas. Todos los pastelitos y bomboncitos bienvenidos.

En ambos casos, ambientado en blues o jazz envolventes, tal el hipnótico "Stormy Weather" par exemple.  ¡Suerte y be romantic, my friends!

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¿Qué es esto?
 

garbo-23-0707-01.jpgSoy un “hombre” solitario girando alrededor de la Tierra (GG)

Fue el rostro del  difunto siglo XX, cuya perfección andrógena sumó en tal decúbito supino al respetable que se verificó la hazaña mediante el número áureo o de divina proporción. Fascinado, el expeditivo Guinness homologó su dueña como “la mujer más bella que jamás haya existido”, paradigma que sus genuflexos fórofos agradecieron directamente al sumo matemático Dios Padre, quien la hizo divina desde su cuna polar.

Curiosamente, el olimpo de la fama terráquea encumbraría ese esplendor jamais vu con dicho moto, también titular de una de sus pelís.

Así nació predestinada Madame Garbo para una vida de cine, cuyo personalísimo guión escribió Hollywood a su ambivalente medida desde 1925. El milagro Greta Lovisa Gustaffsson nació entre fríos suecos de 1905, donce creció meláncolica, lívida, altísima, regordete y hormonalmente dual.

Llamada por el rugido de la MGM leonina, la maciza valkiria nívea adelgazó silente bajo spots californianos y a granel para enfundarse en su fashion macrovestidor gay. Así, entre ceñidos fourreaux pailletés de sirena y deshabillés lenceros, también  colgó ambiguos tiernos masculinos, consiguiendo elaborar, con estudiada sobrecarga morbosa, su misterioso personaje de ambivalente esfinge escandinava.

garbo-23-0707-02.jpgFlemática pero determinada, la Divina consiguió, a pesar de la plomiza censura imperante, vivir libremente sus amores eclécticos o prohibidos, como la pasión furtiva de unas ángelicas piernas perfectas llamadas Dietrich y fue de las pocas mudas que supo reciclarse exitosamente, seduciendo al personal con ambigua voz sensual en el novedoso celuloide parlante.

Cuidadosamente inalcanzable, el fenómeno se declaró “hecho para la soledad”, pero bajo su helado ADN nórdico seguía arrasando el sulfuroso fuego bisexual. Fue justamente entre los brazos gay del rendido retratista mundano Cecil Beaton, quien con poética razón la vio “bella como una aurora boreal”, donde se refugió compungida a resultas de su personal annus horribilis de 1941 y de la pérdida de su capital más preciado, la frágil hermosura.

El dramón ocurrió haciendo shopping del caro por la Quinta Avenida neoyorquina, al colocarse un polvo en su ojo divino y en plena luz matutina, despojada de trucos, focos medidos y maquillaje, el espejo le reflejó un desconocido ser ya senecto, revulsivo mayúsculo que la retiró sine die del mundanal ruido y de todas las camelias de la gloria.

El humillado ídolo herido tenía 38 años, un inescrutable aura de diva doliente y no ocupaba ningún lugar especial en el universo según su propia confesión. El oprobioso fracaso de su última película (31 en total), “La Mujer de las dos caras”, la ayudó a ahondar en dicho propósito. Por tanto Greta colocó corriendo al juvenil mito Garbo en el Hall of Fame y carente del contemporáneo botox y demás Chams providenciales, como Lenin momificado encaramó su perpetua belleza ficticia a la eternidad.  Con esos mimbres pasó de exponerse apolillada, peinando zafias canas o exhibir una indecorosa decadencia arrugada a las fanáticas pupilas ajenas que extasiaba entre salas oscuras.

Para la hierática dama de las cámaras empezó una vida huidiza que quiso anónima y sus tenaces feligreses el contrario. Tal llanera solitaria, tocada de horrendas gorras para despistar al tozudo personal, pertrechada de desmedidas gafas oscuras y vestidos XXL, emprendió una deprimente vía crucis de looks desastrosos, puertas secretas y destinos inciertos, suerte de doloroso Sunset Boulevard que la llevó hasta una ciudad tan eterna como lo sería su mismidad, Roma. Más black movie y melodramático, imposible.

Ahí encontró al chic Cecil y desprendiéndose de disfraz y secretismos, aprendió un rato a ser feliz concediendo incluso unas poses al maestro, por tanto al mundo mundial. El resultado desveló las incipientes nieves del tiempo invadiendo sus singulares facciones de conmovedora belleza casi masculina, aureoladas de fiereza inaudita y desafiante mirada transparente. Después, los demás clichés capturando su crepuscular singladura errática serían robados y muy a su pesar, de brutal interés mediático.

garbo-23-0707-03.jpgJusto antes de la famosa espantá, en su primera sophisticated comedy y penúltima aparición, la “fundadora de un orden religioso llamado cine”, dixit Fellini, sucumbiendo a las lujosas efervescencias del Champagne, consiguió echar unas roncas risas casi humanas y hasta prendarse ficticiamente de un decadente conde capitalista. La cosa era Ninotchka y el argumento una visión-revisión ácida del supuesto edén comunista-estalinista observado desde el ojo clínico-irónico de Lubitsch.

La destornillante sátira sobre soviéticos hoz y martillo paradisíacos inspiró hasta las barras y se licuó en un mix homónimo, ambivalente como la diva ya inmortal y auto alejada de la terráquea corrupción temporal, con un gangoso “I just want to be alone” perentorio (entender que la dejen de una vez ya tranquilla).  Hasta hoy, nadie lo consintió y para muestra viviente, modernos clubs de fans, webs y servidora mitomana adorando su intacta leyenda del fabuloso golden age hollywoodense.

Existe otra versión de la creación, rusa para más inri, que otro día os contaré. Ese cóctel dulce, fuerte y sutil se hace directamente en un vaso vintage, depositando muy poco hielo picado (no debe aguarse el resultado) y vertiendo 6cl de vodka, 2 de kahlúa (o Tía María en su defecto); y una cereza confitada para el decorado fashion. Efecto garantizado sobre moral y libido decaídos. ¡Muchos cheers!

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marilyn-110707-01.jpg 'La vela se consumió mucho antes que la leyenda' (Elton John y Bernie Taupin)

¡81 años de idéntica luminosidad! Son los que queremos felicitar a la más deslumbrante de las stars, aunque sin tenerla todavía físicamente entre nosotros. Afortunadamente, en la pantalla de nuestros recuerdos, Marilyn y sus caderas turbinoides sigue eterna como sus best friends, los diamantes.  No podía ser de otra manera, la leyenda nació, creció y murió como pocas en Hollywood, ciudad de los Ángeles, como él que siempre fue.

En la actualidad, 35 años después de su  enigmática desaparición, la inmortal sexygenaria más deseada del campo santo que muchos tachaban de oxigenado mito de papel, fortalece año tras año su glamour terrestre, sin inminente Sunset Boulevard personal que temer. Es más, cualquier noticia suya postmortem revienta su supuesta caducidad, alimentando mercado monroenanio y flores en los altares mitómanos. Seguro que el blond icon, desde su transluciente limbo e infinitas lecturas, mira con dulce ironía el fabuloso trono de strass que obsesas manadas de neumáticas plateadas, hundidas en el intento, siguen sin saber ocupar. Marilyn, ingrávido sex simbol en plena forma, única e irrepetible, pertenece al mágico paisaje definitivo de nuestra historia, civilización y sobre todo, corazón.

marilyn-110707-02.jpgNorma Jean Mortensen, la que atrapaba la luz,  turgente exageración de una nívea feminidad exudando sensualidad y paradigma de la soledad, nos dejó huérfanos de su cimbreante presencia  platinada un lamentable 6 de agosto de 1962, bajo  máscleta de flashes, tsunami periodístico y toneladas de dudas, ruidosa parafernalia otorgada por una universal fama cinematográfica y potencia carnal inigualada, con las cuales, desde su traumática cuna y agitada life siempre soñó y consiguió.

La canícula rubia, como llegaron a llamarla, tenía un feeling especial con el champán, que consumía en buffet libre, a secas y cualquier hora en copa o... abluciones. Tal dorada burbuja que ella misma fue, dio la nota  glamour y una tarde de gloria al Piper Heidsieck, rellenando su bañera de 350 botellas de esa marca. Marilyn, aparte de saltarse la estirada moralina sexual de su época, lo hacía con muchas comidas. Cocinaba poco, comía menos o a trompicones hamburguesas sebosas del neoyorquino PJ Clarke’s. Adoraba dulces y chocolate, no en vano fue en su día Miss Cheesecake of America, todo un alarde al colesterol y recetario patrios.

Con su doctrina Beverly Hills, la estrella echó un rápido cierre al fogón casero, llenó su bódega hasta los topes y se especializó en sándwiches rellenos de cualquier cosa, alegrados de un completo brunch líquido disponible en un santiamén, el bloody mary, que la saciaba sin daños colaterales para su vertiginosa silueta. El resultado no era para tirar cohetes, mientras incontables copitas chispeantes regaban indiferentemente su demoledora dieta cotidiana de chips, french frites, pizza, comida china o basura bitter-sweet, caviar del caro (!!) y fettucini a granel (su última comida). Puso en el mapa un extraño café con granito de sal para resaltar su sabor, excentricidad que por hay leyó un día, por cultureta  ingenua consideró convincente y por ende desconcertó al personal.

marilyn-110707-03.jpgAl tiempo, mudada a cocktail builder, inventó un contundente champán con chute de vodka pura, más de 40º por sorbo. Esa  bomba etílica amparó el subidón urgente en sus confusos días finales acompañando un aperitivo muy spicy rociado de ketchup, semejante a los accras de gambas, cuya receta se ofrece a continuación:  mezclar 20 cl. de agua con 200 gr de harina con perejil y ajo picados, pimentón picante en polvo y levadura química. Incorporar ½ kilo de gambas peladas, freír en aceite muy caliente, escurrir a fondo y salpicar de flor de sal. ¡Good appetite and sheers to you, dear Marilyn que estás en los cielos¡

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cocteles-230107-01.jpgAnatomía de una leyenda. Se desconoce la mano que meció la cuna del Cosmo, en el sesentero Massachussets gay, de ahí su inequívoco color rosa. Empero la cosa tiene parentela, detectados dos primos hermanos, el Cape Codder y el Kamikaze.

El Cosmo destacó enseguida en la historia coctelera, donde su vistosa tonalidad y afrutado sabor fueron el sensual contrapunto “girlie” (femenino) a los fuertísimos combinados machos de las grandes urbes. Además, esa novedosa mixología más suave llevó las féminas al masculino mundo de los bares, donde el invento tan “cosmopolita” cautivó ambos sexos. Así nacieron su nombre y universal aceptación, fíjense, incluso tiene su revista, un canal televisivo a su gloria y goza de igual fama que el mítico Martini.

Popularizado por el intrépido McGyver, rápidamente brilló tal rubí como bebida clásica en los lujusos saraos hollywoodienses. Pero, por su extrema simplicidad y a pesar de su suntuosidad cromática, el Cosmo fue injustamente despreciado por ciertos barmen esnobs. Entonces lo impuso una acérrima fan suya, la tal Louise Ciccone (Madonna), quien lo consideró libación enrollada y eso bastó al pijerío neoyorquino para otorgarle un nuevo boom estelar. Con bríos renovados, se tragó masivamente en cafés elitistas sobre fondo de punzantes rascacielos e incandescentes atardeceres del cual parece encendido reflejo.

Con semejante patrocinio mediático, el escarlata Cosmo ampliando pedigrí, aprovechó nuevo milenio y tirón catódico de la exitosa serie “Sexo en Nueva York”, refrescando las tribulaciones erótico-cómicas de sus tres heroínas, Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte. cocteles-230107-02.jpgCon Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), antropóloga del sexo urbano y periodista del ficticio New York Star, compuso el dream team soñado.

Just imagine, ambos comparten hedonismos y emocionante fetichismo: el tacón estilizado. Ella pasea su trepidante vida fashion sobre manolos o Jimmy Choo vertiginosos, mientras el rubescente Cosmo recorre glamourosamente sobre acristalado stiletto de minimalista copa martini ese paraíso para célibes llamado Gran Manzana.

Así se enraizó en el imaginario popular como lujoso fetiche de la mujer sofisticada, liberada y de alto poder adquisitivo, mientras se calificaba en la serie de “bebida erótica por excelencia”. Y of course, toda América, de costa a costa, se picó y decidió verificarlo.  Citas, affaires y suspiros se multiplicaron alrededor de la nueva Viagra rosada, fetiche de la deseada Carrie.

Entonces las actrices, ansiosas de comprobar su poder de convocatoria, decidieron añadirle un touch de modernidad. Del resultado nació unos capítulos después con new look impoluto, un nuevo prota, el White Cosmo.  La Gcocteles-230107-03.jpgran Manzana devino la de la discordia y el asunto candente entre cosmólogos divididos, ferocidades de la leyenda urbana del nada rosa inocente combinado.

En fin, para gustos, los colores y esa rúbrica les propone salomónicamente ambas deliciosas recetas. Un consejo:  ese cóctel tan agradable y aparentemente inocuo provoca fácil adicción. Por consiguiente suele repetirse y dada su graduación etílica un tanto alta, es recomendable tomarlo siempre con alguna tapita o fruta seca. En caso contrario, se expondrá una a salir a gatas, cosa absolutamente antifashion y poca práctica.

Pink Cosmo. En la coctelera, depositar unos cubitos de hielos, verter 4 cl. de vodka, 2cl. de licor de naranja (Triple Sec, Grand Marnier cordón rojo o Cointreau), 2cl. de zumo/jugo de arándano rojo y unas lágrimas de lima. Sacudir a fondo, filtrar y servir en vasos altos de Martini sin hielo. Decorar con una fina rodaja de lima.

White Cosmo: igual proceso, reemplazar el zumo de arándanos rojo por su variedad blanca (bastante difícil de encontrar, ¿alguien sabe?).  ¡Suerte y happy hour to you!

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