
El etxeko biskotxa, literalmente postre casero, es la piedra angular de la dulcería de Labord, provincia más occidental de las siete que cuenta el país vasco francés.
Guardianas de su fabricación tradicional fueron las hermanas Dibar, apodadas “Biscotx” en Cambo, cuna del manjar dieciochesco, originalmente relleno de ldiminutas cerezas negras de Itxassou o de dorada crema pastelera a finales del XIX. La sabrosura, para sus fórofos regocijantes, bien mereció de una casa-museo en la verde Sara, perteneciente a los “pueblos más bonitos de Francia”.
La simpática iniciativa nació en 1998 de Bixente Marixuchar, apasionado del tema y arquitectura. Con esposa y bártulos, nuestro jefe sustituyó los rascacielos neoyorquinos de cocina internacional por los verdes valles tranquillos del Ipar Euskal Herria y hasta hoy.
Ahí, con piedras del macizo de la Runa, plasmó su pasión de gâteau basque sobre el “Ama Lur” (”Tierra Madre”) en forma de “casa-bloque” de ensueño, donde a pie de lorio (porche) acoge al visitante hasta su taller del gusto, sala común de cálidos materiales, dotada de una enorme mesa central ante la chimenea llameante.
Rodeados de apetitosos efluvios a mantequilla y afrutadas mermeladas, se realiza en vivo, directo y reconstituida sukalde (cocina decimonovena) el maravilloso postre, antaño rebosante de harina de maíz, manteca y miel, hoy de harina de trigo, mantequilla y azúcar cristalizado, treta evitando la sequedad de la delicada pâte sablée. Su equilibrada receta, rescatada del grimorio familiar, mucho tiempo secreta y reflejo de esos misteriosos parajes, transporta pupillas y papillas al centro de un viaje gourmand, del cual cada etapa y anécdota del mullido gâteau basque se divulgan en un convival diálogo donde el perfeccionismo afloja instantáneamente.
El crujiente resultado se degustará tibio en ese espacio cálido adornado de panzudos bocales repletos de multicolor fruta almibarada. Del suelo a las paredes, corre una estupenda colección de herramienta antigua saludando arte reposteril y confección del áureo postre legendario, quien, relleno de mermelada, se decorará de una laobourou (cruz vasca) y de crema, con estrías hechas al tenedor.
Para los empedernidos golosos impacientes, una diminuta boutique lindando el museo propone delicias artesanales del terruño y montañitas de frescos pasteles vascos, ajenos a los hormigonados ersatz asépticos de deprimente fastfood contemporánea. Marichular, dinámico protector de es
e delicado patrimonio rural, es en su categoría, genio, mago y artífice de maña magistral. Fascinante resulta ver nacer de sus manos y malabarismos esa aromática delicia. Y basta hincarle el diente para experimentar la exacta perfección gustativa soñada, por poquísimos alcanzada y por él, fácilmente lograda.
Buen plan familiar para un fin de semana, sin hablar del fascinante entorno mágico. Verificar en tres clic que llegar, realizar y aprovechar el untuoso pastel vasco no está, como parece, tan reñido con la agenda:
http://www.legateaubasque.com/recettegb/index.html http://www.routegourmandebasque.com/Pointeur_Gateau_SP.htm
http://www.routegourmandebasque.com/Visites_SP.htm








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conozco ese lugar es muy interesante
esa tarta es súper
qué bueno tía
mmmmmmmmmmmmm
buenísimo donde se compran
debe ser la leche