Esa enjoyada señora es Margarita (de Saboya), esposa-prima de Humberto I, hijo del primer rey italiano, Víctor Emmanuel II y de María Adelaida de Habsburgo-Lorena. ¿Y que relación existe entre dicha deslumbrante royal y la humilde pizza? Universal, my friends, dado que se consagró una sobradamente conocida a su nombre, amen de una famosa anécdota.
El sabroso episodio aconteció en 1889 y el napolitano palazzo de Capodimonte, donde la pareja real solía veranear y pasar calores. La soberana, empedernida golosa y anhelando nuevos sabores, se empecinó en probar ese plato simple, de rechupete según sus cortesanos y que los rigores protocolarios le impedían degustar en una popular pizzería. Además, la monarca detestaba el ajo, que consideraba impropio a su refinado paladar y cuyos groseros miasmas vomitivos, decían, flotaban despiadadamente en esos lares plebeyos.
Ante fobia y pataleo reales se recurrió inteligentemente a la praxis mahometana. Puesto que su achicharrada Majestad no podía desplazarse hasta el objeto de sus crujientes deseos, llegó, por tanto, un establecimiento especializado hacía Ella.
Así el coquinario del más afamado, “Pietro il Pizza iuolo” metió mano en la masa palaciega y con su esposa, la Signora Rosa, compusieron una cata creativa de la cosa, naturalmente despojada de cualquier vulgaridad apestando a endemoniado azúfre.
La primera propuesta ostentó manteca, queso y albahaca, la segunda aceite y tomate. A la tercera fue la vencida, rebosante de anacarada mozzarella, rojo tomate y fragante albahaca fresca, cromática de la bandera patria y cuyo equilibrado sabor, muy contenido y huérfano de efluvios malignos, entusiasmó a la noble dama.
El artífice del milagro, con suma diplomacia galante, atinadamente bautizó la regia elección “Pizza Margherita”. Noticia y favor corrieron como pólvora entre estrechas calles napolitanas, crónica social y beautiful nacional. Al alba hubo colas, impropios y bofetadas para engullir la dichosa delikatessen, ya real y astutamente publicitada al menú de su inventor, Raffaele Esposito, que se forró con el hallazgo.
Empero, en loor de la verdad, esa receta ya existía, perfecto clásico que nunca sobresalió gastronómicamente más que otro. Fueron, simplemente y con razón, las distinguidas papillas agradecidas de una reina gourmande quienes la ennoviaron para siempre con aristocracia y fama.


me encantó la historia
oye y la receta
mi preferida
me gusta esa pizza en particular no es tan cargante ni pesada como las demás
ya me decía yo que nombre más extraño
me la como en cuanto puedo
buenísima la margarita
estupenda pizza
bravo Margherita
mi piace molto
divertido