¡Vaya, ahí siguen, todos esos inamovibles kilos navideños colocados en el mismo sitio estrátegico!
La cuestión es: qué hacer con ellos, ahí puestos en una retaguardia gritando socorro amenazada por la implacable gravedad. A ver, como París siempre nos quedará la dieta, eso sí, simpática y sabrosa, que lo cortés no quita lo valiente.
La solución se llama endibia, preceptiva, saciante, fibrosa, acuosa y con 15 Kcal por cien gramos, ya me dirán my friends, más dietética imposible. Elegirlas vestidas de blanco irreprochable, lavarlas y secarlas.
Rallar 200 gr. de zanahorias, añadir unos palillos de cangrejo, gotitas de limón, queso fresco desnatado, salpimentar y listo para depositar en cada hojita. El resultado constituye un primer plato delicioso, fresco, nutritivo y sin que peligre su línea.
Esa curiosa legumbre ligeramente amarga, contiene un 94% de agua, cero lípidos y poquísimos glúcidos.
Riquísima en celulosa, vitaminas de tipo A, B y C, ofrece vagones de calcio, fósforo, hierro, manganeso, magnesio, potasio, zinc, selenio, cobre y oligo elementos.
Por tanto, usar y abusar de ella durante el período invernal, especialmente en enero, su mes predilecto. Empero siguen existiendo unos recalcitrantes que ven en ese invento belga, la más genuina representación de la insulsez.
Será por patética cultura gastronómica, ignorando sus mil recursos suculentos, cocida al vapor, jamás hervida (se hincha y pierde gran parte de su poder), braisée, cruda, asada, gratinada. Aparte, resulta un tesoro de salud, una incondicional amiga del hígado y facilitando la depuración renal, restablece el tránsito intestinal y esos vientres llanos que tanto nos gustan.
Lo todo, con dolcezza. ¿Quién da más?

la vaca y yo somos iguales
excelente para el hígado
la endivia me encanta con roquefort y nueces
con roquefort y nueces, bonita, es otra bomba