Fue excepcional de belleza, ingenio y vivacidad, Jeanne Bécu. Lástima que erronéamente empleados, esos dones igualmente resultarían su trampolín y perdición. La rubia preciosidad, cuyos rizos un día de 1793 rodarían bajo la voraz cuchilla revolucionaria, nació en 1743 de una pobre costurera y del Hermano Ángel, monje descocado del parisino Convento Picpus.
Dichas explosivas diecinueve primaveras atrajeron la experimentada mirada de Jean-Baptiste du Barry, aventurero notorio. Probada la niña en flor de incandescencias amatorias, enseguida la prostituyó y atinadamente publicitó sus excedentes hormonales a un lacayo del ardiente Luis XV en 1768.
Bastó un adecuado cotilleo para que la sulfurosa señorita entrara en cueros vivos en la Historia y alcoba versallesca de La Pompadour, caída del cartel por repentina defunción. Empero, entre bambalinas, quien manipulaba realmente el cotarro era Richelieu, preocupado en tumbar al molesto Choiseul, eterno adversario y ministro proaustríaco de Luis XV.
Jeanne, mudada a sensual espía cardenalesca, a toda liga y buen puerto llevó el arriesgado cometido, seducir al monarca y anular al sujeto. Año más tarde, el regio cincuentón, atrapado al anzuelo que hasta le enseñaba nuevos placeres, la unió cristianamente a Guillermo, hermano de Jean du Barry (ya casado), dotando la bella de dominios, renta mirífica y fondo de armario inagotable.
La nueva Comtesse pisó oficial y ruidosamente la Corte gala en abril de 1769, con inusitado boato, vestimenta suntuosa y joyas como retablos. Las exclusivas cimas del poder siendo muy codiciadas, la ambición rubia, para mantenerse en el puesto, cuidó astutamente de libido y estómago reales, añadiendo encargos especiales a la royale cesta de la compra. Así pululó la coliflor, supuestamente afrodisíaca y predilecta de "La Francia", moto que brindaba al anciano monarca, definitivamente agotado entre sudadas sabanas palaciegas.
El resultado reverdeció Luis y el favor de esa legumbre, introducida en Francia desde Italia y antaño so fashion a la Corte del Rey Sol, amen del sufrido jardinero De la Quintinie. Bajo el mando de Cupido y de la flamante aristócrata, el Bien Amado, fino gastrónomo y mejor cocinero, zampó bastante sopitas extrañas para incentivar sus alocadas noches y recauchutarse el maltrecho body real.
Con esos mimbres conoció su auge la coliflor, eclosionando en el Who’s Who hortícola veinte variedades galas inéditas y novedosas recetas inmortalizando el nombre de la imaginativa favorita.
Entre deleites de ambos tortolitos se encuentra esa delicada crema de coliflor y patatas, hecha en un santiamén lavando y cortando en ramitos una bella coliflor y en daditos dos regordetes patatas peladas. Depositar todo en una cacerola, cubrir con agua adicionada de avecrem, completar con 50 cl. de leche, cocer unos 30’.
Mixar, añadir unas gotitas de limón y nuez moscada rallada, 1 potito de nata espesa, espesar unos minutos a fuego moderado, salpimentar, verter en una sopera. Al servir, esparcir unas bellas hojitas de perejil, un poco de apio que dicen afrodisíaco y almendras laminadas que tampoco andan a la zaga.

una legumbre muy delicada
me apunto
A mi sobrino de un año le vuelve loco la coliflor, simplemente cocida con patata en dados y con un refrito de ajo y pimentos dulce, asi que probaremos tambien con esta receta.
me encanta tu receta es fácil no cocino muy bien gracias
muy sano
nunca se habla bastante de la coliflor
guapa señora
Bastante flatulenta la receta.....y si pensamos q en la corte de luis xv la gente no era muy amiga del agua y el jabón mmmmmmm!!!
tienes razón pero así comían en la época hay que ver la cantidad de platos que componía una comida impresionante
Pues a mi me sienta fatal! Me da unos gases....que no hay quien se me acerque.
me pasa lo mismo, pero es tn buena que de tanto en tanto la como
en suflé queda estupenda
con patatas hervidas, bacalo y ajo para mí
gratinada
Leva razon encarni, produce muchos gases y luego claro, una no puede salir a la calle porque asi cualquiera sale. Es una pena.