Ya llegó el frío con su carita de escarcha y empieza el largo sueño de Navidad. Papá Noel, al tanto de todos los pedidos, ya tiene fabricados y amontonados muchísimos regalos en su taller mágico, allá por el Círculo Ártico.
De hecho, si nos asomamos tras la ventana bien entrada la noche, podemos distinguir entre vahos su guiño sonriente reflejado la faz redonda de la luna, cuando alcanza su lleno.
Para acogerle en condiciones, será muy simpático tenerle preparado un té de navidad, que perfectamente se puede realizar en casa mezclando 100 gr. de una calidad negra con 1 cucharadita de canela en polvo y otra de 1 clavo de olor, ralladuras de limón y de naranja, cardamomo para especiar un poquito más.
Confeccionar diminutos paquetitos encerrando esa mezcla entre muselinas cerradas con cuerdecitas y colocadas en cajita de latón. Esa idea puede constituir también unos delicados regalitos para sorprender a la familia y acercar los niños al mundo maravilloso del té.
Para acompañar el brebaje calentito, unos deliciosos y divertidos bizcochos que se obtienen, mientras se calienta el horno cocinero a 180º, mezclando 200 gr de mantequilla con 100 de azúcar moreno, pizcas de canela en polvo y de sal, 3 huevos enteros, 1 cucharadita de miel, 100 gr. de harina fina y 50 de bicarbonato de soda. Verter en un cuenco, añadir 100 gr. de avellanas y nueces machacadas.

En la placa del horno, colocar papel alba sobre toda su superficie, depositar con dos cucharas unos montoncitos de la masa, respectando unos centímetros entre sí, repartir unas frutas escarchadas muy coloreadas encima, cocer a 180º unos 20-30’ y dejar enfriar.
En cajitas de latón se conservan perfectamente hasta la llegada de Papá Noel, que reconfortarán después de su largo recorrido alrededor del planeta, entre millones de chimeneas y heladas nubes.

simpático
a por esos bizcochos