“Nadie puede llegar a la cima armado sólo de talento. Dios lo da; el trabajo lo transforma en genio.” (AP) Rusia dio al mundo una cantidad ingente de genios y entre ellos, un 12 de febrero de 1881 en San Petersburgo, una niña diminuta, prematura y mísera, Anna Matveievna Pavlova, que curiosamente, sus hadas protectoras destinaron a una durísima escuela de voluntad, la Danza. Bien se sabe que, respecto a los genios, todo se mueve entre neblina e irrealidad. La historia de Anna no iba a ser una excepción.
Tesón excepcional, flexibilidad irrepetible, inédita elegancia gestual y pie de puente impresionante introdujeron tempranamente al jovencísimo fenómeno en el maravillado Teatro Mariinsky, cenit mundial de la Danse y cuna de los Ballets Russes. Su más fervoroso admirado no sería nada menos que Alejandro III, de oficio Zar Imperial y su pareja de dúos míticos, Vaslav Fomitch Nijinski, que es otro grado.Con esos mimbres encumbraron en 1906 Anna prima ballerina assolluta, quien, creando su propia compañía, paseó su arte exquisito mediante extenuantes giras planetarias ante 4000 ciudades hipnotizadas por tanta gracia poética única. Tales fueron su talento, inteligencia y carisma, que Mijail Mijailovich Fokin creó para ella el impactante solo del Cisne Muriente, extraído del Carnaval de los Animales de Camille Saint-Saëns.
A la protagonista le bastaron tres minutos de conmovedora interpretación inmaterial para inmortalizar en la retina del personal y anales de la Danza, su nívea aura tocada de plumas y envuelta en un delicado tutú de vaporosos encajes inmaculados y plateadas lentejuelas. Ese mismo que en su horrenda agonía y delirio reclamaría a su lado, cuando, como el cisne herido entregándose a la Muerte que tan miméticamente reprodujo, expiró en la Haya un 23 de enero de 1931, sucumbiendo a una pleuresía contraída en la Riviera Francesa que se empeñó en no cuidar.
En efecto, Anna, a la sazón en la cima de su carrera, tuvo que elegir entre seguir bailando y desaparecer, u operarse, lo que posiblemente dañaría pulmones, costillas e imposibilitando ciertos movimientos. Con su lema vital “bailo porque mi sangre lo hace en mis venas”, zanjó el cruel dilema y naturalmente se decantó para la primera opción. A resultas de su brutal salida escénica se produjeron dos reacciones: descomunal desolación entre sus fórofos y aberraciones entre adolescentes bailarines, quienes, en olas histéricas, pensaron que en un vengativo pas de deux en plan Divina de la Muerte, el alma desolada de la quintaesencia del ballet invadirían sus cuerpos, tal vampiro-cisne transmigrando del nebuloso Más Allá.
Para más inri, como Mellie Melba y sus melocotones helados, Anna también apareció entre fogones, concretamente del jefe de un hotel de Perth, quien inscribió al tea time un postre bastante etéreo para que un cliente entusiasmado lo considere “tan ligero como la Pavlova”.
Y así se adjudicaron la cosa reposteril los Australianos, cosa que a renglón seguido, levantó una polémica furiosa en Nueva Zelanda... hasta hoy encendida.
En efecto, parece que antes de la hazaña, ya se confeccionaba un pastel semejante en el Wellington de 1926 y otro hotel de las antípodas a la gloria (pero no al nombre) de la dama, a la sazón en tournée por esos lares.
La suculencia igualmente reposaba sobre un zócalo de crujiente merengue de corazón blando, napado de chantilly recién montada y salpicado de frutas estacionales.
En fin, sea de quien sea el copyright y el bendito cerebro de la delicia, se recomienda encarecidamente a golosos y gourmets.

Se hace comprando 2 grandes discos de merengue (o confeccionándoles mediante la receta indicada en http://blogs.hola.com//gustosreales/2007/07/meriendas_en_el_jardin_beberse_1.html)
Depositar una generosa capa de creme Chantilly, trocitos de frutas escarchadas o naturales, cubrir del segundo disco, repetir la operación y dejar enfriarse unas tres horas.
Muy apreciado para cumpleaños, barbacoas, celebraciones fashion, acompañado de cava bien fresco, punch o té ruso a secas.

qué dulce parece esa mujer
conocía la receta pero no la historia tan bonita
es uno de mis preferidos excelente para las fiestas gracias
los postres con merengue son muy refinados
ideal después de tanta comida
qué cosas se esconden tras un postre me encantó