Las ostras estadounidenses son famosísimas y más las de Louisiana, donde un restaurante de New Orleans, “Antoine’s”, fundado en 1840, realizaba una suculencia calienta con ese género.
Ya en el siglo XVI, los Indios de Charleston brindaron a unos exploradores españoles esas bivalvas asadas, que a todas luces, inspiraron los fogones decimonónicos de esos lares.
En fin, tan placentario resultó el invento al paladar de un entusiasmado cliente, quien saludándole al grito de “tan rico como Rockefeller”, inmortalizó la hazaña como clásico gastronómico entre anecdotario culinario norteamericano.
Para ocho estómagos hambrientos, hacerse con unos 40 moluscos, abrirles y disponerles sobre un lecho de sal gorda en un plato hondo para hornear.
Aparte, mixar dos cebollas blancas con 150 gr. de espinaca, 50 de perejil y ajo laminado. Verter la mezcla en un cuenco, añadir pan rallado, 1 gota de tabasco, lo mismo en salsa Worcester, estragón en polvo y 60 gr. de mantequilla sacada un rato antes de la nevera. Homogeneizar a fondo y a mano.
Cubrir las ostras de esa crema y cocer tranquilamente unos 10’ hasta que la mantequilla esté completamente derretida.
Acompañar de pan integral en lonchitas, enmantequilladas y sin costra. Descorchar su mejor champán y todo resultará genial.








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me encantan las ostras, conocía esa receta que es un gran clásico