New York forever: Cóctel Manhattan

manhattan-120707-01.jpgLos horrendos atentados sincronizados del 11-S sobre el alma herida de Manhattan dejaron incluso huella entre barras norteamericanas. 

Ahí los patrióticos bartenders, solidarios de victimas y familiares, les homenajean de su best way diariamente, desde aquella salvajada septembrina de 2001 que clavó al mundo en los garrotes del terror.

En ese contexto y primera plana de sus propuestas florece por tanto un certero cóctel, quien, según el cotilleo urbano, ya ejerció de emblemático mito patrio en el neoyorquino Manhattan Club de 1870. 

La  petición brotó de una impactante belleza y chispeante power woman de la high society imperante, Miss Jeannette (Jennie) Jerome, más tarde matrimoniando con Lord Randolph Churchill y por tanto, pariendo a Winston, futuro estadista pantagruélico de la blanca Albión.

El invento arrasó en 1876 y un esplendoroso sarao ofrecido a Samuel Jones Tilden, aspirante a first inquilino de la Casa Blanca.  Deslumbrante people-party y flashy mix se publicitaron tan frenéticamente que el personal restante quiso probarlo, refiriéndose como él “del Club Manhattan” de la isla homónima.

Así permaneció el short drink en anales del postinero golden age coctelero, tal rara avis consiguiendo maridar los incompatibles whisky-martini, lo que ya es un grado y audaz tour de force etílico. 

Preñado de boato biuti y aura del poder, la joyita colonizó masivamente expertos ciudadanos mixólogos sacrificando a Baco diariamente, verbigracia ejecutivos encumbrados, metrosexuales enrollados y potentados del borough (municipalidad) del casi insular Manhattan, universal símbolo del emporio norteamericano.

manhattan-120707-02.jpgCosmopolita y camaleónico, el brebaje incluso se hizo de cine bajo focos de duros durísimos, seductores engominados, mafiosos de raya diplomática y gatillo fácil pululando en el celuloide hollywoodense de los dancing  ’30. 

Confeccionar un Manhattan decente conlleva lo suyo, verbigracia sus reglas estrictas, escritas y siguientes: en un vaso graduado para mezclar (y no una coctelera), verter hielo hasta su 2/3 parte,  5 cl. de un gran whisky (rye, borbón), 3 cl. de vermut (martini, cinzano) y 1 raya de angostura bitter. 

Con una cuchara de mango largo, agitar (no girar, licuaría demasiado los cubitos helados y aguaría el resultado final) vigoroso y rápidamente de abajo hacia arriba y no el contrario, verter en un vaso Martini muy fresco (sin introducir hielo) donde se habrá depositado una cereza confitada en aguardiente o marachisno (sí se utiliza un vermut dulce) o una aceituna (con el seco).

¡No tan fácil, ni cómodo, así que ejerceros mucho para adquirir la pericia adecuada!

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Al Manhattan, como todo clásico absoluto, le salió por un vaso tubo un calvario de nutrida prole chapucera y algunas afortunadas variantes de brillante ímpetu latino, tales el Cuban Manhattan (con ron oscuro), Latin Manhattan (marachisno y ron blanco) o Rob Roy (con whisky escocés).

Con la palanca del turismo, la cosa atracó en el País del Sol Naciente, donde, meditando en zenitud y alcohol de arroz, parió un híbrido de melanina exótica y japonese touch, el Saké Manhattan.  ¡Arigato y happy hour to you, guys!

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5 comentarios

da ganas de probarlo

entiendo a los barmen

la historia de los alimentos es apasionante

uno de los más refrescantes

es uno de mis preferidos. Qué historia

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