Esplendor de la repostería francesa: Tarta Bourdaloue

                                   bourdaloue-270907-01.jpg                                 

Sea cual sea su variedad, esa jugosa fruta, una de las más sabrosas y genuina representación de la huerta otoñal, surte, aparte de múltiples fibras, tesoros minerales de potasio, magnesio, fósforo, calcio y hierro.  Además, digestiva y ostentando poco sodio, permite a los que siguen un régimen bajo en sal consumirla a gusto.

Es toda virtud, Dama Pera y así lo reza un sabio refrán francés confiando que “hay que guardar una para saciarse”, al cual se podría añadir “y para mantener el equilibrio”, dados sus sustanciales aportes en ácido fólico, sorbitol, pero también en caroteno y vitamina E, potentes antioxidantes.

En fin, esa salutífera fruta surte pocas calorías (50 por 100 gr.) y gran viajera, turisteó de su cuna asiática central hasta Europa occidental, que plagó tal Pulgarcito de semillas a granel.

El resultado, contabilizando dos mil variedades, le propinó de parte griega el piropo de “regalo celestial”, declinado por la mesa romana en tropeles de sabrosuras cocidas, crudas, asadas o secadas bajo aúreas caricias solares. En la actualidad, Italia es el país campeón de su producción (950.000 toneladas), delante de la cálida España (unas 600.000).

bourdaloue-270907-02.jpgFruta de todas las salsas más fashion y exóticas, su destino natural era hundirse a partir del siglo XV, entre las sombrías olas de un recién llegado vía las carabelas colombinas, el fiero cacao, que los golosos monjes cistercienses del Monasterio de Piedra de Nuévalos (Zaragoza española), transformaron en dulce chocolate.

La cosa inspiró el arte reporteril y nació, tan irresistible como él, la fabulosa tarta Bourdaloue, realizada precalentando el horno a 180º, mientras se dispone en un molde para tartas y de bordes altos 400 gr. de masa “sablé” descongelada y picada con un tenedor.

En un cuenco hondo, mixar 100 gr. de mantequilla fina a temperatura ambiente con igual cantidad de azúcar blanco y almendras en polvo, una pizca de sal, 3 cucharitas de ron moreno, vainilla líquida y 2 huevos, 2 cucharaditas de harina y 1 de nata espesa.

Verter la masa en el molde, disponer encima y armoniosamente unas 8 media peras en almíbar (u  8 naturales y muy maduras, peladas y despepitadas).

Cocer hasta que esté bien doradito, consumir tibio, rociando cada ración con chocolate fundido, del negro bien aromático y sabor fuerte. Con café o té, queda sublime. En amor y fresquita compañía de una copita de licor “Williamine” todavía más.

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5 comentarios

esa me la reservo ya para mí sola

pinta delicioso

viva el chocolate

soy adicta al cacao

buena combinación

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