El laurel délfico

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laurel-delfico-240907-01.jpgEse día, el querubín Eros amaneció con los tirabuzones de punta y se acostó igual de rabioso rememorando sus motivos. Eran las mofas insoportables del metrosexual Apolo, sobre sus fallidas habilidades de miniarquero celestial.

Al filo de la medianoche, insomne en su diminuto taller, el niño cocinó con mil amores e ingente cantidad de mala leche dos flechas chiquititas, ambas de plomo y debidamente hechizadas. Al alba, la primera alcanzó al dios solar y su embrujo le enamoró perdidamente de la ninfa Dafne. Disparando la segunda sobre la joven, la enemistó eternamente con ese sentimiento.

La contradicción desató un acoso morrocotudo entre matorrales y bosques, hasta que la bella, agotada, pida ayuda paterna al dios fluvial Peneo, quien la transformó ante su persecutor en el mediterráneo laurus nobilis. Por tanto ese árbol, siempre verde, simbolizó la inmortalidad adquirida mediante ingeniosa victoria y heroíca sabiduría.

Desolado y en su defecto, Apolo ciñó sus sienes divinas con sus hojas perfumadas, algo es algo en ese valle de lágrimas, contacto que le brindó parte de sus poderes adivinatorios. Por tanto el arbolito se plantó manu militari en Delfos, ciudad apoliniana por excelencia y por si acaso, lo imitaron vencedores olímpicos, intelectuales y mandamás triunfantes.

Ahí la inquietante Pitía, su cincuentona esposa espiritual eternamente virgen, mascó esas hojas amargas supuestamente favorecedoras de sibilinas profecías, que profería desde una sala especial o adyton, entre vapores de gas surgiendo de la Madre Tierra que a diario esnifaba.

El espectacular resultado era él de una estupefacta fémina de agitadas posaderas enroscadas sobre un elevado trípode, escupiendo entre trances histriónicos y toses repentinas, insólitas revelaciones en hexámetros griegos (poesía). El galimatías rugido se transmitía por escrito al asustado consultante, que solía despedirse bolsillo aligerado y más confuso que al llegar, ante tanto histérico griterío, tufos apestantes e incomprensible mensaje.

laurel-delfico-240907-02.jpgChina, al tanto del insólito asunto délfico, montó en su luna asiática un laurel de cosecha propia, al pie del cual la sesuda liebre sagrada sigue fabricando el elixir patrio de la Inmortalidad. Europa replicó con la palabra bachillerato derivando del latino bacca laureus, rama de laurel de bayas entregado a los doctos médicos al finalizar sus estudios.

El laurel contiene un aceite esencial antiviral y antiséptico, mano de santo sobre artritis o reuma. Ostenta extensos usos culinarios, resucitando cualquier carne sosita o legumbre aburrida.

Añadir una hojita suya en el agua de cocción de pasta, arroz o al vapor les confiere un aroma sorprendente, gotitas de su aceite en el agua del baño resulta una delicia y sus ramitas, usadas como brochetas para la barbacoa, otra forma divertida de perfumar los ingredientes y ser salsa de todas las fiestas.

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3 comentarios

vaya cosas de la antigüedad

existen dos variedades y una es venenosa

esa vez no pusiste ninguna receta

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