Uno de los manjares otoñales más apreciados por los niños son sin duda, las simpáticas castañas, quienes, saladas u azucaradas, resultan igual de sabrosas. Son compañeras de los sabores más lujosos, como langosta, venado o frutas exóticas.
Por su riqueza en vitaminas B, B1, B12, B16, C resulta una salutífera aliada para curar astenias, aparte de ostentar una composición cercana al trigo, con sus aportes en almidón, lípidos insaturados (por tanto ahuyentando el colesterol nefasto), glúcidos y sales minerales.
Los deportistas igualmente aprecian su saciante capacidad energética, unas 200 Kcal. por cien gramos y su abundancia en fibras, amiga del intestino perezoso.

Una exítosa receta reconstituyente es ese maravilloso crumble que se hace descongelando unas láminas de masa hojaldrada, que se picarán con un tenedor y hornearán unos 10’ a fuego suave.
Retirar, depositar en su fondo dos centímetros de crema de castaña azucarada y lo mismo en Nutella. Cubrir con un “desmigado” (crumble) realizado con 100 gr. de harina, 50 de azúcar blanco en polvo, igual cantidad de polvo de almendras y de mantequilla.
Cocer unos 10’-15’ a horno suave hasta obtención de una costra doradita, dejar entibiar, decorar profusamente con nata montada y cerezas confitadas. Degustar con té (desteinado para los niños) poco azucarado y muy abundante, el crumble soliendo provocar mucha sed. Ese, que es la bomba, sin duda más.
Muy adecuado para recuperar fuerzas, después de una tarde paseada entre bosques y caminos.

con nata me encanta la crema de castañas
la reservo esa receta para las bajas temperaturas