Acaba de salir un libro arropando las hazañas culinarias de las cinco heroínas de la famosísima serie televisiva (“La cuisine des Desesperate Housewives”, Christopher Styler y Scott S. Tobis, Albin Michel, ISBN 2226144315).
La cosa, naturalmente, se nutre del agitado perfil psicológico de esas sexy ladies aquejadas del complejo de Madame Bovary e instaladas en Wisteria Lane, más bien Histeria Lane, ficticiamente situada en la no menos imaginaria Fairview del ignoto Eagle State.
En abril de 2007, con 119 millones de televidentes escrutando los dimes y diretes de esas señoras de colagéno envidiable, IMC impecable y cómico-dramáticos quehaceres cotidianos, la obra se hizo con el codiciado título de serie mundialmente más vista, aparte de atesorar seis Grammy en el 2005.
El personaje de la bellísima Marcia Cross se lleva la palma de amantísima ama de casa, aparte de resultar el cordon bleu más pulcro, republicano y tradicional del barrio residencial donde pulula con su marido, comercial de detergente que la tiene harta y of course, bastante insatisfecha.
Entre dos crisis domésticas y desmadre de lencería fina, retoza por fin entre los tórridos brazos de un farmacéutico providencial, pule a conciencia sus cubiertos plateados, a deshora y estupefacta calza pamela de viuda y con el brushing siempre en su sitio, medita gravemente sobre las contrariedades de la life en su kitchen reluciente, sumida en la preparación de irreprochables muffins, cookies y emblemático osso bucco, que significa “hueso agujerado”.

Esa receta es un clásico milanés para fórofos de platos compuestos con ternera blanca. Apetitoso, apasionante, perfumado de toda la genialidad italiana, puede constituir una comida completa y resulta ideal para compartir en familia un buen momento gastronómico a coste moderado.
Por tanto y seis barbas, enharinar 2 kilos de jarretes de ternera sin deshuesar. Rebozarles en aceite y mantequilla en una olla grande. Cuando están bien doraditos, retirarles y apartarles.
Laminar 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 1 bella zanahoria y dorarles en la misma olla, añadir 1 lata grande y otra más pequeña de tomates triturados, 1 cucharita de concentrado de tomates, cocer tapado y a fuego lento.
Cuando todo está bien derretido, añadir 1 vaso de vino blanco de calidad, 1 hojita de laurel, otra de albahaca, 100 gr. de aceitunas verdes y otras cien de negras deshuesadas, 1 lata de champiñones de París laminados, la carne apartada, salpimentar con prudencia, tapar y dejar cocer a fuego mediano durante una hora aproximadamente.
El resultado se suele acompañar de arroz blanco o basmati. Con pasta fresca y parmeggiano reggiano, resulta inolvidable.
Además, el olor que invadirá su casa será maravilloso y un consejo es preparar el osso bucco la víspera, resultará al devorarle, más sabroso por más aterciopelado.
Un truco para perfumar todavía más ese manjar es añadir al agua de cocción del arroz, una larga cáscara de naranja.
Si vuestra agenda lo permite, intentarlo con tomates frescas, muy maduritas, peladas y despepitadas, quedará la obra gloriosa y Ud., como una reina.

me gusta la serie gracias por la receta
me chifla el osso buco
lo probé en roma es delicioso mejor hacerlo en gran cantidad
ese tipo de guiso es muy rico
los platos de cuchara son muy sanos