
Existen sabores tan incompatibles entre sí como cerveza, sidra y champán, que tampoco se contempla un cóctel suyo sin una mueca de asombro, asco o profunda duda hacia las infinitas osadías de un homo llamado sapiens.
Empero, ocurrió. Concretamente un plomizo 15 de diciembre de 1861 en la blanca Albión tendida de negros crespones, bajo los enlutados oropeles del London’s Brook’s Club, todo fue poco para conmemorar convenientemente el fallecimiento del Príncipe Alberto, consorte agotado de la fogosa y prolífica Gracious Queen abuela de Europa, Victoria I (nueve reales retoños).
En el luctuoso ambiente londinense, los solidarios clientes del pub rechazaron beber de las alegres burbujas achampanadas día después de una irreparable desaparición regia que devastaría hasta su propia muerte a su amada soberana. En el arrebato, conceptuaron a su modo, responso y pesáme cocteleros comulgando con camposanto y ciprés afligidos. En efecto, algo más triste, sombrío e impactante se necesitaba al menú alcohólico, en consonancia con el tremendo evento que hundía a monarca, alcoba royal, demografía patria y nación en general.
Por tanto, se reflejaron negra aflicción y dramón en un mix de cerveza oscura, de marca Guiness, combinado con las chispas doradas de un carísimo champagne francés. El apesadumbrado resultado llamado Black Velvet, de extraño sabor dulzón permitió al personal aguantar psicológicamente el melancólico episodio y seguir libando con un solidario Baco de riguroso luto compasivo y divino de la Muerte.
La fúnebre novedad alcanzó a duras penas la categoría de clásico en el who’s who coctelero, bastante gentlemen indignados considerando shocking, sacrilegio o simply patético ese vergonzoso maridaje proclamado aterciopelado, entre plebeya cerveza y aristocrático champán, pero en fin, ahí está aparatosa, la cosa inverosímil entre fluidos irreconciliables y desde luego, bastante difícil de realizar, a pesar de la simplicidad que ostenta.
El engendro se suele confeccionar directamente en el vaso, mezclando en dosis iguales y con suma delicadeza un excelente champán con una Guiness o stout irlandesa de alta calidad. Hubo quien, dentro de la humanidad compasiva ideó una variante para desheredados sociales de bolsillos precarios, el Poor’s Man Black Velvet, con adjunción de sidra en lugar del inalcanzable champán y todos tan contentos con el infame mejunje. Pensándolo bien, es una muestra suplementaria del ingenioso humor brit, versión negra of course.
Hombre, es que hay de todo en la vid imaginativa del Señor. En fin, black is black, ¡ánimo valientes! y toneladas de simpatía a los entusiastas del real y audaz experimento, que ya bastante les habremos avisado sobre la naturaleza del mismo.

muy divertido
qué cosas más raras hacen
no sé si me gustaría
un cóctel muy extraño
victoria estaba loca por su marido
agotó al tío
la stout es muy buena pero así...
vaya eso hay que inventarlo