
Para esa opulenta lady sentada rodeada de su familia, Elisabeth Pauline Ottilie Louise von Weid, ser una perfecta poetă, mumă si regină (poeta, madre y reina) nunca supuso conflicto alguno. Compaginó con sonriente soltura y suma elegancia su doble destino de Carmen Sylva brindado por esa joya de las artes, la Poesía y su título de reina de Rumania, tras el enlace en 1869 con Carol I, nacido Karl von Hohenzollern Sigmaringen.
Desde su nacimiento, un 29 de diciembre de 1843, la aristócrata prusiana destacó por una inesperada sensibilidad artística. Torbellino vital, muy teatrera, la paradoxal soberana, autoproclamada republicana, fue políglota aparte de sobresalir en piano, órgano, canto, pintura, cuentos e interpretación y dar forma literaria a las folklóricas leyendas de su nuevo país, obra traducida a nueve idiomas que coronó la Academia Francesa.
Feminista avant la lettre, abrió cultura y enseñanza superior a sus agradecidas súbditas y el palacio de Sinaía o “Perla de los Cárpatos”, a las celibrities galas de su tiempo, verbigracia Réjane, Sarah Bernhart, Leconte de Lisle y especialmente Pierre Loti, quien la idolatró. Fascinante, polifacética y asequible, superstar de su época, su llameante personalidad desató pasiones, ríos de tinta y flashes, eternizada en una mágica intimidad sepia reproducida en nuestra ilustración.
Ducha en tecnología de su tiempo, Carmen-Elisabeth se prendió de un tren fantástico, cuyos lujos asiáticos despertaron su lado más soñador: el Orient-Express.
Esa moderna maravilla sobre raíles, cruzando velozmente siete fronteras pertrechada de mil comodidades entre confines más inhóspitos, constituía, para la sociedad fashion imperante, el must del chic enrollado, con sus compartimentos de ensueño donde cupieron, en varios idiomas, todos los romances, asesinos y espías del mundo mundial.
Por tanto la real escritora esperó expectante el 4 de octubre de 1883, fecha inaugurando su primer recorrido europeo uniendo el Gai París a Rumania mediante dos frenadas patrias, Giurgi y Bucarest. Astuta, les aprovechó para publicitar los encantos rumanos, empezando por el admirable Castelul Peleş, cuyos regios esplendores románticos abrió a los sofisticados viajeros del primero tour ferroviario europeo.
Sabiendo que de sus compartimentos emanaba ya un fuerte aroma a té, la estudiosa de la cosa amoldó a su hora una party musicoliteraria animada de plateados vals de samovares humeantes y avalanchas de sabrosa gastronomía nacional, devorados por la beautiful elite turística encantada del novedoso happening cultureta de alta alcurnia.
Como broche de oro a esa emocionante tarde histórica, la reina mítica declamó y brilló como la artista excepcional que a la sazón era, entusiasmando sus riquísimos convites con su soberana proximidad y una ambarina infusión que impregnaría toda una literatura ferroviaria capitaneada por otra turista ilustre, Agatha Christie.
El bombazo social provocó un magno efecto llamada y despegó la leyenda del Orient-Express, tren de reyes y reyes de los trenes, sucesión de gabinetes móviles decorados por Lalique, rutilantes salones particulares, efluvios de grandes perfumes y gastronomía exquisita. Lo todo, camino del otro Oriente misterioso, mecido por enigmáticas volutas teíferas, ahora reales, mediante voluntad y gracia de una majestad rumana, literata, comediante y tragediante para más ínri.
La regia iniciativa atrajo el esnobismo de unos despreocupados ociosos, hambrientos de confinarse en un hermetismo propenso a líos amorosos, peligros reales y ficticios asesinatos. Encantos indelebles que felizmente, el mágico Orient-Express todavía conserva y que la vanguardista Madame Carmen-Elizabeth a peculiar manera, promovió y promocionó.







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
no conocía a ese personaje qué interesante
la foto es preciosa y la historia muy interesante
la entiendo, Rumania es un país con mcuhos encantos
ese tren es mi sueño pero tan caro!
en el orient-express se firmó la rendición de alemania
es un tren de lujo total
daría lo que fuese para viajar en ese tren
adoro a la chritie
me hubiera gustado vivir ese té real con la señora esa tan divertida