¿Qué recordarán las frutas rojas para hechizarnos tanto? La favorita de nuestra rúbrica, María Antonieta, responde para nosotros: la niñez. Otra vez una rosacéa, mudada a fruta olorosa, nos devuelve a esa tierna etapa y proustiana experiencia.
La reina cultivó frambuesas en su dominio del Petit Trianón, exquisito reflejo de su nato refinamiento, sencillos gustos existenciales y fugaz felicidad. Después de penosos años arrancándose por pataletas en el codificado Versalles, alimentó su real rebeldía con románticas lecturas rousseaunianas y cotidianas nostalgias del verde Schönnbrunn infantil.
Así "l'Antoine" urdió un plan de independencia bucólica, encontrada a quince minutos escasos de las ostentaciones palaciegas. Al poco de ocupar en 1774 el vacilante trono galo, su finalmente comprensivo marido le regaló una libertad condicionada en forma de llave incrustada de 531 diamantes, clave con la cual emigró sine die al mágico retiro campestre, redecorado a su gusto por el arquitecto Richard Mique.
Del personalísimo criterio de la soberana nació el delicado estilo María Antonieta. Côté jardin, en su preferido concebido “a la inglesa”, verbigracia libre recreación de Dama Naturaleza, recogía bajo nubes peregrinas y en familia fresas, moras y frambuesas escondidas como rojas alhajas entre flores y esmeralda hierba alta, tal como lo hacía en su amada Austria.
A la hora deliciosa del goûter (merienda) en la impoluta laiterie de propreté, se distribuía, todavía brillante de rocío matutino, el precioso botín en inmaculada porcelana helenística, entre bandejas de postres, quesos, nata y mantequilla obsequios de Blanchette y Lison, vacas reales del diminuto Petit Trianón.
Alrededor de blancas mesas marmóreas llevando su sello, en un entorno feérico, Madame Luis XVI, de vaporoso lino blanco vestida y coronada de flores campestres, degustaba con los reales infantes las primorosas frambuesas, hundidas en una suntuosa crema descubierta por Vatel en Maincy, llamada “Chantilly”, localidad donde el ancestro Luis XIV la probó y aprobó, durante un mítico festín celebrado en su honor y 1661.
Con tantos entusiasmos consumía esa peludita fruta color pasión en forma de fragante corazón, un pelín acidulado, que sus complacidos reposteros inventaron un recetario al respeto, plagando merengues, viennoiseries, tartas, bizcochos, panecillos con coulis, mus o mermelada de su predilecta. Además, los modernos anhelos de la reina en materia de cocina aligerada, despojada de caza grasienta y pesadas viandas borbónicas, así como su medido apetito, igualmente modificaron la anticuada cocina francesa dieciochesca.
A su fresca mesa florida excluyó la gula imperante y privilegiando la degustación en pequeñas raciones, alumbró otro concepto novedoso, la delectación. Gustativamente considerado, el regio menú revisado devino coloreado y sano, pero también, calco de una excelsa cocina de autor tan apreciada hoy día. Desgraciadamente, a la sazón resultó un escándalo socionacional, asícomo un pretexto de críticas suplementarias a la detestada inquilina del maravilloso Petit Trianon.
Mientras, en esa exquisita búrbuja de tiempo y para satisfacer su bermeja predilección estival, se crearon unos rosados macarons aframbuesados, deleite de ojos y papillas, se deslizaron las frutitas en su copa de champagne y platito acompañando su matutino chocolate de ámbar gris, violeta o triple vainilla.
Muchos de esos rosados postres se pueden admirar en la bellísima película de Sofía Coppola, "María Antonieta". Desde 1783, escoltada de esa dulzura vital despojada de etiqueta, casi reconciliada con su doloroso destino, vivió en el Petit Trianon un paréntesis intímo preservado y opacidad cómoda, intentando parar el reloj de un destino cuyo final trágico ya intuía.
Acertó: tiempo e inquina sólo le concedieron dos lustros suplementarios de existencia, antes que su cabeza rodase bajo la afilada guillotina revolucionaria, el 16 de octubre de 1793, después de un pleito infame.

visité Trianón y es tal cual lo pintas.
también me gustó la película de la Copola
qué bella era
entiendo a María Antonieta, a mí también me encanta esa fruta
tartitas de frambuesas con crema inglesa mis preferidas
los frutos rojos están divinos y mejor aún en postres
pues los pongo por todas partes, quesos, ensaladas, fiambres. tenía mucho gusto la reina
intentar con hígado de ternera en reducción
en batidos y con un helado del mismo sabor