El mercurio aprieta y una de las rehidratraciones expres es ese mix llamado Bimarros, que encantará a los fórofos cerveceros.
Se realiza mezclando:
¼ de litro de jarabe de fresa y lo mismo en zumo de limón, 2 rayas de jarabe de jengibre y completando con cerveza rubia muy fresquita.
Hace más de 4.000 años, pan y cerveza tienen idéntico antepasado y nacieron de la misma cuna original.
En efecto, los primeros panes eran papillas de cereales, hinchadas por fermentos desconocidos que pensaron venidos de un cosmos ajeno. La cosa contribuyó a la veneración secular de esa necesidad entonces básica.
Dicha contaminación por levaduras de esa misma papilla llevó a la fermentación alcohólica y por tanto, antaño, a menudo, el pan consistió en una cerveza comestible y la bebida, en un pan bebible.
El vino, escaso y caro era disfrute real, pero muchos aristócratas no desdeñaban el sabor cervecero tan refrescante y surtían sus bodegas con las más afamadas.
Por consiguiente, en el Medioevo, aseguró la supervivencia de las clases más desfavorecidas, surtiendo a granel calorías y proteínas baratas a los trabajadores, que llegaban a ingerir seis litros diarios.
Una idea de aperitivo, para acompañar la más bella rubia veraniega: bruschetta de jamón, tomate y mozzarella.
Tostar unas lonchitas de pan de campaña, pintarlas con una mezcla de aceite-vinagre-ajo, depositar un poco de jamón serrano, tomate en aceite, hojitas de rúcula, trocitos de mozzarella y servir enseguida.
¡Buen provecho!

tanta cerveza al dia es una barbaridad
incluso la mezclan con menta resulta increible
yo no paso de una buena cerveza cada tarde es muy relajante