Cócteles de cine: la Dama de las cámaras

garbo-23-0707-01.jpgSoy un “hombre” solitario girando alrededor de la Tierra (GG)

Fue el rostro del  difunto siglo XX, cuya perfección andrógena sumó en tal decúbito supino al respetable que se verificó la hazaña mediante el número áureo o de divina proporción. Fascinado, el expeditivo Guinness homologó su dueña como “la mujer más bella que jamás haya existido”, paradigma que sus genuflexos fórofos agradecieron directamente al sumo matemático Dios Padre, quien la hizo divina desde su cuna polar.

Curiosamente, el olimpo de la fama terráquea encumbraría ese esplendor jamais vu con dicho moto, también titular de una de sus pelís.

Así nació predestinada Madame Garbo para una vida de cine, cuyo personalísimo guión escribió Hollywood a su ambivalente medida desde 1925. El milagro Greta Lovisa Gustaffsson nació entre fríos suecos de 1905, donce creció meláncolica, lívida, altísima, regordete y hormonalmente dual.

Llamada por el rugido de la MGM leonina, la maciza valkiria nívea adelgazó silente bajo spots californianos y a granel para enfundarse en su fashion macrovestidor gay. Así, entre ceñidos fourreaux pailletés de sirena y deshabillés lenceros, también  colgó ambiguos tiernos masculinos, consiguiendo elaborar, con estudiada sobrecarga morbosa, su misterioso personaje de ambivalente esfinge escandinava.

garbo-23-0707-02.jpgFlemática pero determinada, la Divina consiguió, a pesar de la plomiza censura imperante, vivir libremente sus amores eclécticos o prohibidos, como la pasión furtiva de unas ángelicas piernas perfectas llamadas Dietrich y fue de las pocas mudas que supo reciclarse exitosamente, seduciendo al personal con ambigua voz sensual en el novedoso celuloide parlante.

Cuidadosamente inalcanzable, el fenómeno se declaró “hecho para la soledad”, pero bajo su helado ADN nórdico seguía arrasando el sulfuroso fuego bisexual. Fue justamente entre los brazos gay del rendido retratista mundano Cecil Beaton, quien con poética razón la vio “bella como una aurora boreal”, donde se refugió compungida a resultas de su personal annus horribilis de 1941 y de la pérdida de su capital más preciado, la frágil hermosura.

El dramón ocurrió haciendo shopping del caro por la Quinta Avenida neoyorquina, al colocarse un polvo en su ojo divino y en plena luz matutina, despojada de trucos, focos medidos y maquillaje, el espejo le reflejó un desconocido ser ya senecto, revulsivo mayúsculo que la retiró sine die del mundanal ruido y de todas las camelias de la gloria.

El humillado ídolo herido tenía 38 años, un inescrutable aura de diva doliente y no ocupaba ningún lugar especial en el universo según su propia confesión. El oprobioso fracaso de su última película (31 en total), “La Mujer de las dos caras”, la ayudó a ahondar en dicho propósito. Por tanto Greta colocó corriendo al juvenil mito Garbo en el Hall of Fame y carente del contemporáneo botox y demás Chams providenciales, como Lenin momificado encaramó su perpetua belleza ficticia a la eternidad.  Con esos mimbres pasó de exponerse apolillada, peinando zafias canas o exhibir una indecorosa decadencia arrugada a las fanáticas pupilas ajenas que extasiaba entre salas oscuras.

Para la hierática dama de las cámaras empezó una vida huidiza que quiso anónima y sus tenaces feligreses el contrario. Tal llanera solitaria, tocada de horrendas gorras para despistar al tozudo personal, pertrechada de desmedidas gafas oscuras y vestidos XXL, emprendió una deprimente vía crucis de looks desastrosos, puertas secretas y destinos inciertos, suerte de doloroso Sunset Boulevard que la llevó hasta una ciudad tan eterna como lo sería su mismidad, Roma. Más black movie y melodramático, imposible.

Ahí encontró al chic Cecil y desprendiéndose de disfraz y secretismos, aprendió un rato a ser feliz concediendo incluso unas poses al maestro, por tanto al mundo mundial. El resultado desveló las incipientes nieves del tiempo invadiendo sus singulares facciones de conmovedora belleza casi masculina, aureoladas de fiereza inaudita y desafiante mirada transparente. Después, los demás clichés capturando su crepuscular singladura errática serían robados y muy a su pesar, de brutal interés mediático.

garbo-23-0707-03.jpgJusto antes de la famosa espantá, en su primera sophisticated comedy y penúltima aparición, la “fundadora de un orden religioso llamado cine”, dixit Fellini, sucumbiendo a las lujosas efervescencias del Champagne, consiguió echar unas roncas risas casi humanas y hasta prendarse ficticiamente de un decadente conde capitalista. La cosa era Ninotchka y el argumento una visión-revisión ácida del supuesto edén comunista-estalinista observado desde el ojo clínico-irónico de Lubitsch.

La destornillante sátira sobre soviéticos hoz y martillo paradisíacos inspiró hasta las barras y se licuó en un mix homónimo, ambivalente como la diva ya inmortal y auto alejada de la terráquea corrupción temporal, con un gangoso “I just want to be alone” perentorio (entender que la dejen de una vez ya tranquilla).  Hasta hoy, nadie lo consintió y para muestra viviente, modernos clubs de fans, webs y servidora mitomana adorando su intacta leyenda del fabuloso golden age hollywoodense.

Existe otra versión de la creación, rusa para más inri, que otro día os contaré. Ese cóctel dulce, fuerte y sutil se hace directamente en un vaso vintage, depositando muy poco hielo picado (no debe aguarse el resultado) y vertiendo 6cl de vodka, 2 de kahlúa (o Tía María en su defecto); y una cereza confitada para el decorado fashion. Efecto garantizado sobre moral y libido decaídos. ¡Muchos cheers!

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6 comentarios

me encanta ese relato

de cine la historia

ese mujer era muy misteriosa

fue una precursora

que vida

era vegetariana

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