“Escama por escama desvestimos la delicia y comemos la pacífica pasta de su corazón verde” (Neruda)
Otra de Júpiter y el sexo. Consumida desde la Antigüedad, la alcachofa nació de un enfado monumental del obseso olímpico, cuyos encantos maduros no emocionaron a una atractiva joven de Zinara de cabellos plateados.
Despechado, transformó a la bella en marciales hileras de un vegetal armado, amargo, escamoso y espinoso. Sólo un tierno corazón color ceniza recordó a la pálida melena de la rebelde y muerta muchacha. Remató obra y venganza llamándola Cynara scolymus y la reservó a la alimentación de los .... asnos.
Así fueron las cosas para la sufrida prima hermana del cardo, hasta que la reina Catalina de Médici, como buena florentina, al casarse con Enrique II de Francia en 1533, llevó en su ajuar el "articcioco" lombardo y al menú real ese comestible caparazón de guerrera, del cual era gran consumidora. Haciéndolo topó con Iglesia y Medicina, que censuraban a la pobre alcachofa por afrodisíaca y "cuya ingesta podría gravemente dañar al espíritu" (sic).
Sin inmutarse, la dama continuó degustando-indigestándose con sus reales “betilles”, diminutos patés en croûte repletos de corazones de libidinosas alcachofas, crestas y riñones de gallo joven.
Luis XIV, considerando un must la sabrosa hortaliza, la invitó mucho a su regia mesa, mientras la cultivaba en su Huerto Real versallesco, in person y en cinco variedades: blanca, verde, violeta, roja y azucarada de Génova. Fue uno de los primores más destacados de la revuelta culinaria del Rey Sol, la famosa nouvelle cuisine. Empero, rebuscada por sus pretendidas virtudes estimulantes o perseguida por absurdos detractores, la alcachofa continuó mentalmente confusa, socialmente vilipendiada o laureada, en fin, un lío total.
Efectivamente, en el siglo XVII, no se habla más de fondos de alcachofas, sino directamente de... culos, que muchos listos experimentados recomiendan consumir a granel para recalentar los desanimados viejos matrimonios. Furetière, indignado, en su “Román burgués» (1666) trata de "erotómanas poseídas y mujeres perdidas" a las incautas jovencitas devoradoras de fálico espárrago y corrupta alcachofa fomentadora de múltiples cópulas. Del sexo opuesto zampándose igualmente la maligna verdurita, naturalmente ni mísera mención.
En fin, penoso debió de ser alcachofa hasta el siglo XIX, cuando un buen día, despojada de absurda mala fama y desproporcionadas alabanzas, la reconocieron riquísima en fibras, proteínas, potasio, magnesio, vitaminas y alimento-delgadez por excelencia (100 gr.: 37kcal y 0,1 gr. de lípidos).
Su famoso principio amargo o cinarina, barriendo las toxinas orgánicas, beneficia hígado y vesícula, depurando profundamente el organismo. Deliciosa al vapor, exquisita con bechamel y maravillosa al horno, rellena resulta finísima, comprobadlo en sólo 20’ de preparación y 30 de cocción:
Blogapetito. 8 grandes alcachofas, 100 gr. jamón de pavo picado, 100 gr. queso ricota o mozzarella, 1 cebolla rehogada, 1 huevo, 1 diente de ajo, 1 poco de perejil, 1 poco de tomate concentrado, aceite de oliva, tomillo, sal, pimienta. En el plato de hornear, un poco de salsa de tomate ya preparada y su hoja de laurel.
Despojar las alcachofas de sus primeras hojas duras, cortar las demás arriba del corazón, arrancar las del centro para quitar el heno. Así se formará un hueco que se rellenará. Depositarlas en un cuenco de agua fría, rociar con limón para evitar la oxidación, retirar, cocer 15’ en agua caliente o al vapor, apartar.
Mezclar todos los ingredientes, salpimentar a gusto, rellenar las alcachofas hervidas, depositarlas en un plato para hornear conteniendo ya la salsa de tomate, rociarlas de un poco de aceite. Cocer 20/30’ a fuego suave. Mientras, lectura recomendada: la hermosa "Oda a la Alcachofa" de Pablo Neruda. Vinos: rosados y blancos afrutados serán bienvenidos.

Me encanta enterarme de estas historias.
Buenísima tu receta.
blog útil e inteligente
las alcachofas son muy saludables