F
rancia, noroeste de Nancy (Lorena), 1737. Esa fría noche, Stanislas Leszczyński, rey polaco dos veces destronado, desgranaba su melancolía en su vitalicio destierro de cuatro estrellas, el petit Versalles local o Castillo de Lunéville. Reanudando con vida real y ocio a granel, aunque con poder limitado, el último Duque de Lorena y Bar decidió, por tanto, ejercer de megamecenas cultural, dotando a Nancy de un vanguardista rostro solidario mediante bibliotecas públicas, academias, escuelas, hospitales y graneros colectivos. Además, considerando que los "golosos unidos jamás serán vencidos", sacó a relucir su simpática faceta de gastro sapiens, haciendo de la embellecida ciudad un nuevo feudo gastronómico europeo.
Pero esa noche, ansiando un dulce patrio, Stanislas deprimido pidió a Nicolás Stöhrer, compañero de exilio y jefe repostero, de animar el abstemio kougelhopf con vino malagueño. Creatividad en ristre, Nicolás empapó el bollo de alegre oloroso, alisó su áspera superficie de mermelada de albaricoque, la aromatizó de rojas briznas de azafrán español y circundó la obra de generosidades cremosas. Presentó el ambarino resultado llameante, adornado de relucientes uvas frescas y sabrosas pasas. Ese fastuoso encaje comestible, de dulzura y fuerza mezcladas, reconfortó al rey reciclado que enseguida lo consideró el milagroso sésamo que jubiló sus penas. Además, las turquerías estando en boga y Las mil y una noches su lectura predilecta, la novedad bautizada Ali Baba se incorporó a su dieta cotidiana.
Nápoles, presa de un extraño complejo de Estocolmo, reivindicó su creación; salpicado de canela es típico postre alcarreño, el verano lo adorna de refrescantes macedonias frutales naturales y el resto del año se queda como es, grandioso.
En fin, el aéreo baba es un invento realmente diez, visualmente impactante y, a la hora de los postres, derrocha optimismo sobre el mantel. Así lo corrobora una rutilante creación salida de las manos de ese Ángel, jefe de obradores del madrileño Embassy (Paseo de la Castellana, 12, 91 435 94 80), templo del bizcocho borracho por antonomasia. Como una imagen vale mil palabras, disfrútela en toda su apetitoso esplendor, sin olvidaros de dar igualmente las gracias a su Majestad Stanislas.







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
¡Qué pinta más deliciosa tiene este postre! Tiene una presentación exquisita. La verdad es que estoy segura de que sabe incluso mejor de lo que parece. Es curioso cómo la repostería también se disputa el primer puesto y la autoría. Me ha gustado mucho leer esta entrada porque parece como si leyera un cuento. Además, me ha hecho pensar que en la mayoría de los postres ha tenido una gran importancia la materia prima española.
Sí tiene una pinta buenísima. No sabía que desde Francia hubieran inventado un postre con la ayuda de ingredientes españoles, para que luego se crean los mejores cocineros de Europa. En España también hay una cocina muy buena, lo que pasa es que la gente no suele apreciar lo propio, y menos ahora que triunfa la comida basura. Es una lástima.
Con lo que a mí me gusta comer y veo esa foto tan bien puesta, ¿retocarán también los postres, además de a las personas? La verdad es que me gusta mucho entrar en este blog porque descubro no sólo la historia culinaria europea, sino postres nuevos que a lo mejor no había visto antes o que no me había fijado. Lo malo es que todos los que veo me gustan, y al final acabaré ganando unos kilitos de más...
Aunque no me suelen gustar los postres borrachos, este tiene muy buena pinta. Creo que es peligroso para mí leer este blog porque siempre que entro veo un postre cada vez mejor que el anterior, al final, como a Concha, me van a venir unos kilos inoportunos (y ahora, una época en la que casi no se come...)
pues es así y me fui a tomarlo el sitio es muy bueno y aurelia lo describe a la perfección