Horas antes del “Bal des Débutantes” estaba atacada de los nervios. No había podido dormir en toda la noche, ni contando ovejitas, ni contando 2.55 de Chanel en negro ni nada de nothing. Tenía un problema encima que podría desencadenar una crisis semejante a la de Venezuela-España, y ademore unas ganas terribles de decir a más de un estilista aquello de: “te quieres callar” pero acompañado de un “coño”, te quieres callar coño.
Pues sí, desde mi llegada a París en tiempo record, otras historias me tenían atada a Madrid, me pasé las horas, los minutos, los segundos y los nanosegundos (sean lo que sean) hablando por teléfono y desfilando de Maison a Maison tratando con Jefes de Prensa y RRPP. Y eso, os prometo, puede ser muy duro psicológicamente.
Me habían fichado para cubrir el Bal des Débutantes con mini entrevista incluida a modo de It Girl española, sólo los Ruiz-de la Prada, Inés Sastre et moi éramos la avanzadilla spanish. Vamos que querían que opinara sobre el atuendo de Cósima Ramírez de la Prada. Por eso la revista para la que colaboro se había puesto en contacto con algunas casas de moda de París para que me vistieran para el evento. Tras caminar, sonreír, besar, sonreír, besar…¿he dicho sonreír y besar?, me marché al hotel con la promesa de que en esa misma tarde tendría algunos de los vestidos más exclusivos del fashion system para el baile en el Hotel Crillon.
Pero toda la verdad fue que llegaron una decena de vestidos indecentemente futuristas sólo aptos para mujeres como las hermanas Olsen o la presunta estilista de Supermodelo 2007, Cristina Rodríguez. ¿De verdad nadie entiende que una chica normal, pero nada corriente, necesita un vestido divino y no un experimento transgénico-fashion?.
Recibí un Chanel negro cuajado de encajes, volantes, plumas, mangas farol ¿Karl, cielo, tu sabes que te i love ´u, pero no tenías más cosas que ponerle al dichoso vestido?, el Givenchy por su parte era un mix entre Mad Max y La viuda negra, por no hablar del vestido nube de Dolce and Gabbana que me hacía parecer la hermana pobre de muñequito de Michelín o el vestido “pájaro deconstruido” de Nicolás Ghesquiere para Nina Ricci.
Ahora podréis entender mi estado de desesperación, cómo podía competir con esas bellezas de 18 años, vestidas con los trajes más fascinantes de la Alta Costura. De modo que como mujer prevenida vale por dos o tres, saqué de mi troley el vestido-batín en raso escarlata con aplicaciones de flores de Lydia Delgado (gracias, gracias y gracias Lydia) y opté por un estilismo de femme fatale. Melena suelta, uñas en rojo intenso casi negro, ojos fummé, Louboutins y cartera de Judith Leiber.
De este modo me presenté ante la sociedad francesa y me sentí casi tan guapa como las 23 nuevas debutantes que coparon la pista de baile del Crillon escoltadas por sus cavaliers, que en general eran mortalmente feos a la par que aburridos. Entre los apellidos ilustres no faltaban los socorridos Mountbatten y Kennedy, diminutas condesas italianas, rutilantes aristócratas polacas, estrellas del pop y hasta descendientes directas de Pele, sí, no es un error tipográfico, es tal y como suena.
El ambiente eras absolutamente minimal para lo que esperaba. Las escaleras por las que descendían las chicas estaba decorada con la alfombra roja y una boa de laurel y rosas (rosas y rojas con pétalos sobre el suelo). Decenas de mesas vestidas de blanco, rodeadas de sillas doradas. Sobre las mesas sólo altos candelabros con velas y pétalos de rosas esparcidos. Las mesas eran de entre seis y ocho invitados. Muy íntimo y familiar….
Pero no os entretengo más y voy a lo verdaderamente importante, las chicas y sus estilismos.
Kathleen Kennedy, nieta de Bobby Kennedy era una de las pocas que no llevaba couture francés. Se decantó por un vestido de gasa, palabra de honor en un tono cobrizo que la hacía parecer notablemente más delgada de lo que es. El vestido estaba firmado por J. Mendel.
Lily Collins, hija de Phil Collins era la invitada estrella del Teen Vogue, ella sería la reportera especial de la revista. Para ello, la Maison Chanel creó exclusivamente un vestido inspirado en los lirios silvestres, como su nombre. Sencillamente si se ponen a ser más ñoños no lo superan. Nada que ver con aquella chica que desfiló en el Salón Gaudí hace unos años, ¡lo que es la vida!.
Cósima Ruíz de la Prada. Me dejó absolutamente fascinada, lo reconozco ampliamente. Increíble en el vestido de Lacroix Couture, parecía una Alicia en el País de las Maravillas. Me confieso super fan de ella desde ya. Mucho se ha comentado sobre el cavalier secreto de Cósima, yo os lo puedo decir: Octavian Donnelly, un adinerado estudiante de Eaton.- Reika Miyazaki, llevaba un vestido de Carven alta costura.
Gemima McMahon, llevaba un vestido gris humo de inspiración imperio de Elie Saab.
Alexanda Colasinski, un Vionnet en rojo intenso adecuado para una treintañera pero infame sobre su percha.- La condesa Anna de Pahlen enfundada en un níveo Versace. Su hermano Earl fue el cavalier de Katheleen Kennedy.
- Olivia Pei con un vestido de la diseñadora china Cho Cheing. Era como uno de esos vestidos para la gala de Miss Universo, escote corazón, amplia cola y algunos bordados dorados. Nada nuevo en el mundo de la moda.
- Marie-Solene d´Harcourt vestida por Stephane Saunier.
Lady Tatiana Mountbatten de Christian Dior, ese mismo vestido ha sido portada de Telva el mes pasado.- María Abou Nader, llevaba un vestido coraza de George Chakra.
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María Teresa Frering, llevaba un vestido rosa chicle de Valentino de desprendimiento de retina. Era sin duda alguna la mujer más sexy que pisó el Crillón. - Anna Wallenverb, con otro modo de llevar el rosa, pero en esta ocasión by Ben de Lisi.
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Rebecca von Meister en un vestido lila increible de Gaultier Couture. -
Lily Mortimer en un nada favorecedor Oscar de la Renta. -
Josephine Bradley en Givenchy couture white. Ella era el vivo ejemplo de como un vestido espectacular puede hacer de una chica fea una mujer interesante. - Tara Suite en un maravilloso Ángel Sánchez de color violeta.
- Judith de Warren con un complicado Stephane Rolland couture.
- Tansy Aspinal con un Vivien Westwood ultra exclusivo.
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Las gemelas Misiurewicz (Rozanna y Weronika), con vestidos idénticos pero en colores distintos de Dominique Sirop. - Louise Hayat con un sencillo vestido bicolor de Lanvin.
- Breatrice Brandlee by Carolina Herrera. Con el cavalier más sexy de todos Edouardo Grassi.
De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Rozanna y Weronika Misiurewicz vestidas por Dominique Sirop, Gemima McMahon de Elie Saab, Cósima Ruíz de la Prada de Christian Lacroix, Olivia Pei by Cho Cheng y Reika Miyazaki de Carven Alta Costura.
Desde el fondo, de arriba a abajo y de izquierda a derecha: Una de las Gemelas Misiurewicz (Dominic Sirop), Breatrice Brandlee (Carolina Herrera), Louise Hayat (Lanvin), condesa Anna de Pahlen (Versace), Tara Suite (Ángel Sánchez), Kathleen Kennedy (J. Mendel), Alexanda Colasinski (Vionnet), Cósima Ruíz de la Prada (Lacroix), Tansy Aspinal (Vivien Westwood), Rebecca von Meister (Gaultier Couture), Lily Collins (Chanel) y la espectacular María Teresa Frering(Valentino Couture).
De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Olivia Pei (Cho Cheing), Lady Tatiana Mountbatten (Christian Dior), Lily Collins (Chanel) y Kathleen Kennedy (J.Mendel).
Entre los invitados cabría destacar a la pareja formada por Pedro J. con pajarita azul eléctrico y Ágata Ruiz de la Prada con uno de sus diseños a rayas verdes y rojas (zapatos naranja y tacón a rayas negras y blancas, lo juro por mi 2.55 de Chanel rosa) y el collar lunas y corazones. Su hijo Tristán estaba acompañado por su novia Valeria Aresti.
Inés Sastre, espectacular vestida por Valentino o Phil Collins y su esposa, que estaban sentados en la misma mesa que los Ruiz-de la Prada.
Espero no haberos aburrido con la crónica, besitos aéreos: muack muack.
P.D.: Como del baile apenas hay photos os pongo los vestidos que llevaron.
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