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Novedades en la categoría tradiciones

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¿Quién dijo que el arte de la cocina es cosa de dos?

Si no lo dijo alguien más o menos conocido, lo digo yo ahora a la vista de esta improvisada receta caliente de Chocolate con churros que reproduzco directamente de la entrevista que le hace Isabel Preysler a George Clooney en el último ¡HOLA!

Para ponernos en situación, justo después de hablar del dolor de cumplir años, Isabel descubre la pasión compartida por los churros cuando George recuerda sus hazañas nocturnas en Madrid y Puerto Banús...

-       ¿Has visto cómo están las calles a las tres de madrugada?

-       Lo sé. Y luego salíamos, nos íbamos de allí al amanecer y nos tomábamos esas cosas con chocolate espeso, ¿cómo se llaman?

-       Churros con chocolate.

-       ¡Churros! Y nos bebíamos aquello y nos lo comíamos. Me encantaba, me encantaba.

-       Sí, pero con el chocolate muy espeso. Metes el churo y se queda de pie.

-       ¡Eso, se quedan de pie! Era estupendo....

 

¿Quién dijo el agua clara y el chocolate espeso?

Si no lo dijo Isabel (que no lo dijo por lo escrito), ni tampoco George (que de refranes castizos no debe andar sobrao)... 

¿Debería decirlo yo? Oiga usted, que si lo digo me espesan... ¡jé, jé, jé!


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¿Qué es esto?
 

Si aquél famoso beso parisino inmortalizado en 1950 por la cámara de Robert Doisneau ha pasado a la historia de la fotografía por su casualidad y frescura, éste que van a ver de tres intensos minutos, protagonizado por una pareja apasionada de novios chinos en el metro de Shangai, tiene todo el aspecto de convertirse en breve en un clásico del cine cómico contemporáneo: observen la pasión del primer impulso, sigan el ritmo frenético de la secuencia de arranques y frenadas, sean testigos del drama de la forzosa separación en primera línea de máquinas canceladoras, admiren también el empeño y profesionalidad contrastada del chico y de paso la cómica paciencia de la muchacha, que le rechaza y abraza una y otra vez con una coquetería que lo dice todo…

En suma, disfruten del mayor espectáculo del mundo: el del amor en directo (Internet está que arde con más de 350.000 visitas desde el pasado 13 de enero, el día de autos), y sean solidarios: alégrense de que los abogados consigan para los novios, por sus innegables derechos de autor, lo que es de los novios; no vaya a ser que cuando consigan ver un yen sean viejos, muy viejos, y ya casi ni se acuerden el uno del otro, como les sucedió a Françoise Bornet y Jacques Carteaud, los novios de Doisneau.

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¿Qué es esto?
 

Visto lo visto, creo, sinceramente, que habría que hacer entre todos un esfuerzo de comunicación para que los niños, con Martín Pacios al frente, sigan creyendo que los Reyes Magos tienen más “chicha” que Papá Noel. Porque una cosa es que tengamos algunas lagunas sobre la Epifanía, que suena a algo muy serio, muy importante, muy religioso…, y otra bien distinta que los mayores demostremos tanta ignorancia sobre sus sucintas biografías y mágicas ofrendas (léase regalos). Ayer mismo, durante una fista de cumpleaños, pregunté a tres padres, aparentemente bien informados, sobre la mirra de Gaspar, y las respuestas fueron las siguientes: “Sí, ya sé… son unos polvos mágicos de la buena suerte”, soltó uno; “Pues yo creo que es una cosa que se daba a las recién paridas…, un bebedizo que hacía que el niño creciera sano”, aventuró el segundo; “No tengo ni idea… a mi me suena que debe ser algo negro, como muy mineral,” respondió el tercero, con su cabecita medio enfundada en un ridículo gorrito de Papá Noel, en un vano intento de pasar la prueba con una gracieta fácil.

“Mineral, animal o vegetal…, ¿qué más da?”, pensé mordiéndome la lengua en un intento de restarle importancia al asunto mientras buscaba a otro grupo de presuntos adultos. Pero mis azarosas prospecciones no fueron mucho más allá. De todos los padres interrogados: diez en total, sólo dos acertaron con la fácil respuesta de la mirra, que a estas alturas de la noche ya apestaba a carbón. Y luego se lamentan nuestros políticos  de la deficiente educación de nuestros hijos. No a la escuela, a la mina tendrían  que ir todos los adoradores de Ho, ho, ho! Ya lo decía mi abuela Pepita: “Ese gordito del trineo es un peligro público, un insulto a la inteligencia. Si no hay más que verlo: es como la mierda del pavo, que ni sabe ni huele”.


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