Releo y reveo en la página 52 del ¡HOLA! de esta semana la foto carnavalesca (sin el correspondiente permiso de Doña Cuaresma) que ilustra la noticia de la “sorprendente” participación de Víctor y Carmen Janeiro en la expo inaugural del Campeonato de Europa de Baile de Torremolinos. Hecho lo cual, solicito ayuda (des)interesada para discernir-entre-lo-im-propio-de-la-dis-torsión-i(r)-real-izable [tanto monta, monta tanto, ¿verdad monines?].
Ella (des)viste:
· Traje de baile complejo, con chaqueta-abrigo-de-cola. “La entelequia de la prenda de vestir”, apunta mi colega Steffi M. (¡es lista como las propias listas!). “De tropezonzón”, respondo.
· Estampado deco-cutre-lux: digno de mi tabla de panchar o, mejor aún, de la bolsa del pan de mi abuela Pepita (¡qué gran mujer!, insisto).
· Diadema de tres pisos de planta plaza de toros. ¡Si es de Todo a 0,09! Anoto posible confusión con soporte jabonero de a litro y medio de la bañera de Christine G. (otra perspizaz compañera de oficina y aguda analista rositóliga por la Universidad de Manchuria Exterior).
· Re-joyas de estilo (¡pero eso qué éh lo que éh!) (des)coordinado-caní. Ojo con los lóbulos pinjantes: peso-en-ex-ceso. Advierto peligro moderado de desgarramientos.
· Atentos a las ballenas del corsé: sugieren una concentración de pliegues de marca mayor.
. Sonrisa: botox sin retoque. Gusta, pero no entusiasma.
El tra(viste):
· Careto fungo-torero a lo Raúl (atentos al giro de cabeza picantón y al peinado-con-re-peinado).
· Guantes tres tallas superiores de blanco nuclear increíblemente coordinado (¡otra vez!, “¡qué pereza, Ñoras, Ñores”) con el pantalón de camarero-de-corte-y-confección. ¿Cómo se logra eso?, digo por decir (el mío es de caracolillos)…
· Chaqueta petrolera altamente inflamable: Brent-de-a-104-$-el-barril (cotización del día). Se recomienda extintor al primer chispazo.
· Cierre de auto-máticos-mal-cosidos: véase la disconformidad de encuentros telares al nivel de la pantorrilla alta (léase entrepuerta).
· Otro cortocircuito visual de juzgado de guardia: “¿navegas o desfilas?, marinerito de mi amor” (esto es de una canción cubana que me cantó Cristina Y. esta misma mañana en-la-cocina-de-lectura-de-la-ofi. Pasa (digo, corre) Javier R., que tiene su muscha tela andalusí, y remata en alto: “Igualito que yo mismo en la primera comunión”. Así fue.
· Zapatos: aquí se quedó escaso de volumen (justo al contrario que la diadema). “Ni pies ni cabeza”, remata Marina C. desde su ordenador.
Estas atribuladas reflexiones se resumen en una:
· ¡Si Pin y Pon levantasen la cabeza!










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