Novedades en la categoría Ciencia

“Para los extraterrestres con amor” ha  venido a decir Paul McCartney al ver que Across the Universe, la irónica canción que compuso hace 40 años junto a John Lennon tras su frustrante visita a la India, ha cobrado, al fin, un sentido universal. Los científicos de la NASA que han proyectado su canción vía mp3 hacia la estrella Polar, situada a 431 años luz de la tierra, parecen también optimistas y aseguran que los polarianos o “similar” (así les dicen en el pub más polariano de mi barrio) no sólo van a saber descargar el dichoso formato sin tener que ir al Carrefour, sino que también van a saber captar el mensaje de la letra en cuestión sin entrar en crisis existencial:

“Las palabras surgen a raudales como una lluvia infinita en un vaso de papel
Se deslizan al pasar
Desaparecen a través del universo
Charcos de tristeza, olas de alegría flotan en mi mente abierta
Poseyéndome y acariciándome
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo
Imágenes de luz encima bañando ante mí como un millón de ojos
Que me llaman y me llaman a través del universo
Pensamientos serpenteando como un viento inquieto en un buzón
Tambaleándose ciegamente en su camino a través del universo
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo
Sonidos de risas y sombras de tierra rezuman en mi vista abierta
Incitándome e invitándome
Un amor imperecedero y sin límites brilla a mí alrededor como un millón de soles
Llamándome y llamándome a través del universo
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo”.

Tendría gracia que la primera noticia que tengan allá lejos de nuestra insignificante existencia haga alusión a aquel desilusionante viaje de los Beatles hasta el altar del Maharishi Mahesh Yoghi, el gurú más poco espiritual de la historia del pop meditabundo–sólo George Harrison cayó en las redes de un terrícola que se mostró, cuentan las crónicas, mucho más interesado por las compañías femeninas del grupo que por la espiritualidad trascendental del momento– y que, en consecuencia, les quitemos las ganas de contestar o peor aún, de venir a visitarnos, que es de lo que se trata. Yoko Ono, que de espiritualidad nunca ha andado sobrada, no es de esta opinión y asegura que ve la iniciativa como “el comienzo de una nueva era en la que nos comunicaremos con miles de millones de planetas en todo el Universo” ¡¡¡¡¡¡Anda yá!!!!!!, que dirían también en ese pub oscuro donde suelo meditar, o “similar”

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¿Qué es esto?
 

lago_chileno_Tempanos_despues_desaparicion_agua.jpg

No se trata de ninguna película de ciencia ficción, ni tampoco de una de aparatosas catástrofes naturales. Los miembros de la cuadrilla de trabajadores de la expedición científica que estaba realizando el seguimiento de un rebaño de huemules (camélidos andinos), dos mil kilómetros al sur de Santiago de Chile, tuvieron que frotarse los ojos varias veces para comprobar que no estaban viendo visiones. El imponente lago Témpanos, una masa de agua de origen glaciar que ocupaba una cavidad de unos treinta metros de profundidad para una superficie total de un kilómetro cuadrado, había desaparecido.

Juan José Romero, director de la Corporación Nacional Forestal que está estudiando los cambios del hábitat natural en la remota región andina, explicaba así el preocupante descubrimiento de la mañana del 27 de mayo: "El lago había desaparecido… Y no estamos hablando de un lago pequeño, sino bastante grande, y los témpanos que tenía habitualmente estaban ahí, pero varados en el lecho seco de lo que fue el lago y que, de la noche a la mañana, desapareció". El río que alimentaba el lago también ha disminuido drásticamente su caudal, para preocupación de los habitantes de Punta Arenas, que recuerdan que el terremoto que sacudió en el mes de abril la región podría haber formado una grieta que absorbió el agua del lago.

Y si algo ¿o alguien? la absorbió ¿a dónde fue a parar?, que con esto del cambio climático –que podría ser otro agente responsable según los científicos– ya casi ni sabemos lo que es húmedo y lo que es seco, lo que es primavera y lo que es verano. El propio Juan José Romero coincide con los expertos consultados, geólogos y geofísicos, en que es posible que haya ido a parar al Océano Pacífico. O sea, ¡que en el corto plazo de unos días la fisura en cuestión habría sido capaz de beberse un volumen equivalente a un edificio de diez plantas!

No sé ustedes, pero yo como que no me lo creo. Es como si les aseguro que una nave marciana que pasaba por allí se llevó toda el agua del Témpanos para inundar el Planeta Rojo. El móvil del crimen parece creible a juzgar por la "vara" que nos dan los astrónomos buscando un líquido elemento que parece que está más en sus mentes que en la superficie disecada de Marte. También podría pensarse que alguien la ha "trasvasado " clandestinamente para regar los tomates y cerezos de los fértiles valles del centro del país andino.

Yo, tal y como van las cosas, si algún día de estos me dicen que el Ebro se ha ido a hacer gárgaras, me lo creería y centraría mis sospechas, más que en los sedientos huertanos del sudoeste del país, en algún trasvase interplanetario de la NASA o de la ESA. Y, ya puestos a elucubrar, acusaría directamente a los "marcianos" –no a los murcianos– que dirigen este inmenso cotarro político-económico, y vicecersa, de acoso a nuestro seco y contaminado planeta, de la Patagonia a Almería.

No me digan que al paso mutante que va últimamente La Tierra, el panorama no tiene toda la mala pinta de pasar del azul de toda la eternidad, al marrón del "Apocalipsis" de San Juan o al negro que auguró el mismísimo Newton, que, al parecer, también hizo su previsión para el Fin del Mundo en torno al 2060. Llegado ese funesto día, enmarronados y sedientos todos, la muerte por inanición es nuestro castigo.

¡Con tanto lago y río que nos rodea, o rodeaba!, ¿no es triste acabar los días en un triste desagüe glaciar de 30 metros de profundidad?

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¿Qué es esto?
 

Al paso que avanza la ciencia, me siento cada vez más anecdótico e insignificante. Por no decir acorralado. ¡Qué fue de aquellos tiempos en los que el hombre parecía el único amo y señor del planeta! Lo digo con nostalgia, porque cada vez que abro o leo una página sobre un avance relativo a nuestros hermanos los bichitos, me dan ganas de apuntarme a un viaje a Marte, ahora que ya está claro que no existe vida inteligente ni puede haberla jamás.

Hace unos días nos explicaban los hombres de ciencia que los monos son mucho más listos de lo que parece y que si no fuera porque su garganta no está capacitada para emitir sonidos fonéticos sofisticados, nos darían un repaso pensando… "Si hasta han llegado a hablar del "legado cultural de los chimpancés". Y ya se sabe que el lenguaje siempre ha sido "nuestra" mejor arma cultural.

¿Se acuerdan de aquella estupenda saga cinematográfica cuyo título ya nos situaba en un segundo y discretísimo anonimato: "El Platena de los Simios"? Pues eso. Sus escalofriantes escenas han regresado a mi sufrida memoria al ver como nos amenazan últimamente con una invasión de medusas, con propuestas que han saltado de la pura observación del medio a la ficción más desatada: la novela "Medusa", del biólogo marino Sergio Rossi y del periodista científico Toni Polo, platea una invasión generalizada, irreversible, de micro medusas que nos fulminaría de la faz de la Tierra.

De chaval, ahora recuerdo, soñé durante algún tiempo con horror con una invasión planetaria de salamandras, y todo por leer una estupenda novela, hoy olvidada, del escritor checho Karel Cápec: "La guerra de las Salamandras". El momento en que saltan las muy bestias de las costas a la tierra firme todavía lo recuerdo con… ¡¡¡¡¡pánico cerval!!! Ni marcianitos vaina ni nada, salamandras viscosas e inteligentes.

Y ahora non vienen los dichosos científicos con la milonga de la supuesta inteligencia de las "cucas", quizá el bichito más repugnante de la creación. Dicen en una revista aparentemente seria, Public Library of Science, que las muy asquerosas  "pueden recordar y aprender", y que "entender el mecanismo de aprendizaje del cerebro en insectos nos puede ayudar a comprender mejor el funcionamiento del cerebro humano. Hay muchas características comunes", dicen para más inri. Y en su afán, supongo, de extender el morbo, insisten en que responden a los estímulos como el perrito de Paulov: salivan cuando ven azúcar… ¡Lo que significa que si recuerdan nuestro azucarero, también serán capaces algún día cercano de recordar nuestra cara, de "quedarse con nosotros" como se suele decir!

Yo no sé ustedes qué piensan de todo esto. Pero no ya sólo el asco, el miedo y el horror visceral me mueve a huir desaforadamente de ellas incluso antes de verlas. Ahora sé que tendré que huir, además, de su afán de conocerme. ¡Y de ahí a la invasión del conocimiento mundial,  a tomar el poder por vía del diálogo, sólo hay unas cuantas carreras locas y pisotones ineficaces, como puede verse en esta ¡¡¡¡¡terrorífica!!!! escenita vivida por unos congéneres nuestros en un hall del metro de Tokio.

"El Planeta de las Cucas", podría llamarse el corto en cuestión…

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¿Qué es esto?
 

MEDUSAS.jpeg Tortuga-boba.jpg

Hace menos de un mes ya confesé en público mi miedo cerval a esos seres viscosos que flotan a traición en la playa y que, cuando menos lo esperas, te dan un abrazo de fuego con sus microcélulas urticantes. Entonces estaba a punto de irme de vacaciones a Ibiza y los biólogos marinos  anunciaban una invasión que, al final, no fue tal. Al menos en las orillas que nadé a cámara lenta: ¡cualquiera  se atrevía  a dar una brazada de más!

Y ahora que estoy planificando mis vacaciones de verdad en algún lugar de Almería, van y anuncian, no ya una plaga, sino una invasión de medusas en formación de a un millón. Vamos, que se va a bañar su tía en esa sopa de medusa extrapicante que, por lo oído, se avecina de plato único de verano. Y, por lo visto, la culpa no la tiene tanto el cambio climático, convertido como está el pobre en blanco de todas las desgracias naturales/artificiales, como la falta de "comida", o de peces (según se vea) en la mar. O sea, que como ya no hay pescaditos para devorarlas, alguien tiene que sustituirlos en su labor depredadora. ¿Alguien se apunta?

Dicen también que la Marina Española, además de perseguir por el Estrecho a los ladrones de monedas del Odyssey, también se va a entretener este verano en capturar medusas. Esto último le parece muy bien a mi señora, que está casi más preocupada que yo con la plaga que acecha: no por ella, que nunca le rozan ni un pelo –es antiadherente, comos sus sartenes–, sino por no aguantarme chapoteando en la orilla como los bebés. Dice que le da mucha vergüenza. ¡Y a mí pánico!

También cuentan en el periódico que la Junta de Andalucía se planea repoblar nuestras costas con huevos de tortugas bobas y laúd: a las primeras no les gustan demasiado las medusas, pero piensan convencerlas de que están muy ricas, ellos sabrán como; a las segundas les privan, al parecer, casi tanto como a los japoneses el atún rojo del Mar de Alborán, que ya no come medusas porque no queda: se los han zampado esos nipones tan fieros a golpe de yen en Tokio y aledaños. Pero el problema es que la dichosa repoblación puede tardar hasta diez años y, en todo ese tiempo, ¡yo sin bañarme en la playa!

huevos.jpeg ferran.jpg

Que nada, que digo yo que la única la solución a lo de las medusas la tiene Ferrán Adriá, que es lo que mejor marcha en este país en pie de guerra boba de medusas. Yo le propongo para su sonado montaje de la Documenta de Kassel del 13 de junio una instalación gastronómica a escala universal. Podría crear –aunque haya intentado confundirnos con un "no soy Picasso, pero..." (sic) que ha ruborizado incluso a las fieras medusas– un "Aire de medusa a la rabiatta con hidrógeno exfoliante de simulacro de caviar encapsulado"… y todos los japoneses a zampar rico arte medusístico al por mayor, que son dos comidas marinas las que nos quedan. Y yo a mi baño de toda la vida, que es lo que me priva, a falta, ¡cómo es posible!, de pescaito frito. Sniff.

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¿Qué es esto?
 

"¡Hollywood, tenemos un problema! Nuestro biólogo marino ha descubierto una medusa mortal irukanyi en el área de localización. Kate Hudson y el resto del equipo se encuentran a salvo. Suspendemos el rodaje de Fool's Gold hasta nueva orden".

El suceso no habría llamado la atención de los chicos de la prensa de no mediar Kate Hudson, la bella hija de Goldie Hawn, que al parecer se vio sorprendida en aguas del noroeste de Australia, en el mar de la bahía de Hervey, "por una barrera de medusas minúsculas que avanzaban a gran velocidad cuando el equipo se encontraba rodando en el agua".

La alarma de la pobre Kate parecía justificada. Sin ser frecuentes, este tipo de medusas asesinas suelen sembrar el pánico cada verano en la costa australiana sin que nadie pueda hacer nada por evitar su avance en masa de playa en playa. Los que han sobrevivido a los efectos de su picadura coinciden en que si en los primeros 20 minutos no se consigue un antídoto, "el picor se vuelve tan intenso que llegas a pensar que alguien te está arrancando la piel a tiras; y entonces estás perdido, porque el dolor irá a más y más hasta que pierdas el conocimiento y la reacción termine por hacer su trabajo mortal".

Yo no sé a ustedes, pero a mí me picó en el pecho una vulgar medusa mediterránea una Semana Santa en aguas de Ibiza, en Cala Jondal y, aparte del dolor insoportable, estuve casi un mes con la piel al rojo vivo: "Casi puedes freír un huevo" me decía mi mujer. con esa gracia que imprime a todas las observaciones suyas que atañen directamente a mi persona física, cada vez que me aplicaba amorosamente (no me duele reconocerlo) la pomada.

Sin ánimo de molestar con el rollo del cambio climático, un amigo de un amigo que trabaja en el Instituto Marino Pesquero de San Andrés me ha soplado que las plagas de medusas irán en aumento exponencial a medida que suba la temperatura del agua, que este año promete récords históricos. Lo digo porque esta Semana Santa vuelvo a Ibiza de vacaciones y mi mujer, que es la que ha sembrado la alarma en casa tras leer la noticia de la medusa australiana asesina, ha rellenado las maletas con trajes de neopreno negro y amarillo a la última moda, con guantes y patucos a juego.


Ya les contaré, pero en este preciso instante (el avión sale esta tarde) no sé si hacer como Kate Hudson: suspender los planes previstos para justificar mi pánico exacerbado a las medusas viscosonas o dejar que el destino haga su trabajo al borde del mar. Aunque también puedo dejar que mi mujer triunfe definitivamente en la playa con su nuevo look antimedusa, mientras yo disfruto de las aguas mansas de la piscina del hotel, que dicen que va a llover.

Por cierto, también ha leído en alguna parte (¡no sé donde puede leer tanto y tan peligroso!) que anuncian también una lluvia de meteoritos. Así que mejor anulo mi billete y permanezco sentadito en mi sillón, alternando pelis de Kate Hudson con documentales de medusas gigantes mientras degusto una ensalada de irukanyis con pechuga de pollo y frutos secos al aceite de sésamo (nada picante, se entiende), que he visto que las venden secas en el chino de la esquina.

Sería bonito hacerlo… ¿verdad?

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¿Qué es esto?
 

REX_HUBBLE_.pg.jpg

Le comento a Júpiter que si ha leído hoy lo del descubrimiento de las lagunas de gas metano en estado líquido en Titán, la luna de Saturno que está robando el protagonismo al viejo Marte por sus similitudes con la Tierra primitiva. Cierra los párpados y resopla un Big Bang de incredulidades como única contestación. “Los astrónomos dicen que Titán es el Peter Pan de nuestro Sistema Solar –le digo para despertar su curiosidad a sabiendas de que le ha pedido a los Reyes Magos un muñeco del pequeñito hombre imberbe que, cuando lo muerdes, canta a mandíbula batiente ‘Si acaso quieres volar, piensa en algo encantador...’–, un mundo que nunca llegó a hacerse mayor, lo contrario que Marte, que es un mundo tan oxidado como Júpiter. ¿Me captas?”

Luego, más tarde, a la hora del café, le despierto con la idea de organizar un vuelo a Titán, aunque sólo sea por ver como va a ser el medio natural de los descendientes de nuestros descendientes: “Pierdes el tiempo –me contesta–, su atmósfera es irrespirable, hace un frío de mil demonios: 180 grados bajo cero de media anual, y además tú no levantarías el vuelo ni un palmo de tierra con todo el turrón que has triturado últimamente”.
El golpe de malas pulgas de Júpiter me duró el primer duermevela de la siesta, en el que no dejé de preguntarme si los hombres de la NASA no estarían perdiendo el tiempo investigando un mundo insalubre, cuando deberían de buscar mundos posibles para solventar el asunto vital de ese día en que se apague el Sol. “¡Menos mal que aún nos queda un puñado de millones de años de luz solar como mínimo”, le digo en tono profesoral.

“Hoy sólo piensas estupideces –me contesta Júpiter, que tiene poderes mentales y sabe leer el pensamiento–. Los humanos perdéis el tiempo confiando en que la ciencia os resuelva vuestras crisis de importancia, cuando en realidad sois meras anécdotas en la historia del Universo. Yo no creo que tengamos que ir a ninguna parte, con lo bien que se está aquí junto a la chimenea”. “No haces honor a tu nombre aventurero –le respondo algo crispado– eres un perro burgués que no sabe mirar más allá de su propio hocico. ¡Esta noche te quedas sin galletita de espinacas!”

El resto de la tarde no nos dirigimos la palabra: él a lo suyo con su fuego y yo ensayando con el planisferio que me echaron los del banco, ‘De parte de Papá Noel’, en el buzón, que es como una carta astral sin instrucciones prácticas de uso: sólo te dicen lo básico, el pedazo de cielo que puedes ver cada día del año teniendo en cuenta que la cosa no deja de moverse, y dejan que te las ingenies con tus predicciones.
Esta madrugada, me dije pensando flojo para que Júpiter no captara mis ondas mentales, dirigiré la lente de mi telescopio a la constelación de Sagitario, que será visible por el este justo al amanecer, en busca de esa estrella doble, Pismis 24-1 (en la foto), que brilla como 200 soles a ocho mil años luz de la Tierra. Desde que la vi en un reportaje del primer ¡HOLA! del año (nº 3257, pág. 118) me ha dado por pensar que no está tan lejos. Esto último lo debí de pensar en alto, porque Júpiter volvió a resoplar. Ni caso.

Poco antes de las ocho, sonó otra vez el teléfono; ahora era una aseguradora ofreciéndome un ‘Plan de protección trágico’ (sic). “Lo siento –contesté entre balbuceos–, yo siempre he preferido la comedia. Pero dígame... ¿esa súper póliza de la que me habla cubriría un accidente de viaje interestelar para toda mi familia y mi perro políglota? ¡Ahhhhh, que podrían estudiarlo! Pues sabe lo que le digo..., que a la vista de como se están poniendo las cosas de ‘trágicas’ en este planeta, cuando tengamos montada la nave espacial que le hemos pedido a los Reyes Magos se la firmo encantado”.

“Todo va sobre alas –le digo a Júpiter nada más colgar el teléfono–. Ahora sólo falta que entre Peter Pan por esa ventana y te aplique un tratamiento antioxidante de choque. Y no olvides que sólo nos quedan unas horas para la cuenta atrás: ¡tras una breve escala para repostar combustible en Titán, Pismis 24-1 nos espera!

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