Archivos Febrero 2008

Es innegable que para darse un buen atracón entre amigos cualquier pretexto es bueno. Pero una cosa es ponerte morado de lo que más te gusta –cochinillo u otras hierbas– con quién más te gusta y otra muy distinta intentar venderte lo más obvio de la carta de carnes, lo que ya sabías por tradición y oficio oral, como una nueva verdad avalada por nada menos que 35+40 catadores reunidos en dos tandas por iniciativa de un grupo de investigadores de la Universidad de Extremadura con más ganas de ponerse las botas que de investigar en serio.
Todo esto viene a propósito de la sentada que realizó hace justamente un año el grupo de morrosos catadores que decía, y que ha tenido que ser repetida el martes pasado “en aras del rigor científico”, como reza la noticia del acto resumida en un titular que no deja lugar a dudas:

“El cochinillo ibérico criado en libertad sabe mejor”.


“¡Esto es jauja!”, exclamó el mesonero tras leerla a los comensales. “Se lo voy a contar ahora mismo  al señor cura”, respondió un espontáneo vestido de gris marengo desde la mesa de enfrente. “Elemental, mi querido carnívoro” , ironizó el camarero mientras me servía el último bocado de la fuente de cochinillo (“de crianza, oiga usted”) que me he regalado hace un par de horas como homenaje a mi agudeza (“no se te escapa una”, me decía mi abuela Pepita –¡bendita sea su memoria!– y yo venga a comer pulpo de roca a la gallega….) a la hora de destripar sabores.
Luego, a la hora del café, Carlitos De Diego (el mesonero que decía) sentenció que si para hacer ese descubrimiento tenían que reunirse tantos catadores ante tres clases de cochinillo (“uno del que vive y come a su bola”, “otro criado en régimen de cámping –sic–” y “un tercero del pensionado en cochiquera”), él se ofrecía ipso facto a hacer una demostración pública a los del Niu Yor Times en la Plaza Mayor sobre las “desconocidas virtudes gustativas de la trucha salvaje (cuando Carlitos las lleva en la carta sus clientes bucean en el plato como heliogábalos en acción) en comparación a las de esas otras que comen pollo a la fuerza, o peor aún: raspa de prima hermana liofilizada o similar. “Sólo me quedaría mi querido Manolo –me susurró al oído mientras me servía otro copazo de aguardiente– contactar con esa Universidad de sabios para que no me tachen de oportunista”. “Tú sin miedo –le dije antes de pagar la cuenta–, tú pégales un telefonazo y diles que tienes un río de truchas ibéricas para que vayan refinando el paladar”.  

Aporto prueba documental de la óptima preparación física que demuestra el cochino en cuestión... 

 

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¿Qué es esto?
 

“Para los extraterrestres con amor” ha  venido a decir Paul McCartney al ver que Across the Universe, la irónica canción que compuso hace 40 años junto a John Lennon tras su frustrante visita a la India, ha cobrado, al fin, un sentido universal. Los científicos de la NASA que han proyectado su canción vía mp3 hacia la estrella Polar, situada a 431 años luz de la tierra, parecen también optimistas y aseguran que los polarianos o “similar” (así les dicen en el pub más polariano de mi barrio) no sólo van a saber descargar el dichoso formato sin tener que ir al Carrefour, sino que también van a saber captar el mensaje de la letra en cuestión sin entrar en crisis existencial:

“Las palabras surgen a raudales como una lluvia infinita en un vaso de papel
Se deslizan al pasar
Desaparecen a través del universo
Charcos de tristeza, olas de alegría flotan en mi mente abierta
Poseyéndome y acariciándome
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo
Imágenes de luz encima bañando ante mí como un millón de ojos
Que me llaman y me llaman a través del universo
Pensamientos serpenteando como un viento inquieto en un buzón
Tambaleándose ciegamente en su camino a través del universo
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo
Sonidos de risas y sombras de tierra rezuman en mi vista abierta
Incitándome e invitándome
Un amor imperecedero y sin límites brilla a mí alrededor como un millón de soles
Llamándome y llamándome a través del universo
Jai Guru De Va Om
Nada cambiará mi mundo
Nada cambiará mi mundo”.

Tendría gracia que la primera noticia que tengan allá lejos de nuestra insignificante existencia haga alusión a aquel desilusionante viaje de los Beatles hasta el altar del Maharishi Mahesh Yoghi, el gurú más poco espiritual de la historia del pop meditabundo–sólo George Harrison cayó en las redes de un terrícola que se mostró, cuentan las crónicas, mucho más interesado por las compañías femeninas del grupo que por la espiritualidad trascendental del momento– y que, en consecuencia, les quitemos las ganas de contestar o peor aún, de venir a visitarnos, que es de lo que se trata. Yoko Ono, que de espiritualidad nunca ha andado sobrada, no es de esta opinión y asegura que ve la iniciativa como “el comienzo de una nueva era en la que nos comunicaremos con miles de millones de planetas en todo el Universo” ¡¡¡¡¡¡Anda yá!!!!!!, que dirían también en ese pub oscuro donde suelo meditar, o “similar”

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