Visto lo visto, creo, sinceramente, que habría que hacer entre todos un esfuerzo de comunicación para que los niños, con Martín Pacios al frente, sigan creyendo que los Reyes Magos tienen más “chicha” que Papá Noel. Porque una cosa es que tengamos algunas lagunas sobre la Epifanía, que suena a algo muy serio, muy importante, muy religioso…, y otra bien distinta que los mayores demostremos tanta ignorancia sobre sus sucintas biografías y mágicas ofrendas (léase regalos). Ayer mismo, durante una fista de cumpleaños, pregunté a tres padres, aparentemente bien informados, sobre la mirra de Gaspar, y las respuestas fueron las siguientes: “Sí, ya sé… son unos polvos mágicos de la buena suerte”, soltó uno; “Pues yo creo que es una cosa que se daba a las recién paridas…, un bebedizo que hacía que el niño creciera sano”, aventuró el segundo; “No tengo ni idea… a mi me suena que debe ser algo negro, como muy mineral,” respondió el tercero, con su cabecita medio enfundada en un ridículo gorrito de Papá Noel, en un vano intento de pasar la prueba con una gracieta fácil.
“Mineral, animal o vegetal…, ¿qué más da?”, pensé mordiéndome la lengua en un intento de restarle importancia al asunto mientras buscaba a otro grupo de presuntos adultos. Pero mis azarosas prospecciones no fueron mucho más allá. De todos los padres interrogados: diez en total, sólo dos acertaron con la fácil respuesta de la mirra, que a estas alturas de la noche ya apestaba a carbón. Y luego se lamentan nuestros políticos de la deficiente educación de nuestros hijos. No a la escuela, a la mina tendrían que ir todos los adoradores de Ho, ho, ho! Ya lo decía mi abuela Pepita: “Ese gordito del trineo es un peligro público, un insulto a la inteligencia. Si no hay más que verlo: es como la mierda del pavo, que ni sabe ni huele”.







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Como las abuelas son como los borrachos y los niños, que siempre dicen la verdad, tu abuela Pepita se debería haber llevado una medalla. Yo seguiré poníendole una copita de brandy y algo de turrón a cada uno de los Reyes para que me dejen algo bueno. Y nunca, nunca, en mis 37 años de pleitesía incondicional a los Tres Magos, me han dejado carbón... Feliz Año Nuevo, querido amigo Manolillo
Uffff, y no ha pasado lo peor. ¡Aún nos queda San Calentín!
Dios se apiade de nosotros pobres solteros.
Y en especial de ésta que aquí escribe, y que no tiene perrito que le ladre ni amante que le regale. Aunque tengo un plan: voy a autorregalarme un libro de cuentos eróticos, "Lo que los hombres no saben", del que he leído algunos fragmentos que me han elevado a las alturas eróticas más húmedas. Así tras ese aciago día al menos seré más leída y estaré más realizada.