Carla Bruni no teme al marciano Sarkozy

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Tienen en la memoria Quelqu’un m’a dit, el álbum que convirtió de un día para otro a la top model Carla Bruni en una estrella de la chanson francesa. Pues bien, yo lo he recuperado como terapia de choque de una torre de cd’s nada más enterarme de que “el hada de mis sueños” mantiene un sorprendente idilio con monsieur le president, aunque ella lo haya desmentido y el Elíseo también. Que mi Carla mantuviera sucesivos asuntillos en su día con Eric Clapton, Mick Jagger, Kevin Costner y Vincent Perez se lo perdoné por nuestro amor compartido por la música y el cine, como asimismo tuve que disculpar otros múltiples romances suyos, más o menos incomprensibles, el más sonado con Donald Trump, y hasta compromisos formales con hombres de letras: cuando me enteré que “sentaba la cabeza” casándose con el editor Jean-Paul Enthoven, que le dio un precioso niño (de tal palo, tal astilla) respiré hondo, pero me equivocaba (así de cruel es el amor), porque la relación terminó abruptamente al echarse en brazos de Raphaël Enthoven, el "irresistible" hijo de su marido. Al final la mujer de éste último, Justine Lévy, hija del filósofo Bernard Henry-Lévy, intentó suicidarse sin conseguirlo y como venganza, una vez recuperada del choc, escribió una inspiradora novela de relaciones a tres en la que Carla recibía el descriptivo nombre de “La Terminator”.

Con este agitado currículo amoroso, comprenderán que la noticia del idilio de Carla Bruni con un político tampoco me tiene que pillar de sorpresa: Nicolas Sarkozy no es el primero (fue precedido en el cargo por Laurent Fabius) y sinceramente no creo que vaya a ser el último. Pero seamos serios, porque mariposear –artísticamente hablando: la pobre tiene que inspirarse para componer esas explícitas letras de amor que adornan sus composiciones–, de flor en flor es una cosa y otra bien distinta comprometerse con el ejemplar más absurdo y marciano del gran circo mundial del poder, dicho sea con permiso de Vladimir Putin, George Bush y del resto de especímenes de la panda. Porque estarán conmigo en que Sarkozy tiene algo de alienígena en su gesto que hace que lo veamos muchas veces como un ser recién llegado de otro planeta.

Aunque quizá me confunda con esta última apreciación y mejor tendría que decir que el más-macho-de-los-presidentes es uno de los hombres más irresistibles del showbussines-político-retro-global, un Napoleon redivivo que a todas intenta seducir invitándolas a compartir las vacías estancias de son-grand-petit-Trianon-presidencial-de-Champs Ellysées, que decoró, por cierto, otro mago de la seducción: el omnipresente Philippe Starck. Digo todas, porque desde que “Sarko”, como le llaman ¿cariñosamente’? en familia, (¿a qué el apodo suena a nombre de mercenario interplanetario), no ha dejado de conquistar corazones incautos desde su abrupta ruptura con la no menos bella Cecilia Sarkozy, que salió de allí por patas (literal): que si Sarko tenía un asunto con una pilingui bosnia, que si una cantante china le decía que se moría por cada uno de sus huesos, ¡que si a las compañeras francesas de la oficina (a las españolas también) se les enciende la mirada cuando son interrogadas por su presunto sex-appeal! Sólo de leerme me indigno.

Sí. Lo reconozco, quizá esté celoso, celosísimo. Y ya se sabe que los locos de celos estamos dispuestos a todo. Por ejemplo, a correr por ahí (con argumentos, ¡oiga!) que Nicolas Sarkozy es ese cómplice necesario que necesitaba el plutoniano Muammar-al-Gaddafi (la reencarnación libia del Doctor No en versión fashion nómada) para conquistar el mundo. ¿Se acuerdan de aquel “monstruo asesino” que nos pintaban hace nada los mass media de este lado del mundo, responsable directo según estableció un tribunal británico del atentado del avión estadounidense que sobrevoló Lockerbie en abril del 88, en el que murieron 270 viajeros? Pues ese “monstruo” rehabilitado por nuestros gobernantes concluye hoy mismo su gira espectáculo por este lado del Mediterráneo con el salvoconducto firmado por el marciano “novio” de mi novia. El amigo libio plantó primero su jaima en París, en los Jardines de la República, acompañado por su gastronómico séquito de "30 vírgenes pretorianas y un cordero" (no es broma aunque lo parezca), acto seguido visitó buena parte de Andalucía y hoy mismo dará por concluido su periplo campista por nuestra geografía tras instalarse en un rincón apartado del bosque del Palacio del Pardo en Madrid. Dicen que ha ofrecido contratos y petróleo a buen precio a todo quisqui: Aznar fue su invitado de honor en Alcalá de Guadaira. ¿De qué hablarían? ¿De la caza del mosquito?

Y ya que hemos entrado en harina: ¿por qué creen que el flirt de Sarkozy con la preciosa aristócrata italofrancesa (él también presume de títulos en la noble Hungría, su país de origen, lo que está por demostrar) se ha hecho público en estas fechas. ¡¿Por qué estamos en Navidad y las carpas circenses rodean nuestras ciudades y pueblos?! “Puede entenderse”, como dirían Faemino y Cansado. El romántico paseo de este fin de semana de la extraña pareja por EuroDisney es el primer acto, créanme, de un complot a gran escala del que no se va a salvar ni La bella durmiente del bosque. Ya lo insinuó en privado no hace mucho la estricta canciller alemana Angela Merkel, visiblemente escandalizada por las extravagantes compañías y estilo de vida un tanto “acelerado” (¿qué querría decir la buena señora?) de su homólogo francés. Con Sarko y sus amigos en el papel de conquistadores sistemáticos las terrícolas están en serio peligro. Imaginarlo susurrándole al oído aquellos  versos de “Le Toi de Moi”, la canción visionaria de aquel cd que recordaba al principio, me ha dado la clave del gran sacrifico de Carla: “Tu es la belle et moi la Bête/tu es le corps et moi la tête/Tu es le corps. Humm!” (Tu eres la Bella y yo la Bestia/Tu eres el cuerpo y yo la cabeza/Tu eres el cuerpo. Humm!). Carla, perdóname por haber dudado por un instante de ti. Ahora sé que como la avispada Sherezade de las Mil y Una Noches, tú eres la elegida para impedir la invasión de las “bestias” devoradoras de bellas princesas. Como en Mars Attacks!, aquella premonitoria película que nos abría los ojos sobre las aviesas intenciones del cabezudo presidente marciano, la música de La Terminator será la tumba del marciano Sarkozy.
 

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4 comentarios

Yo les veo y me lo creo: son tal para cual

No me molestes mosquito

¿Qué hacemos aquí?

A mi lo que mas gracia me hace es lo de que "era de izquierdas y ahora se va con Sarko? A ver no es que no se pueda ser millonaria y de izquierd... jo, que no, que ni antes era de izquierdas ni ahora es de derechas, yo creo que hace lo que quiere porque puede y los demas mortales nos arreglamos como podemos.

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