¿Qué hacer cuando suena el teléfono y al otro lado de la línea surge la voz de un viejo amigo del colegio –justo aquel que siempre te robaba el bocadillo–, el cuál va y se empeña en invitarte a comer ese mismo día para proponerte algo muy, muy importante y, una vez en el restaurante, el hambre aprieta y el camarero no nos hace ni el menor caso?
Pues ingeniárselas –¡algo más que la comida está en juego!– para que ese señor de negro, siempre tan ajetreado, tenga a bien servir algo urgentemente, lo que sea. De lo contrario, sólo te quedará esperar, imitando inultilmente sus movimientos de mandíbula, a que El Devorador abra bien la boca y haga su trabajo…
Moraleja: No coma con extraños a los que no haya visto en muchos años

jajjaja
engordando el menú que se llama...
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