¿Dónde están los cuerpos de los tres tripulantes desaparecidos misteriosamente hace diez días, cuando viajaban a bordo del catamarán Kaz II, a 80 millas al este de la costa de Queensland (Australia)?
Unos aseguran que la respuesta está en el viento a juzgar por el estado de las velas y las informaciones del parte metereológico, que ese fin de semana había anunciado temporal. Pero, "¿cómo explicar entonces, se pregunta la familia de uno de los náufragos, la presencia de unos aparejos de pesca en cubierta y el hecho de que los chalecos salvavidas estuviesen intactos". Además, si es cierto que las velas estuvieron siempre desplegadas, parece lógico pensar que los tres tripulantes, que no eran precisamente unos novatos a juzgar por sus horas de navegación y sus edades avanzadas: Derek Batten (56 años), Peter Tunstead (69) y su hermano James (63), no vieron motivo alguno que justificase arriar las velas, que es lo primero que hace un marinero cuando arrecia la tempestad.
Otros, más peliculeros, sostienen que todos los indicios hallados por la policía a bordo del catamarán, empezando por la ausencia de signos de violencia, apuntan a que el tiempo era bueno: la mesa estaba puesta y la comida servida, un ordenador portátil permanecía aún encendido y el GPS funcionaba correctamente; además, el motor estaba en punto muerto. Y que si esto es así, no sería inverosímil imaginar que los marineros podrían haber cometido la imprudencia (quizá exagerada para unos hombres de su veteranía y edad) de darse un baño, ¡los tres a la vez!, justo antes de la comida y que en este intervalo de tiempo el catamarán habría sido arrastrado irremisiblemente por la corriente.
Los esotéricos, que siempre están al quite, ya hablan del "yate fantasma" en sus webs alucinadas y recuerdan que no ha sido la primera vez que la tripulación de un barco desaparece misteriosamente sin dejar rastro. El ejemplo del Mary Celeste, buque encontrado en la costa de Portugal en 1872 sin pasajeros a bordo, les parece un antecedente clarísimo a pesar de las diferencias abismales de latitud–longitud–espacio–temporal entre ambos sucesos. En favor de sus teorías, diremos que un pulpo gigante, una abducción OVNI y un asesinato múltiple fueron entonces, como ahora, tres posibilidades barajadas por la prensa menos seria.
La familia de los tres hombres dados por muertos, que no se cree ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más allá, está harta de "especulaciones parainfantiles": se extraña que la policía insista en que lo más probable es que hubiesen caído por la borda con un golpe de mar y exige que se investigue seriamente la posibilidad de un secuestro en unas aguas, las de los Mares del Sur, tradicionalmente surcadas por piratas y buscavidas. "Sus ropas estaban en perfecto orden y apiladas, y no hemos echado en falta ningún objeto de valor; no es normal que los investigadores no se hayan dado cuenta de que aquí lo extraño empieza por la extraña normalidad", argumentan.
¿Dónde están entonces los marineros?
Reconozco mi desconcierto, sobre todo por la escasez de elementos y pruebas circunstanciales que nos ayuden a formarnos un juicio, al menos aproximado, de la situación. Pero hay un dato revelador que recogen las crónicas sin darle, pienso, la importancia que se merece…
¿Y el bote salvavidas?
Pongamos que los tripulantes abandonaron el yate por voluntad propia: si así lo hicieron, la hipótesis del baño irresponsable desde la cubierta del propio catamarán quedaría descartada, lo cual nos llevaría a pensar que habrían echado el bote al agua por una partida momentánea o una urgencia X que justificaría el que todo a bordo indicase un regreso inminente, empezando por el reclamo de la mesa puesta.
¿Qué vieron entonces?
Me inclino a pensar que si algo o alguien del exterior llamó suficientemente su atención para tener que renunciar al menú del día, ese algo o alguien X habría solicitado un auxilio tras el que se ocultaba un peligro o una amenaza que no percibieron, lo que tampoco concordaría del todo con la posibilidad de que unos piratas armados hasta los dientes se tomasen tantas molestia para abordar un simple yate turístico, en principio desarmado. Aunque sí podría haberse dado que los piratas se hubiesen encaprichado por el bote en cuestión.
Pero supongamos que ese posible chapuzón más o menos imprudente –empezando por el detalle de haber abandonado a bordo los chalecos salvavidas– lo hubiesen decidido dar en un lugar alejado del barco –la deriva del mismo ha borrado todo rastro del escenario real del suceso–, una zona costera, por ejemplo; y que, de repente, el temporal o la corriente hubiese arrastrado el bote hasta un lugar fatal donde se habría producido el naufragio tras un golpe de mar o una pelea entre ellos.
Yo no sé a ustedes, pero a mí lo de los piratas raptores me parece también un poco de película de Tyrone Power; así que en principio, y a la expectativa de nuevas informaciones, me quedo con la hipótesis de la excursioncita que dio con sus cuerpos, vivos o muertos, en el fondo del mar…
matarile, rile, ron.

Después de ver la película "panico en altamar" basada en una historia real, cabría la posibilidad que se hubieran decidido bañar en el mar antes del almuerzo y que "olvidaron" bajar la escalerilla, tal como pasó en la película?
¿Y si, tras una pelea en el barco en algún lugar cercano a la costa, el que salió ganando dejó todo en orden para despistar a la polícía y huyó luego en la lancha? Quizá lo tenía todo preparado y en la lancha había de todo, chaleco salvavidas incluido....
En el fondo del mar hay que buscar... Todo apunto a que a bordo había un cuarto hombre joven
¿Rebeca? Parece ser que soy del grupo de las peliculeras...