Después del numerito de la peluquería, ahora el de las sábanas anudadas, con Britney Spears "intentando ahorcarse" en su habitación de la clínica de Malibú (California), en la que se encuentra recluida por "voluntad propia". Si este episodio es verídico, como afirma la prensa británica (News of the World) en su edición de hoy, Britney Spears estaría pasando por una crisis muy seria que rozaría en la locura: "Crazed Britney" rezan los titulares, al margen de su familia
Ignoro si está loca o no desde el punto de vista psiquiátrico, y mucho menos si todo esto forma parte de una especie de performance autodestructiva que ya va por su penúltimo acto. Ella sabrá por qué ha entrado en barrena cuando todo parecía sonreírle: éxito y dinero, amores e hijos, fiestas y exclusivas… ¡Fama!
Yo la veo como a una inconsciente, inmadura, caprichosa, inconsistente estrella de nada, porque nada (o casi nada) es lo que hizo para llegar a donde llegó, que fue muy alto. Su historia es vieja, muy vieja, y no es la primera vez que se escribe con tintes más o menos melodramáticos en la hoguera de las vanidades: "Aquí no hay sitio para los débiles" reza el lema de la industria del showbusiness.
¿Recuerdan aquel episodio de supuesto maltrato a su hijo pequeño que al final se quedó en una simple denuncia indemostrable? Pues así lo vieron los guionistas de esta pequeña road movie de una sola dirección: "Cuando estás al volante de tu destino, no te detengas, pase lo que pase." Pues Britney, que tiene la cabeza a pájaros, al parecer se lo tomó en serio...

No, si ya lo decía ella en su primera cancioncilla de escolar polvorona: My craziness is killing meeee!!! (¿O era loneliness? Da igual, ¡¡¡pa'l caso!!)