El agente especial Elvis

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Colt 45 [balas de plata para John Lennon]. No es el nombre de una canción country & western recuperada de un viejo archivo discográfico; ni tampoco el eslogan de una campaña de márketing para vendernos la última recopilación del búfalo de Liverpool, como llamaba Nick Cohn, el ácido crítico británico del rock'n roll de los 50 & 60, al colíder de los Beatles; ni siquiera el nombre comercial de unos grandes almacenes de armas de fuego de acero y strass con sede en Memphis. No, más bien parece el título de un bestseller policiaco que podría convertir en rico y famoso al que se decida a bucear en el dossier confidencial que el presidente Richard Nixon encargó al FBI a principios de los años 70 sobre el autor de "Imagine".

La reciente desclasificación de los kilos de documentos policiales relativos la vida y costumbres de Lennon han dejado al descubierto las filias & fobias musicales del Presidente más discutido de la historia de los Estados Unidos: por si nos quedaba alguna duda, queda confirmado que a Nixon le gustaba más Elvis Presley que el beatle por aquello de primar el Producto Nacional Bruto frente a las contaminaciones culturales foráneas, proclives a defender causas pacifistas en los estertores de la guerra de Vietnam. Y de paso nos hemos enterado de que el mandatario republicano temía que el inglés participase activamente en la campaña de las elecciones presidenciales de 1972 en favor de los demócratas. El director del FBI, Edgar Hoover, fue el responsable de buscar pruebas de antiamericanismo en la militancia pacifista  de John Lennon y espió hasta el último de sus movimientos en su apartamento del edificio Dakota, en Nueva York. Pero nada, el inglés parecía limpio del todo.

Lo que nadie sospechaba es que Nixon tenía un arma secreta desde hacía algún tiempo: el agente especial Elvis. Todo empezó cuando el autor de "El rock de la cárcel" se presentó en la puerta de la Casa Blanca, a las 9:30 h del 21 de diciembre de 1970, con una pretensión que no figuraba en el orden del día. Quería entrevistarse inmediatamente con el Presidente y no había tiempo que perder. "Que ha llegado El Rey", le comunicaron enseguida a Bud Krogh, consejero presidencial de Nixon. Krogh respondió:"Pero si hoy no esperamos a ningún monarca". "No. El Rey del Rock está aquí, en la puerta", le aclararon.

Tras el lógico desconcierto inicial, la alarma saltó cuando los agentes de seguridad vieron que Elvis portaba un Colt 45, con siete balas de plata, como regalo protocolario. "La pistola es un presente de paz", le soltó a Bud Krogh, ya en su despacho, y le hizo entrega de una carta de presentación, torpemente manuscrita y rica en errores gramaticales, en la que Elvis expresaba su "preocupación por la situación del país que amo" y solicitaba su ingreso en el FBI. Tras una apresurada valoración del impacto publicitario que podía tener la visita, a media mañana, El Rey entraba en el despacho oval y estrechaba la mano de su fan nº 1.
El encuentro en la cumbre es digno de pasar a los anales de la política marciano-americana. Veamos como se desarrolló la escena:

El aspecto del aspirante a agente secreto no parecía el más adecuado: Elvis Presley vestía chaquetón corsario con pantalones ajustados de terciopelo morado, camisa blanca todo cuello en seda y cadenón dorado a juego con un cinturón oversized; el impagable contraste con el riguroso traje gris del Presidente, con corbata de discreta fantasía, ha quedado inmortalizado en la foto oficial que preside la exposición que la Biblioteca Richard Nixon acaba de inaugurar en su sede de California.
En la muestra también puede admirarse la placa de juguete de agente del FBI, que los colaboradores de Nixon improvisaron a toda prisa con una chapa y una manita de pintura para satisfacer las fantasías de Elvis, que no dejó de insistir durante la entrevista que la necesitaba para combatir la "influencia perniciosa que suponían los Beatles para la juventud norteamericana".

Se dice que Elvis estaba "colocado" y que no dejaba de repetir que "podía luchar contra las drogas y el avance de los elementos hippies", pero que sobre todo que no dejaba de insistir  en que el dinero que ese "grupo de desarrapados" obtenía en los Estados Unidos "lo utilizan luego para criticar a los Estados Unidos". Ahí le dolía al Rey, que veía como su estrella bajaba al mismo ritmo que subía la de John Lennon en un mercado que consideraba suyo, en exclusiva.

Aún así, el Presidente de los Estados Unidos tomó nota del ofrecimiento y respetó, en principio, la "cofidencialidad" del encuentro. Un año después, el Washington Post publicó la noticia, pero sin entrar en honduras. Luego pasó lo que pasó con Richard Nixon y con su melodramática salida del despacho oval en 1975, a raíz del Watergate que destapó el mismo periódico en una serie de exclusivas que dieron la vuelta al mundo. Al agente Elvis tampoco le fueron muy bien las cosas y, tras jugar a placer la ruleta rusa con su propio mito, de Las Vegas a Hawai, fallecía en su mansión de Graceland, en el verano de 1975, por sobredosis de antidepresivos, anfetaminas, LSD y etc.

Años después, en diciembre de 1980, John Lennon era asesinado por un fan demente a la puerta de su casa, en Nueva York. Las balas que acabaron con su vida no eran de plata: ¡¡¡menos mal!!! En este folletín de conspiraciones palaciegas con ramificaciones múltiples, sólo nos faltaba un Mohamed Al-Fayed de turno acusando al Presidente Nixon –el pobre falleció de muerte natural, en 1994, alcoholizado y olvidado por todos, menos por Oliver Stone, que le dedicó una película soporífera– de estar detrás de la muerte de Lennon.

¿Por cierto, a Diana de Gales le gustaban más los Beatles que Elvis Presley? ¿Y a Felipe de Edimburgo? ¿Tendrán coartada? Lo más sorprendente es que Yoko Ono, con lo que es ella, no cante La Traviatta"

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9 comentarios

La historia de siempre en USA a que cosas mas interesantes se dedica el FBI...

Estoy convenciada de que a Diana de Gales le gustaría mucho más los Beatles que Elvis, sobre todo por la estética de unos y de otro.

Impresionante...y ademas con muertes paralelas...

Me gustaría comentar que soy asidua lectora de sus blogs y he intentado votarle en 20 minutos pero no lo he conseguido, de todas maneras enhorabuena Sr. Goya.

Elvis, el más grande

Elvis, el más grande

Elvis, el más grande

Elvis, el más grande

Elvis murió en 1977, no en 1975.

Quiero decir que Elvis es El Rey, y lennon no tiene nada que ver con el, en todos los sentidos. Si no hubiera sido por Elvis, el rock nunca hubiera alcanzado las dimensiones que alcanzo, y lo Beatles no hubieran existido siquiera.
Elvis murio en el '77 no en el '75.
Es lo malo dehablar sin bases y sin informarse.
Elvis es y seguira siendo El Rey del Rock & Roll.
Y en cuanto como era en personal, deberiamos primero estudiarnos a nosostros mismos.

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