“En términos antropológicos, tras un análisis de la conducta dispersa del sujeto, podría decirse que el ejemplar pálido, de 27 años, que responde al nombre de Pete Doherty es digno de encerrar para la Ciencia en las vitrinas del Victoria & Albert Museum de Londres, por ser único en su especie, morfológicamente inclasificable en la familia de los homínidos: ¿homo antecesorus? ¿neandertal, ahora que sabemos que comparte el 99% de nuestros genes? ¿O, astronómicamente hablando, eslabón perdido de un agujero negro? Proceda de donde proceda el modelo [a no seguir], es importante señalar que su comportamiento no es revelador de tara biológica alguna: ¡no caigamos en ese error de responsabilizar a los progenitores de los actos de su descendencia, que bastante habrán tenido con sufrirle en la gruta! Pensémoslo con un ataque de ira en la cocina antes de salir de pubs, por ejemplo, cuchillo en mano ante un par de salchichas con guarnición de tostadas requemadas. Situémoslo en el patio del college estrangulando al más bajito de la clase por no haber tarareado correctamente un tema de los Sex Pistols. En conclusión: sólo podemos decir que el ejemplar sigue en observación”.
Con estos antecedentes publicados en un blog perdido, ¿acaso pro-Doherty?, da susto pensar en la posibilidad de que esos cerca de dos metros de estatura pudiesen llegar a aproximarse a menos de doce de uno, la distancia a la que es capaz de proyectar la barra de su micro-jabalina durante sus “actuaciones”: la última vez que batió su récord mundial fue el pasado octubre al frente de su grupo, Babyshambles, en la discoteca Piper de Roma cuando, en un arrebato de doping –el muchachote es un reputado reincidente: ¡si hasta los monjes tailandeses que le acogieron en un arrebato de ingenuidad budista acabaron de él hasta la calvorota en sólo tres días, que son los que aguantó sin enviar un sms al dealer!–, proyectó el arma cortante a la asistencia, entre la que, por suerte, no hubo que lamentar víctimas.
Para no aburrir con el relato de las performances de juzgado de guardia del novio oficial de Kate Moss, lo mejor es que nos atengamos a la triste actualidad de los hechos. Veamos...
Estamos en Londres, en la tercera planta de un edificio de apartamentos del Este de la City, es domingo 3 de diciembre por la mañana, y el “novio oficial” figura en la lista de invitados a un party privado; en un momento, un tal Mark Blanco, presentado previamente como protagonista “amateur” de una pieza del Nobel Dario Fo: “Muerte accidental de un anarquista”, que se iba a representar el próximo fin de semana, entabla una acalorada discusión con Pete Doherty sin motivo aparente, a no ser que estar bastante perjudicados ambos después de una noche de copas y tormentas de nieve, sea suficiente motivo para que dos tipos antitéticos intercambien unos empujones y la líen parda. La reacción del anfitrión parece la normal en estos casos: el bebedor titular sigue en juego y al suplente se le saca la tarjeta roja y se le expulsa por la puerta de servicio.
Pero no fue así como concluyó el drama, porque hubo drama, aunque se diga “accidental”. El destino anticipó siniestramente una semana el estreno de la obra de Dario Fo, escrita en memoria de un activista fallecido tras caer “accidentalmente” desde el piso alto de una comisaría de Milán cuando estaba siendo interrogado. Mark Blanco no llegó a salir del apartamento como todos los asistentes –¿o casi todos?– suponían. Unos minutos más tarde del simulacro de expulsión, cuando Pete se había retirado a una habitación reservada que se había puesto lógicamente a su disposición –no vaya a ser que algún invitado le dispare unas fotos indiscretas–, unos chicos llamaron al timbre alarmados al haber encontrado el cuerpo de un hombre tendido sobre la acera. El hombre era Mark Blanco y estaba muerto. Luego vino la policía y se suspendió la velada, pero para ese momento el bueno de Pete ya se había retirado, de nuevo, a otro lugar para que ningún cadáver indiscreto le aguase su fiesta. La policía lo localizó junto a su amigo Paul Roundhill en un hotel, después de que el staff del establecimiento denunciase los destrozos que estaba causando Mr. Doherty.
No sé lo que opina la policía londinense, que hasta la fecha no ha incriminado a ningún invitado al party y que parece empeñada en atenerse al texto de Dario Fo en lo de la hipótesis de “muerte accidental”. Mientras tanto, la vida sigue… y aunque sólo sea por emitir un juicio sobre el comportamiento de Pete, me he visto varias veces el vídeo que reproduzco más abajo, en el que luce más fresco y simpático que una lechuga, y me he comprado una entrada para su gira española. Ya veremos si me atrevo a ir…
Babyshambles: martes 19, Barcelona (Sala Apolo); miércoles 20, Bilbao (Kafe Antzokia) y jueves 21, Madrid (La Riviera).







HELLO!
Canada
Rusia
Grecia
México
Hace unas semanas vi en un telediario a nuestro protagonista comprando misteriosamente una ¿medicina? en una farmacia en Lisboa, eso si, en la farmacia han puesto un piano blanco ya que al parecer es terapéutico, pero no le ha debido hacer mucho efecto digo la música, la medicación no lo se.
Pues iremos al concierto TODOS con casco y un seguro de vida del Ocaso
Da miedo el muchachito, yo por alla no iría.
Este tio en un impresentable, chulo y uffffff....lo peor vamos! Por mi como si se ahoga en una de sus tormentas de nieve y se queda más bobo aun si cabe de lo que esta.
jejejeej vaya no se si kate vio este video se fijaron como de reojo veia a las chicas q pasaban hasta se dio de lado para verlas jejejeje vaya chica a mi me encanta eh despues de tanta polemica