Tras un exhaustivo mes de trabajo, escapé a Toscana invitado por un matrimonio amigo, que había alquilado una casa muy agradable.
La casa estaba en pleno campo de Castellina in Chianti.
Esta dama de hierro no se desmayó al verme llegar. Es una de las sugerentes esculturas del propietario de la casa.
Varias esculturas de Alberto Inglesi pueden verse en el pueblo de Castellina in Chianti. Esta, con dos mujeres que se dan la espalda, evoca la ancestral enemistad existente entre las ciudades de Florencia y Siena.
El campo de España y las autoridades competentes deberían aprender de la Toscana italiana. En sus valles y colinas están prohibidas la vallas publicitarias. No hay escombros. No se ven colillas, papeles, ni botellas tirados por los suelos. No se permiten construcciones de varios pisos. Y las casas deben construirse con materiales autóctonos. Impresiona el orden perfecto y geométrico en que están ordenados los cipreses, viñedos, olivos y los campos de girasoles.
En el campo toscano hay muchos hoteles de agroturismo. De madrugada, es frecuente cruzarse con ciervos, jabalíes y puercoespines.
Las calles de los pueblos toscanos son encantadoras, limpias, bien restauradas y llenas de flores y plantas, como puede verse en estas fotos.
Las tiendas están decoradas con muy buen gusto y refinamiento, y no desentonan de sus antiguas fachadas.
En los pequeños restaurantes se degustan las especialidades de la zona, y los famosos vinos de Chianti.
El Pecorino, un queso de oveja, el Farro (granos de cebada) que se toma en sopas, cocinado como un risotto, o en ensaladas, y los embutidos de jabalí, son algunas de las delicias gastronómicas de la Toscana. En la casa en que yo estaba invitado, todas las verduras, las frutas, los huevos y las aves, que se cocinaban en la casa, provenían de los propios huertos y corrales. Los tomates eran buenísimos.
Cada día visitabamos diferentes pueblos de una belleza espectacular, perfectamente preservados y restaurados. Hay muchos libros con imagenes de la arquitectura medieval de la Toscana. Yo solo muestro algunos pequeños ejemplos de los pueblos, castillos y fortalezas, que fotografié en esta región.
Me sorprendió que en esta zona medieval se encontrasen galerías de arte muy vanguardistas. Aquí, en la entrada del "Parco Scultore del Chianti", me sumé al grupo escultórico japonés que hace cola para comprar la entrada.
Piero Giadrossi tiene una galería de arte junto al parque de esculturas que dirije. Me comentó, al enseñarme la vista panorámica que disfruta desde su vivienda, que el paisaje no ha variado desde hace dos siglos. Toda una lección para nuestros campos.
El 16 de agosto, asistí al famoso "Palio di Siena", con el grupo de amigos de la casa.
En esta carrera de caballos compiten las contradas (los 17 barrios de la ciudad de Siena). Este Palio dell' Assunta, tiene lugar todos los meses de agosto, desde antes del siglo XV. Cada contrada tiene su bandera que, durante el desfile, previo a la carrera, son lanzadas al aire, a mucha altura, y con gran destreza.
Esta fiesta popular y equestre tiene lugar en la plaza principal de la ciudad de Siena: La Piazza del Campo.
El evento ha evolucionado mucho desde sus orígenes medievales.
Ahora asisten unas 70.000 personas, hacinadas en esa plaza, animando con entusiasmo a los distintos barrios que compiten por llevarse el Palio a su barrio.
Antes de la carrera hay desfiles con vestimenta medieval, acompañados por música de bandas ataviadas también con trajes de época.
Unos enormes bueyes blancos arrastran el carro que porta el "Palio", el estandarte que será el troféo para la contrada ganadora. (Esta imagen es del Palio de 2006).
Yo, junto a mis amigos, estuve entre esta masa de gente. ¡Y a 36 grados de calor!
Tuvimos que esperar más de tres horas, de pie, hasta que salieron los caballos, que solo dan tres vueltas a la plaza a toda velocidad. Y, en un plis-plas, se acaba el Palio di Siena. Los jinetes no conocen a sus caballos, que les han sido designados por sorteo. Y deben montarlos sin estribos, ni silla. Más de uno cae durante la carrera y se rompe algún hueso. Este año ganó el Palio la contrada de la Civetta (la lechuza), con el jinete Andrea Mari, alias Brio.
Me sorprendió ver los antiguos relojes de una sola aguja, y que funcionan perfectamente.
El Duomo de Siena, su catedral, es impresionante.
Un día, al amanecer, soñé que me quería picar un escorpión. No le di la menor importancia a esa pequeña pesadilla, pero resultó ser premonitoria: Por la noche, al ir a ducharme, encontré este escorpión en la bañera.
Por suerte, me garantizaron que su picadura no era mortal. Pues hubiese podido acabar en este pequeño cementerio toscano.
En cada tumba puede verse la foto del fallecido. Yo tomé nota de alguno de los nombres propios de los allí enterrados, porque me parecieron rarísimos: Ampelio, Palmerino, Olinto, Sestilia, Giocondo, Décima, Sabatino, Angiolina... Nunca olvidaré estos días de descanso en Castellina in Chianti, y se los agradezco mucho a mi anfitriona y a su marido.








Los suelos de la gran terraza de Bazaar estaban bañados por unas proyecciones de luz, muy creativas, que variaban continuamente.
Carlos Tusquets, Presidente de Fibanc, asistió acompañado por su esposa Rosa.























El tantas veces campeón del mundo, Angel Nieto, con su esposa Belinda. 



















El galerista Ramiro Rafart y Lorenzo Quinn contemplan safisfechos la ubicación de las esculturas. 

Pino subió al escenario y agradeció la presencia de los asistentes junto a sus familiares.
Lorena, su fiel y entrañable esposa, colaboró mucho en la organización del evento.
Ejerció de presentador el periodista del Diario de Ibiza Juan Suárez, que habló del libro-regalo a Pino. Un compendio gráfico de toda su labor profesional, con fotos con celebridades, familiares, amigos, recortes de prensa, y dedicatoris entre las quese cuenta la mía. El responsable de la semblanza de Pino, en el libro, es Daniel Busturia, y lo ha editado Mario Arlatti, de SES SALINES IDICIONES. Hubo varias actuaciones, como la de José Amaya.
La de su gran amiga Kim Mazelle.
Después de cenar, apareció el showman Toni Riera con un disfraz muy divertido, junto a un grupo de fantasmas, y también las espectaculares gogós de Pacha. Y entonces comenzó el baile.


Pino, con una energía y un ritmo envidiables, se marcó los pasos de una Taranta napolitana, sobre el escenario.
Y este es un pequeño resumen de los invitados: Pino con Massiel y Javier Hidalgo. 

Nana Bottazzi y Esther Vaio. 
































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