Dedico este post a los alumnos de Postgraduado de Comunicación de Moda y Tendencias de la Universidad Internacional de Catalunya, que aistieron a mi clase de Relaciones Públicas, y a su directora, Dolors Massot, aquí sentada junto a mí en el aula.

Dije a los alumnos que con lo que más disfruto de mi trabajo es con la parte creativa e imaginativa: El diseño de las invitaciones, la decoración de los eventos, y las ideas para los shows. Para lo que cuento con proveedores del más alto nivel profesional, a quienes soy fiel desde hace muchos años.

Y puse como ejemplo la presentación de BABY DIOR. Un evento de lujo en miniatura para niños, que me encargó la Princesa Beatriz de Orleans, y en el que actuó de madrina la modelo Verónica Blume.

  Seguidamente expongo algunas imágenes de muy diferentes eventos organizados por el Consulting de Carlos Martorell.

  Presentación de LA REVISTA. Bellas Artes. Madrid.

  LA NIT DE LA PUBLICITAT. Sala Oval del Palacio de Montjuic.

  Evento HOTEL PLAZA ATHÉNÉE de París. Casino de Madrid.

  Evento LOUIS VUITTON. El Principal. Barcelona.

  Inauguración JOYERÍA VASARI. Hotel Ritz. Barcelona.

  Exposición de pintura de MARK KOSTABI. Galería Alcolea. Barcelona. Kostabi quedó maravillado al ver las esculturas vivas frente a sus cuadros.

  Tres distintos eventos en la JOYERÍA SENDÓN. Barcelona.

  Presentación del reloj Divan de CARTIER. Reales Atarazanas. Barcelona.

  Presentación del collar del Maharaja de Patiala de CARTIER. Barcelona. Los photocalls de CARTIER son muy elegantes. En el panel para los paparazzis no puse 50 veces el nombre de la marca, como suele hacerse.

  En el evento del collar de diamantes del Maharaja indio, y excepcionalmente, las azafatas y agentes de seguridad de GRANDES RASGOS y los camareros de SEMON aceptaron llevar un vestuario acorde con el evento.

  Presentación del catálogo de Asia, de BRU&BRU. El Principal. Barcelona.

  Para un desfile de Moda Gallega, de TURGALICIA, improvisé una pasarela-salón de té, en el Palacio de Pedralbes. Barcelona.

  Presentación de Virgingalactic. BRU&BRU. La Font del Lleó. Barcelona.

  Presentación de la marca PACO CHICANO. El Palauet. Barcelona.

  TURGALICIA. Para promocionar el turismo en Galicia se crearon varios sets para fotografiar a los invitados, a quienes se les entregaba un pequeño album de fotos, como si hubiesen viajado por Galicia.

  Presentación Pasha de CARTIER. La Llotja. Barcelona.

  JOYERÍA RABAT. Presentación de relojes Richard Mille. El Palauet. Barcelona.

  Dije en clase que nunca, en los eventos que he organizado, se ha pagado a famosos por el mero hecho de asistir. Sólo se ha contratado a famosos para que ejerzan de presentadores o de modelos. La gallega Paloma Lago, por ejemplo, presentó el desfile de TURGALICIA.

  Y Antonia Dell'Atte presentó una de las varias ediciones de LA NIT DE LA PUBLICITAT. Antonia entró en el escenario interpretando la canción de su disco: " He comprado un hombre en el mercado".

  Hace muchos años, fuí pionero en el tema de organización de eventos, y recibí algún premio (aquí de manos de unos jóvenes Marisa Medina y Pepe Navarro). En la actualidad hay cientos de Relaciones Públicas y mucha, y buena, competencia.

Y quiero dejar bien claro que jamás recibo un solo céntimo de las marcas que menciono en mis dos blogs de Internet. 

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¿Qué es esto?
 

El prestigioso interiorista Pascua Ortega y yo somos amigos de la adolescencia. Y no hemos dejado de vernos un solo año desde entonces. Ni siquiera durante los años 70, en que Pascua trabajaba para la Banca en Nueva York, y yo hacía, allí, reportajes para la prensa española y contactos internacionales para mi labor de Relaciones Públicas.

  En el año 1977 Pascua creó su Esudio de decoración e interiorismo. Y desde entonces, olvidada para siempre la aburrida Banca, su exitosa carrera ha sido meteórica.

 En mis manos cayó, recientemente, un ejemplar de la revista AD, en la que le dedicaban un reportaje titulado "Vacaciones de Pascua", haciendo un juego de palabras con su nombre, que muchos confunden con Pascual.

El reportaje mostraba la decoración de la nueva casa de Pascua Ortega, en el pueblo de Sant Iscle, en el Ampurdán. Este barcelonés, afincado en Madrid, ya tiene otra excusa para volver a sus raíces con más frecuencia, además de para visitar a su familia.

Tras demostrar mi interés por ver la remodelación que había hecho de la antigua masía catalana, Pascua me invitó a pasar allí un tranquilo y soleado fin de semana.

 El aire puro y fresco del campo, el intenso verde de la vejetación, la piedra, y el respetuoso y sencillo buen gusto, perfectamente adecuado a los viejos muros de la casa ampurdanesa, me encantaron.

  El silencio, en el jardín, es perfecto.

  En las casas de Pascua está siempre presente el relajante rumor del agua, sea el de una fuente en el interior de la vivienda, o el de una simple balsa.

La decoración de la casa no tiene pretensiones. Es sencillamente una casa de campo acojedora.

  Se ha respetado el carácter de la vieja masia ampurdanesa, combinando perfectamente detalles modernos y vanguardistas, donde prima el confort y la calidez de la iluminación, en la que participa el fuego de las chimeneas.

Una de las grandes especialidades de este genial interiorista es la iluminación, siempre tenue, favorecedora, y capaz de ser regulada en cualquier rincón.

La cocina es un lugar fundamental para Pascua Ortega. En las cocinas de sus casas se hace siempre mucha vida.

Es ya famosa su generosidad con amigos, clientes y conocidos. En sus casas reúne constantemente a numerosos invitados, logrando una mezcla, perfectamente medida, de personas y personalidades de todos los niveles sociales, el arte, la política, la Banca, o la moda. Pascua es tan buen decorador como relaciones públicas.

La zona de diseño más actual de la casa es la escalera, que da acceso al piso superior, donde hay varios dormitorios.

  Los cuartos de baño son muy acogedores, con pequeños detalles de anticuario.

  El dormitorio principal es muy espacioso. Una suite con vestidor, librería, un pequeño despacho y un cuatro de baño. Aunque esta foto la tomé desde el centro de la suite, y no da la imagen real de amplitud.

Pascua es muy feliz cuando se encierra en su confortable dormitorio, con sus libros, su música y su televisión.

  Desde la terraza de su habitación se contempla la masía vecina, que pertenece a su madre, y un valle muy verde que recuerda a la Toscana italiana.

  A muy pocos kilómetros está el mar de la Costa Brava, con pequeños pueblos marineros y restaurantes muy cerca del agua.

Aquí, en Tamaríu, después de comer al sol, el domingo, tomé esta fotografía de despedida.

 http://www.pascuaortega.com/

 Fotos: Carlos Martorell.

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¿Qué es esto?
 

Simultáneamente al desastre de Haití, mi ordenador se rompió y he tenido que comprar otro. De ahí el gran retraso en escribir en el Blog.

  Años atrás, durante una cena en el Hotel Ritz, mi adorada Elena Klein me habló del tiempo en que, junto con su marido Mariano Sanz Briz, estuvieron destinados como embajadores en Puerto Príncipe.

  Me interesó mucho la historia de La Española, nombre con que Cristobal Colón, en 1.492, bautizó a la isla cuando la descubrió, y pensé en viajar allí algún día.

Meses más tarde coincidí en un evento, en Nueva York, con la célebre bailarina y coreógrafa Katherine Dunham.
  La bailarina, que entonces tenía 69 años, me dijo que era propietaria de un pequeño hotel, en la capital de Haití, llamado La Residence Dunham. Unas pocas habitaciones frente a una pequeña piscina.
 Unas semanas más tarde, tras pasar unos días en Miami, aterricé en Puerto Príncipe, con una cámara Nikon, para tomar diapositivas, provista de un enorme flash (no como las pequeñas digitales de ahora) y otra cámara de vídeo. Era el año 1979.
 
La Policía de Aduanas me llevó a una cochambrosa habitación del aeropuerto, y allí me comunicaron que no podía entrar en Haití sin un visado. ¡Un típico y tonto despiste de juventud!
 
Enseguida me saqué de la manga una carta de recomendación, firmada por Elena Klein de Sanz Briz, y dirigida al Dr. Thear, Ministro de Sanidad del Gobierno de Duvalier. Y, como suele ocurrir en estos países bananeros, me dejaron entrar sin problemas en Haití.
 
La pobreza extrema, la suciedad, el caos, el tufo nauseabundo a letrina y la evidente corrupción del Gobierno me impactaron.
 
Mi primer encuentro con el Dr. Thear fue en un ruinoso hospital, donde pasaba visita. Me sorprendió ver que algunas camas estaban ocupadas por dos efermos. Thear me dió algunos consejos, y una muy especial dirección para asistir a una auténtica sesión de vudú.

Elena me había hablado del Iron Market (Mercado de Hierro), una estructura de impecable diseño que quise visitar en mi segundo día. Ese mercado no se ha desmoronado trás el terremoto. Pregunté la dirección por la calle, y un tipo me sugirió que me subiese a un camión que, supuestamente, se dirigía a aquel mercado de alimentos.

 

Enseguida me dí cuenta de que nos estabamos alejando mucho del centro, en aquel camión atiborrado de gente, cabras, gallinas y un cerdo.
 
El viejo camión se detuvo en un improvisado mercado en pleno campo. La higiene allí era deplorable. Ví trozos de carne de cabra y de pollo cubiertos de moscas, tirados por el suelo, bajo un sol de justicia y una humedad insoportable. Y gente haciendo sus necesidades junto a los productos que vendían.
 En francés pregunté al conductor dónde estaba el Iron Market. "Oui, oui. Market très bon", me respondió con su acento criollo, señalando una casucha rodeada por una verja oxidada y cerrada con un grueso candado. Enseguida comprendí que me habían enredado.
 
El camión arrancó dejándome allí tirado. Hice sonar la campanilla de la verja, y al poco apareció una anciana arrugada como una pasa, fumando en pipa, y con una enorme llave entre sus dedos agrietados y deformes.
 
Moviéndo la pipa me indicó que entrase. Me encontré en un patio lleno de mesas y sillas destartaladas y sucias. Antes de darme tiempo a reaccionar escuché un tremendo griterio y, alborotadas, aparecieron unas cinco mujeres muy gordas, cubiertas con unos batines entreabiertos.
 
Yo, mirando al cielo, imploré ayuda al Santo Patrón de lo Exquisito, que nunca me falla, para que me inspirase una triquiñuela que me evitara aquel mal trago. ¡Y funcionó!
 
Convirtiéndo mi francés parisino en una especie de jerga criolla, para hacerme entender, hice creer a la obesa prostituta que había confundido aquel cutre puticlub con una tasca para comer. Y le dije, subiendo la voz: "Moi, manger. ¡Moi, ñam, ñam!".
 
Cuando finalmente comprendieron que yo estaba hambriento de otras carnes más comestibles, y tras abonar unos cuantos billetes, me recalentaron un guiso negruzco de conejo, sobre unas brasas de carbón.
 
Mientras la mujer revolvía aquel engrudo en una sartén requemada, vinieron a mi mente imágenes de los trozos de carne medio podridos y cubiertos de insectos, que había visto expuestos a la venta en el mercado. Pero me lo tuve que tragar...
 
Mientras engullía el engrudo, las mujeres se pusieron a dar palmas y bailar, cantando un sorprendente estribillo: "¡Air France! ¡Swiss Air! ¡Pan American!"
 

Yo no recordaba que mi habitación de la Residence Dunham era tan agradable, hasta que vi esta foto digitalizada. En esa habitación pasé tres horribles y febriles días, de los que no quiero dar detalles, debido al tremendo envenenamiento.

 

Me habían dado gato por liebre, cocinado en su propia sangre. Durante los tres días siguientes me alimentaron con pan quemado, como trozos de carbón.

 

Ya mejorado, me dediqué a fotografiar los pocos edificios decentes de aquella "ciudad favela", de los que, tras el terremoto, ya no queda ni uno. Este era el Palacio Presidencial.
 
Pero la imagen de suciedad, abandono y pobreza extrema se me hizo cada vez más aterradora.
Me impresionaron mucho los hediondos riachuelos de aguas fecales, que fluyen por el centro de todas las callejuelas, entre las filas de barracas.
 
Niños descalzos y ratas chapotean, pisando la porquería flotante. Y eso puede verse, incluso, en el Iron Market.
 
He querido evitar mostrar las imagenes más duras de mi reportaje, pues bastantes se han emitido ya, tras la catástrofe producida por ese seísmo, de una magnitud nunca vista.
Hice muchas fotos a los llamados "Tap-Tap". Esos coloridos vehículos de transporte público, de distintos tamaños, que circulan por todas las calles. Cuando quieres apearte has de dar dos golpes: "tap, tap", y el conductor se detiene. De ahí su nombre.
 
Las pinturas naïf sobre las carrocerías suelen ir acompañadas por frases o imágenes religiosas.
 
"Voluntad divina".
 
"Dios, mi pastor".
  "A la voluntad de Dios".
 
En los "Tap-Tap" pueden transportarse todo tipo de objetos, equipaje, animales o productos alimentícios.
 
Y no se ponen nunca limitaciones.
 
Una tarde recordé la dirección que el Dr. Thear me había dado, por si me interesaba asistir a una auténtica sesión de vudú. Paré un pequeño Tap-Tap vacío, y me llevo hasta una aldea de Souvenance.
 
Un curioso tapiz indicaba que allí había una sesión de vudú.
 
De un inmenso árbol colgaban, como adornos navideños, cabezas de animales sacrificados, en estado de putrefacción. Y, rodeando el tronco, varios cadáveres de palomas y gallos configuraban una especie de corona.
En la base del tronco había un charco pestilente de sangre cuajada. La visión y el hedor me provocaron arcadas, y estuve a punto de retirarme.
 
Imagino que los gallos muertos y ofrendados provenían, no solo de sacrificios vudú, sino también de las tan frecuentes y populares peleas de gallos.
 
Delante de unos miserables chabolos, un hombre esperaba a los participantes, y mencioné el nombre de Thear, a modo de contraseña.
 
El ochenta por ciento de los haitianos es católico, practicando un catolicismo un tanto sui generis. Pero el cien por cien practica ritos y crée en el vudú.
 
Para ayudar a entrar en trance se emborrachan.
 
Los Ounis, o tamborileros, acompañan a los cánticos para invocar a los espíritus.
 
Durante los rituales se sacrifican cabras, gallos e incluso vacas, en ofrenda a los espíritus.
 
Y se entregan a danzas frenéticas.
 
Y entran en trance.
 
Caen poseídos y se revuelcan por el suelo, controlados por los Hougans, sacerdotes que dirigen en todo momento las ceremonias.
 
El vudú llegó con los esclavos de Africa en el siglo XVI
.
Una mujer enloquecida, tras comerse una tea encendida, introdujo la cabeza de una paloma blanca en su boca. La paloma aleteaba mientras se asfixiaba entre los dientes de aquella mujer.
El Ouni hizo un redoble con su tambor. Luego dió un golpe seco. La mujer apretó fuertemente sus dientes. Y la paloma cayó al suelo decapitada. Seguidamnete, la mujer, con una mirada enfervecida, me escupió a la cara la cabeza sangrante de la paloma.
 
Salí de allí zumbando!!! Y dediqué mis últimos días a buscar imágenes amables, como estas:
Me dediqué a la contemplación de la típica pintura naïf haitiana. Que refleja el carácter infantil del pueblo haitiano, paupérrimo, analfabeto y totalmente abandonado en la miseria, tras 20 años de dictadura corrupta.
 
Me bañé en maravillosas playas virgenes como Kayona.
 

Espero que, en un futuro próximo, estas playas sean un atractivo turístico que aporte medios para la reconstrucción de la capital y la mejora general del país.

Ahora, prácticamente, ya no existe Puerto Príncipe. Los pobres haitianos han sido víctimas de una cadena crónica de catástrofes naturales y humanas. Un desastre infernal de muy difícil solución.

El terremoto ha asolado una ciudad cuya imagen era ya desoladora. Yo deseo a Haití un futuro con importantes ayudas en sanidad y educación, sin más catástrofes naturales, y sin más corrupción política.

P.D.: El cuadro del Patrón de lo Exquisito fue un regalo-broma de Mª José Ankli.

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¿Qué es esto?
 

Hace muchos años que escribo maravillas de Nueva York en distintos medios y, por el contrario, soy muy crítico con mi ciudad natal: Barcelona. Por una vez quiero resaltar unas cuantas deficiencias de la ciudad de Nueva York. Problemas que no tenemos en la ciudad de Barcelona.

 

Imagino lo difícil que puede ser la retirada de basuras de una ciudad llena de rascacielos. Cada día se acumulan en las aceras auténticos montículos de bolsas, que pasan a ser cotidiano mobiliario urbano durante las 24 horas del día. Pues cuando retiran unas ya se depositan otras.

  Este problema, en verano, es mucho más grave. Debido a las altas temperaturas el hedor es insoportable.

  Ver Nueva York nevado es una maravilla. Todo parece impoluto bajo ese gélid0 manto blanco y espojoso.

  Pero, a las pocas horas, esa blanca maravilla se convierte en una resbaladiza pasteta gris marengo, que pone en evidencia la suciedad y la polución de las calles. Por suerte, en Barcelona, no nieva nunca, o en rarísimas ocasiones.

  En las esquinas, justo en los pasos de peatones, se forman unos enormes charcos de agua oscura con hielo, y si no llevas el calzado adecuado, que te cubra muy por encima del tobillo, se te empapan y congelan los pies y se te estropean los zapatos. Y esta porquería dura muchos días. Y si vuelve a nevar, ¡ya ni te cuento!

  No es de extrañar que el asfaltado de todas las calles y principales avenidas de Nueva York esté lleno de baches, grietas y socavones. Y en el insoportable calor de julio y agosto, se derrite el asfalto, y el alquitrán se te engancha en la suela de los zapatos.

  Los taxis son conducidos por paquistanís, indios, turcos, y conductores de otros países exóticos. No soy nada racista. Mi queja se debe a que la gran mayoría de estos taxistas solo chapurrea el inglés, y necesita el GPS para encontrar una dirección, incluso en el centro de Manhattan.

  Hablan por teléfono mientras te llevan a destino a toda velocidad. Muchos taxis huelen que apestan. Y, si ven que eres un turista, se hacen el tonto y no te devuelven el cambio. Y hay de tí si no les das propina. Yo siempre les doy propina, pues ya me conozco el tema.

Pero, si un taxista no te abre la puerta, ni te ayuda con una maleta, ni es amable respondiéndo a tus preguntas, o hace algo especial por tí, ¿por qué razón hay que darle propina obligatoria? ¿Se le da acaso propina al carpintero, al fontanero o la dependienta del supermercado, que hacen mucho más?

  Aunque parezca increíble: en Nueva York no hay radio-taxi. Cuando llueve o nieva te fastidias y si no encuentras un taxi libre (algo casi imposible) caminas o, como hice yo valientemente, te subes a un triciclo, que te cobra entre 40 y 50 $, y te juegas la vida viendo como te adelantan coches y camiones, a toda velocidad, sobre un asfalto helado y resbaladizo.

  Nosotros, en Barcelona, tenemos un estupendo servicio de radio-taxi. La ciudad dispone incluso de una plantilla de confortables y limpios taxi-mercedes. Y somos pioneros en el servicio de taxis exclusivos para mujeres.

  Otra opción en Nueva York es tomar el metro. ¡Y vaya opción más cutre!

  Ya el acceso da verdadero asco. No hay escaleras mecánicas. Son angostas y sucias.

  Los vagones están todos pintarrajeados y sucios.

  Las estaciones enmohecidas y llenas de desconchados.

  Las vias son un vertedero de basuras.

  Y se ven ratas del tamaño de un conejo.

Y ahora, para colmo de desgracia del ciudadano neoyorkino, van a suprimir dos líneas, pues el metro de Nueva York tiene un déficit de 383 millones de dólares.

En Nueva York no se invierte en infraestructuras.

En Barcelona, por el contrario, se están inaugurando nuevas líneas.

  Las entradas y escaleras mecánicas del metro de Barcelona son la envidia del suburbano de Nueva York.

  Las nuevas estaciones son espaciosas, están limpias, y bien mecanizadas e iluminadas. ¡Viva Barcelona!

  Y cambiando de tema:

Estas Navidades, American Airlines me perdió la maleta. Llegué a NY con lo puesto, y así pasé unas 30 horas. Y con la paranóia de no volver a ver mi equipaje nunca más. 30 horas más tarde me devolvieron la maleta, con el cierre roto, la ropa toda revuelta y arrugada, y 6 valiosos regalos de Navidad, para mis amistades de Nueva York, robados.

  Y tuvieron la caradura de poner en mi maleta una etiqueta que decía: PERFECT DELIVERY. (Entrega perfecta) ¡Manda huevos! Nunca más American Airlines, a quien dedico mi NERÓN ROJO.

Deberían ponerse cámaras en las zonas internas de facturación de equipajes y aduanas. El personal dispone de escáners y roban de todo de las maletas. Especialmente regalos bien empaquetados. Es escandaloso.

  Cuando fui a facturar en America Airlines, de regreso a Barcelona, el día después de la gran nevada, y con un frío impresionante, nos hicieron facturar en la calle.

Yo tuve que hacer una lenta cola, que servía para todos los destinos de American Airlines, con unas 600 personas. Tomé una foto, pues el hecho me pareció increible e inhumano. Había niños pequeños y ancianos muertos de frío.

Después de hora y media en la cola, me pesaron la maleta en plena calle y, cuando le comenté al facturador de equipaje que a la ida me habían perdido la maleta, me dijo, mientras depositaba mi equipaje en la cinta: Es que aquí hay que dar propina. Y se la tuve que dar, al muy cabronazo, para que no enviase mi maleta a Pernambuco.

Durante el vuelo pusieron aire acondicionado muy frio y viajamos con los abrigos puestos. Y no hicieron caso de las quejas. Una azafata llevaba una manta sobre los hombros.

Los auriculares, que se dan gratis en estos vuelos, aquí los vendían. Anunciaron la proyección de dos películas y no pasaron ninguna. Y a la salida una azafata pedía denero para una Fundación ¡A la mierda American Airlines!

Por suerte esto me ocurría unos días antes de las nuevas normas de seguridad en los aeropuertos, y no tuve que pasar por los vergonzosos nuevos controles que te obligan a estar en el aeropuerto unas 4 horas antes del vuelo.

  Los controladores de los escáners corporales se van a divertir de lo lindo.

 

Y todo por culpa de la obsesión de los gobiernos de los Estados Unidos por ir a guerrear y probar su armamento en países del tercer mundo, que luego se vengan con un atroz terrorismo. Parece que no les sirvió de nada la lección de Vietnam, ni la más reciente de Irak. Menos invertir en armamento destructivo y más invertir en infraestructuras, como escribió el Dr. Xavier Sáez-Llorens en "Gigante con pies de barro". Y los sumisos Presidentes europeos, con tal de no negarle nada al "Emperador" de turno americano, colaboran enviando tropas, "con fines humanitarios y pacíficos", con lo que únicamente se consigue exacerbar el ansia de venganza y destrucción de los malditos terroristas.

No me extraña que haya tanto loco suelto.

Fotos: Carlos Martorell.

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