gemma.jpgHola a todas!!!! Antes de nada quiero pediros disculpas por la tardanza en escribir este último post en el que quería contaros cómo ha ido todo de bien (gracias Dios mío!!!)

Carmen estuvo ingresada en la UCI durante una semana entera. Durante esos siete días poco a poco le fueron quitando cables y tubos y fue recuperando la normalidad, tal y como yo esperaba. De domingo a domingo, siete días interminables que fueron una mezcla de los mejores y peores de mi vida. Lloré mucho. Muchísimo. Sólo las que ya sois madres podéis imaginaros en su justa dimensión qué se pasa por la cabeza cuando ves a tu hijo enfermo. Ahora entiendo muchas cosas.

Puede decirse que entré en la maternidad por la puerta grande. O en términos taurinos, a puerta gayola. Nadie está preparado para esto. Puedo decir sin ningún tipo de duda que separarte de tu bebé recién nacido es cruel, inhumano y devastador. Pero había que hacerlo. Carmen necesitaba cuidados intensivos y yo no podía dárselos. Gracias, equipo de pediatras, enfermeras y auxiliares de clínica de la UCI de neonatos del Hospital Montepríncipe por cuidar de mi bebé. Especialmente a la pediatra Virginia y a dos enfermeras que la mimaron, Cristina y Mercedes. Nunca lo olvidaré.

Pero eso ya pasó. Carmen está ya en casa y excusándome en que lleva una déficit de cariño de siete días (como si necesitase excusas) está en mis brazos todo el tiempo que ella me lo pide, incluso más. Sé que muchas personas se llevan las manos a la cabeza pero yo estoy encantada de mimarla así o de, como dicen algunos, malcriarla. Parte de la noche dormimos juntas, no me importa decirlo. La lactancia materna es a demanda y está siendo un éxito. Come bien, duerme mejor y me la como a besos. Lo único que no le gusta y además se cabrea muchísimo es que le cambien el pañal. Del baño, ni hablamos; un auténtico drama para ella. Suerte que después viene pecho y mimitos de mamá y se queda como la seda.  Por cierto, la mochila porta bebés es un gran descubrimiento.

Pero yo no me quiero despedir de vosotras sin hablaros de algo que pienso que es realmente importante. Al fin y al cabo contaros cómo come mi bebé es algo que sólo merece una línea. Quiero reflexionar con vosotras una situación durísima y a la que poco caso hacemos porque no nos toca vivir a casi ninguna (afortunadamente). Y es de los bebés que están en la UCI y los difíciles momentos que pasan sus padres. Hago extensivo esto a los que están fuera de la UCI pero igualmente enfermos.

Estos días pasados compartí con padres de niños realmente enfermos, con cardiopatías congénitas y prematuros, el drama de ver cómo la vida se te escapa entre las manos. Dos angelitos subieron al cielo la semana pasada y que durante horas compartieron espacio con Carmen en las incubadoras de al lado de mi hija. Jamás mientras viva olvidaré las caras de esas madres apenas minutos después de conocer la triste noticia. Y digo madres, perdón pero así es como lo siento, porque...bueno, creo que no hace falta explicarlo. A una de ellas le prometí que cada noche cuando rece con Carmen antes de dormir rezaremos a esos dos bebés que lucharon con todas sus fueras por salir adelante pero que no lo consiguieron.

A todas las mamás y papás incansables que a veces podamos flaquear deciros que no debemos olvidar nunca lo afortunados que somos de tener a nuestros bebés sanos, rollizos, con todos sus órganos en funcionamiento y...en casa con nosotros dónde podemos cogerlos en brazos, amamantarlos, besarlos, acariciarlos...disfrutarlos. Eso no tiene precio.

Y hablando de precio. Por si alguna futura mamá me está leyendo en España y sale de cuentas a finales de este año...por favor, si se os ha ocurrido pensar, sólo pensar, convencer, sugerir, comentar a vuestro obstetra la idea de adelantar el parto para cobrar el cheque bebé...no lo hagáis. Aunque sean sólo unos días. Casi nadie sabe a ciencia cierta las semanas de gestación, puede haber un error en el cálculo y a veces una semana de vida más en el útero puede ser vital. Pensad sólo por un momento en ver a vuestros bebés en la incubadora por una cuestión tan banal y enseguida os daréis cuenta. Esto lo escribo porque sé que muchas mujeres lo están pidiendo y de verdad...ni todo el oro del mundo justifica jugar así con la salud de tu bebé.

Y ahora toca despedirme. He compartido con todas/os vosotras/os unos meses inolvidables. Ha sido un viaje maravilloso en el que sentía que no caminaba sola, que me hacíais compañía. He descubierto que la maternidad es algo muy poderoso que nos une a lo largo y ancho de todo el mundo, que no entiende de razas, culturas, dinero...los sentimientos son idénticos y eso nos une tanto!!!! De lo único que me arrepiento es de no haber sido madre antes. Ahora mismo no podría concebir mi vida sin ella. Soy tan feliz gracias a que ella existe!!!

Nada más amigas. Os pongo una foto de mi gordita del día que llegamos a casa y seguimos en contacto por facebook. Un gran abrazo a todas!!!

carmen.jpg

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¿Qué es esto?
 

Bueno, pues el gran día ya llegó y Carmen ya está con nosotros en este mundo. Me hubiera encantando escribir este post diciendo que llegué, empujé y la niña nació sin problemas. Sin embargo, las cosas no siempre salen como uno quiere. Ya se sabe, el hombre propone, Dios dispone. Pero tranquilas, Carmen está bien, de lo contrario no os escribiría, no tendría fuerzas.

El sábado de madrugada hacia las 3 más o menos, me desperté con unos dolores fuertes de regla. No era la primera vez pero sí que eran distintos. Así que me mantuve alerta. Poco a poco se fueron haciendo más intensivos y a eso de las 5 de la mañana ya me di cuenta de que estaba de parto.  El temor a llegar al hospital con una falsa alarma me detuvo un poco, así que esperé hasta las seis y media y ya por fin llegamos al hospital a las siete en punto. La ginecóloga de guardia me exploró y me dijo que tenía el cuello del útero borrado pero cero centímetros de dilatación, así que tocaba esperar con contracciones. Me pasaron a la cama de monitores para controlar los latidos de Carmen y mis contracciones que ya eran cada cuatro minutos. Y he de decir, bastante dolorosas pero soportables. Cada una duraba lo que yo tardaba en respirar profundamente cuatro veces y haciendo este gesto, la verdad es que se llevaban bastante bien. Hasta ahí todo normal. Sin embargo pronto me di cuenta de que algo no iba bien; el latido de Carmen, que debe oscilar como el de cualquier feto, entre 150 y 120 pulsaciones por minuto, empezó a bajar rápidamente hasta llegar a 45. Rápidamente avisé a la enfermera que llamó a la ginecóloga y me colocó de otra manera los monitores. Parecía que era una cuestión de haberse descolocado. Pasados unos intensos segundos, Carmen volvió a demostrar latido y rápido como el de un caballo. Curiosamente en ese trance me vino otra contracción que apenas percibí. La angustia de pensar que a mi hija le pasaba algo me hizo olvidar todo. Incluso el dolor. Pero otra vez bajaba el latido, no se perdía, se hacía vaga la frecuencia cardíaca que bajaba hasta 50. Estaba claro que mi hija estaba sufriendo.

La doctora de guardia decidió no arriesgar y esa decisión fue sabia. "Hay que hacerte una cesárea ya mismo". No había terminado de decírmelo cuando dos enfermeros ya me estaban desnudando y poniendo camino del ascensor. No había un segundo qué perder. Llegué al quirófano en dos minutos, otros dos para poner la anestesia raquídea (más intensa y concentrada que la epidural) y diez minutos más tarde oí llorar a mi hija.

Fueron los momentos más duros de mi vida, no hablaban pero yo sabía que algo no iba bien. Afortunadamente Carmen se presentó a la vida berreando y eso era un buen síntoma. Al menos estaba viva y consciente. La secaron y me la trajeron pero no la pude coger en brazos. Sólo acariciar su cara. Escuchó mi voz y se calló. Cariño no llores, le dije, y se calmó. No puedo explicar la sensación que tuve. No fue la de felicidad por haber parido, no, fue la de alivio porque sentí que por minutos habría perdido lo que tanto había soñado.

Me dejaron en la planta de reanimación media hora y la enfermera me decía que Carmen estaba bien. Yo sola. Nadie me podía acompañar. No sentía las piernas y estaba desolada. No quería dormir a pesar de estar agotada, tampoco podía llorar. Sólo quería llegar a la habitación para ver a mi hija.

Pero al llegar me dijeron que estaba en la UCI. Ella se había dado vueltas y se había enroscado con su cordón, la presión de las contracciones y no sé qué más cosas hicieron que sufriera y se tragara el meconio (su propia caquita). Claro, que te digan esas cosas que no esperas son como un jarro de agua fría. Me puse a llorar como creo que no lo he hecho en mi vida. Además, al estar yo con sonda no podía ir a verla así que no quiero ni rememorarlo. Ha sido, curiosamente, el día más feliz pero también el más angustioso de toda mi vida. Gracias a Dios, pero sobre todo a los médicos del hospital Montepríncipe, mi hija está sana y salva y algún día le podré contar cómo fue su llegada a este mundo.

Ayer subí a verla y hoy también. Aunque sé que está bien y evoluciona favorablemente, es inevitable que no te dé pena y siempre salgo de la UCI llorando. Pero hace un rato me han informado de que ha evolucionado tan bien que es posible que esta noche o quizás mañana por la mañana le quiten las sondas y la sedación. Así que ahora ya tengo un motivo más que grande para seguir recuperándome de mi cesárea y ponerme enseguida en forma para cuidar a mi gordita.

Es la más gordita de la UCI, claro. Ella está ahí por un problema respiratorio no por bajo peso. Hoy me decían sus enfermeras: "si no le pega nada estar aquí" Es una luchadora. Está tumbada con los brazos hacia arriba y los puños cerraditos. Yo le he abierto la manita y ella me ha apretado con fuerzas mi dedo índice. ¡Me reconoce y eso me hace tan feliz!  

Quiero terminar este post haciendo una reflexión: qué suerte haber escogido este hospital (Montepríncipe), qué suerte que el equipo médico sea tan bueno, qué suerte haber llegado tan pronto (que nunca os dé vergüenza llegar pronto por falso parto) y qué suerte que actuaran con tanta celeridad y tanta profesionalidad. De no haber sido por ellos, no sé qué le hubiera pasado a mi hija. Si ya lo decía en un anterior post, ahora me reafirmo. Confiemos en la ciencia por mucho que parir sea algo más antiguo que andar. Las cosas se pueden complicar y, de hecho, se complican, y estar en buenas manos ayuda mucho.

No quiero cerrar este post sin contaros cómo es Carmen. Las fotos las haré cuando salga de la UCI. Es rubita, pesó 3 kilos con sesenta gramos, todavía no sabemos cuánto mide ni tampoco sabemos de qué color tiene los ojos porque los tiene todavía cerrados (ese privilegio lo guarda sólo para ti me dijo ayer la matrona) Tiene la piel sonrosadita y suavecita y a mí me parece el bebé más delicioso del mundo.

Mañana espero contaros más cosas de ella y poneros unas fotos en breve. Y ahora voy a ver a mi hija. Un beso para todas

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¿Qué es esto?
 

Hola!!!! hoy he tenido la segunda monitorización...y sigo estando igual de verde. O lo que es lo mismo, que no he dilatado nada y que, por lo tanto, no parece que Carmen quiera salir todavía. El martes 28 salgo de cuentas y le he preguntado a mi ginecóloga cuántos días se pueden esperar una vez rebasada esa fecha antes de provocar un parto. La respuesta ha sido diez. Así que si mi gorda decide que está muy a gustito (no me extraña) dentro del útero, como muy tarde nacería el 8 de octubre. Espero que no se retrase tanto de todas maneras.

En la monitorización el latido va como un caballo de carreras, a 140 pulsaciones por minuto, algo lógico en un feto. Y las contracciones, esas que a veces me dan cuando paseo y me hacen pararme en el momento más inoportuno, ni rastro de ellas. Esto es como cuando tienes un hijo muy simpático y que hace muchas monerías y cuando en público le dices; "di esto, haz esto", se calla y no dice ni Pamplona. Pues así me pasa al tumbarme en la cama de monitorización. Ni una sola contracción.

A continuación consulta. En principio no me iba a explorar pero como la semana pasada ya vi que "no te mueres" porque te la hagan (ay qué ver cómo estoy de miedica últimamente) yo misma le he pedido que me mirase. Como siempre, mi hija, muy digna ella, de espaldas. En ningún momento del embarazo nos ha mostrado su cara. Menuda es ella. Sigue encajada y bien colocadita y espero que no dé ninguna sorpresita de última hora. Y lo más importante; el líquido y la placenta en estado normal, favorable, vamos, en román paladino, que todo está perfecto y en curso normal. Que llevo un embarazo de manual.

Y ahora empezamos con las apuestas. ¿Qué día nacerá? Ya en mi familia hay de todo. Unos opinan que la semana que viene y otros que la siguiente. No falta quien ha dicho que esta misma noche hay luna llena y que, cuidado, que dicen las abuelas que eso influye. En cualquier caso Carmen ya nacerá en el otoño que empieza hoy y para las que creen (yo un poquillo) en los horóscopos, será Libra.

Y mientras...a esperar. Por cierto, ayer ya me trajeron el cochecito leré y madre mía, además de tener la sensación de que estás montando un mueble de Ikea, ¿cuántos trastos necesita un bebé? Porque también he montado la bañerita en el baño...en fin toda una parafernalia sólo para ella.

Y ahora a pasear...al menos así mato el tiempo de la dulce espera!!! Os seguiré informando puntualmente!

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¿Qué es esto?
 

Esta sí es la pregunta del millón. ¿Cuándo nacerá mi hija? Salvo las mujeres con partos programados ninguna sabe a ciencia cierta cuando sucederá. De hecho siempre se habla de fechas probables. Así que aquí me tenéis, como os podéis hacer una idea, con los nervios a flor de piel esperando el gran momento.

Hay días que pienso; es esta semana. Otros que digo, se va a retrasar y va a nacer ya en octubre...Es más, hoy he hablado con una amiga de comer la semana que viene y hemos decidido que el martes, así que me voy a mi agenda de Outlook a guardar la cita y ¡atención! la cita es incompatible con otra! ¿Adivináis cuál? Claaaaaaaaaro, la fecha probable de parto. Y yo poniendo la comida alegremente. Claro que le he dicho a mi amiga que comemos ese día con la condición de que Carmen no se oponga y quiera salir antes, en cuyo caso...no tendremos más remedio que posponerla y, de paso, incluirla a ella en un futuro almuerzo.

Así que así estoy estos días....haciendo planes pero a medias. Con el condicionante por delante de...si no me pongo de parto. Y ¿cuáles son los síntomas del parto? No te preocupes, me dicen mis amigas las que ya lo han pasado, que cuando estés de parto te vas a dar cuenta. Me pregunto yo si eso será cierto. ¿Y si soy tan bruta que no me entero? Jajaja, eso no puede ser posible. ¿Y si no rompo aguas pero empiezo a dilatar? Digo yo que me daré cuenta, ¿o no? Porque como soy primeriza...claro, las que ya han pasado por un parto enseguida reconocen sus síntomas pero para mí todo es nuevo.

Y luego queda la ciencia que, en este caso, no explica qué desencadena un parto. No se sabe. ¿Lo averiguarán algún día, por cierto? Así que, así estoy, in albis esperando el momentazo.

Acabo de hablar con una amiga que tiene dos hijos y que me ha recomendado que no deje que me lo provoquen, es decir, que no me pongan el gotero de oxitocina. Me ha dado una explicación científica y, en principio, me ha convencido. Claro que ya sabéis como soy, dónde dije digo, digo Diego. Lo mismo me pongo como una histérica y reclamo hasta una anestesia general. Quién sabe. Espero por mi bien y el de mi hija mantener la calma para recibir a la gorda como se merece.

¿Me notáis un poquito nerviosa? Sí, ¿verdad? Voy a dar un paseíto a ver si me calmo un poco y mañana espero contaros qué me dicen en la segunda monitorización.

Besos a todas

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¿Qué es esto?
 

Cualquiera de estos días puede ser el gran día. Aunque salgo de cuentas el 28 ya se sabe que sólo el 5% de los partos se producen en la fecha estimada por el médico. Si sucede así mi niña nacerá prometiendo una cosa: ser meticulosa y estricta en los horarios.

Pero hoy no quiero hablar de mi niña aunque ella sea, en el fondo, el origen de mis desvelos. Hoy quiero hablar con vosotras de un tema que es muchas veces tabú pero que, ciertamente, preocupa a todas las madres con las que he hablado y han sido muchas a lo largo de todos estos meses.

El otro día tomé un café con una amiga que, además es psicóloga y aprovechándome de la amistad, me hice mi consulta particular con ella (que además también es madre y tardía, como yo). Le dije, "tengo que confesarte que el otro día se me pasó una idea por la cabeza que primero me abrumó y después me hizo sentir culpable, algo parecido a la madrastra de Blancanieves. Verás, le conté, una amiga me llamó por teléfono y me habló de unos planes relacionados con el trabajo pero que tenían un toque festivo, de fiesta vaya. Inmediatamente le dije que sí, que me apetecía mucho pero luego caí en la cuenta de que las fechas de las que me hablaba coincidían con el segundo mes de Carmen (y muy probablemente en plena lactancia). Nada más colgar un calor intenso me invadió la cara y el cuerpo y a continuación un escalofrío. Sólo una frase se me pasó por la cabeza: has perdido tu libertad de movimientos. E inmediatamente después llegaron los remordimientos por haber pensado eso. Mala madre, inmadura, egoísta, ¿cómo puedes pensar eso a días de dar a luz? Yo solita me fui torturando hasta llegar a casa. Tanto que no podía contener las ganas de llorar (ya empezamos con las depresiones, pensé)

Me abrumé, me sentí incapaz de comprenderme a mí misma, me odié, me desprecié y me dije: ¿qué me pasa? ¿le pasa esto a más mujeres? Así que cuando tomé el café con Marina (la psicóloga) se lo dije. Y sí, así es, es normal hacerte esas preguntas, es normal sentirte culpable por hacértelas, es normal todo.Y, además, son sanas. De lo contrario serías una mole de piedra.

La maternidad es algo que sucede a la mujer desde que el hombre está en la tierra. Eso es más obvio que cualquier otra cosa. Pero lo que no sucede desde los orígenes es que la mujer además de madre, sea trabajadora, tenga una vida pública al margen de su vida íntima y familiar. Y, casi siempre esa vida viene antes que la maternidad. Primero estudias, te diviertes, trabajas, entras, sales...y después te casas (o no ) y tienes hijos. Ése suele ser el orden. Si tienes la suerte (mi caso) de tener un trabajo que te reporta miles de satisfacciones y que te hace llevar una vida social en la que conoces a mucha gente cada día y te mueves como una culebra, entonces el parón que supone cuidar un bebé suele ser grande y notarse mucho más. De la vorágine del día a día a estar todo el rato con un bebé mamando, cambiándolo y acunándolo para que duerma. El cambio es significativo.

Pero yo, antes incluso de tener a Carmen en mis brazos y cuidarla, saco dos conclusiones: la primera es que todo pasa. El cuidado de un bebé es exhaustivo pero no eterno. Los bebés crecen. Y, aunque luego los echemos de menos porque ya se van haciendo mayores, vienen otras etapas también muy satisfactorias y que, de paso, nos van dejando a las madres mayor libertad de movimientos. La otra conclusión a la que he llegado es que la maternidad está muy mitificada. Muy probablemente por los anuncios de la tele que la pintan como algo idílico con bebés rubios de ojos azules muy simpáticos que siempre se ríen y al hacerlo dibujan hoyuelos. Pero la maternidad es también pasar noches en vela, es escoger (que no renunciar), entre una opción u otra, es tener una responsabilidad realmente abrumadora porque un ser humano depende de ti al 100% durante mucho tiempo, es tener dudas y miedos y es pasar muchas sangrías emocionales que sólo las que tienen hijos conocen. Eso sí, tiene una grata recompensa: tus hijos. Y no pongo yo aquí en duda que es el amor más incondicional que pueda existir. De no ser así, hace tiempo que nos habríamos extinguido.

Pero no me quiero despedir en este post dejando un mal sabor de boca. Estoy encantada con la idea de ser madre, si he llegado hasta aquí es porque lo tengo muy claro pero también tengo mis dudas y quiero compartirlas con vosotras y ver si existe alguna extraterrestre como yo por ahí pululando en la red.

Un beso a todas

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¿Qué es esto?
 

Holaaaaa a todas. Acabo de llegar de mi primera monitorización y por eso he esperado esta semana a escribiros. Quería compartir con vosotras esto. ¿Os acordáis que en el anterior post os dije que no tenía miedo al parto? Pues dónde dije digo...vaya, tengo que confesaros que me estoy empezando a poner nerviosa. Pero, también es cierto que haber ido hoy a la ginecóloga me ha tranquilizado muchíiiiiiisimo.

Primero me han tumbado en una camilla con dos sensores atados a un cinturón (flojito eh?) que mide el movimiento cardíaco del bebé y las contracciones si las hubiera. Pero no las ha habido. En cuanto al sonido de su corazón...pues ya sabéis que los fetos van a toda pastilla. Unos veinte minutos he estado escuchando sus rápidos latidos. La espera se hecho más amena gracias a la blackberry y chateando con amigas.

A continuación he pasado a ver a mi querida ginecóloga, la doctora Novelle, tan dulce como profesional. Lo primero, la temida báscula. Iba temblando por si me había pasado. Ya sabéis, el veranito, los helados...ejem. Pero, ¡milagro! Sólo he engordado 8 kilos. La verdad es que no lo entiendo porque después de comer siempre me regalo mi kit kat y hace dos días me premié con un antojo (huevos con patatas fritas...sssshhhhh)

Me hizo una exploración. Que también tenía yo mis temorcillos a que me doliese. Pues nada de nada. Y todo bien. Me dijo literalmente: estás todavía muy verde, lo que significa que no parece que el parto sea inminente. Ayer comencé la semana 38 así que el embarazo parece que va a durar sus reglamentarias 40 semanas...bueno, lo que Carmen quiera.

Y Carmen, la gran protagonista, pesa 3 kilos, lo que significa que es un bebé ni grande ni pequeño. Se estima que como mucho llegue a engordar en los próximos 15 días 400 gramos, así que será una niña, en principio con un peso bueno pero que no me cueste a mí mucho alumbrarla (eso espero). Como siempre, nos dio la espalda. Ella es o muy tímida o muy digna y no nos quiere mostrar su carita. Ah, por cierto, tiene más bien poco pelo, algo que me agrada porque me gustan los bebé sin pelito (yo nací calvita, por cierto) aunque está claro que mi bebé me va a gustar venga como venga.

Lo más importante, es decir, su salud, está todo perfecto. Latidos normales, cabecita normal...en fin, todo en orden.

En cuanto a mis pinchazos pélvicos me ha dicho la doctora que eso es que ella encaja su cabecita. Ya está perfectamente encajada. Esperemos que no se mueva y se quede ahí quietecita para que el parto sea lo mejor del mundo.

Sigo con mis insomnios aunque esta noche sí he podido conciliar el sueño ¡¡¡siete horas seguidas!!! Claro que la anterior estuve en vela desde las tres de la mañana y tampoco pude dormitar nada en la siesta así que ayer caí rendida como la bella durmiente.

Ya estamos, ahora sí, en la recta final. En quince días será el gran día, ese que grabaré en mi mente para el resto de mi existencia y que será el más feliz de todos los vividos por mí.

Tengo muchas ganas de que ese momento llegue pero también mis temores...pero como dicen los taurinos...en peores plazas hemos toreado, ¿verdad? Bueno... en este caso creo que no.

Me encantaría que me contaseis (las que ya lo hayáis pasado) cómo fue vuestro parto para que yo me vaya haciendo a la idea de que esto tampoco es para tanto...¿o sí? Soy una mar de dudas...

Un abrazo a todas mis queridas lectoras

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¿Qué es esto?
 

Miedo, lo que se conoce como miedo, no tengo. Más bien tengo intriga y sobre todo un inmenso respeto. La verdad es que las cosas cambian mucho depende de si te las imaginas a si las vives. Recuerdo que al principio del embarazo pensaba que iba a ir a Marruecos sin problema en las vacaciones...claro que luego empezó a crecer la barriga, el embarazo fue cobrando ya una forma importante y entonces es cuando te das cuenta de que va en serio y que mejor hacer las cosas, yo ya no digo que bien, pero sí al menos de manera sensata. Y dejé los viajes menos seguros para otro momento.

Estamos en el año 2010, en un país desarrollado y con unos grandes avances técnicos espectaculares, así que mi yo racional está tranquilo por esa parte. No voy a dar a luz en condiciones extremas ni en medio de la selva. Pero, siempre hay un pero, mentiría si os dijera que voy tranquila y pancha como quién acude a dar un paseo a la playa. Ya digo, no es miedo, es respeto a que algo pueda torcerse, a que algo salga mal...no sé, no quiero seguir describiendo porque es como mentar a la bicha y da mal fario.

Sé que se viene pariendo desde hace miles de años y por eso sé también que los métodos de antes, o mejor dicho, los no  métodos, hacían que la mortalidad de las madres y lo neonatos fuese tan alta. Hoy en día, con las grandes medidas de asepsia y los grandes avances de la medicina en materia de profilaxis y prevención y curación de infecciones nos salvan de algo que antes era un trago ciertamente peligroso.

Precisamente por todas estas cosas que acabo de nombrar me gustaría comentaros algo que he leído hace bien poco acerca de otros partos. Ya sabéis (si me leéis desde hace tiempo) que soy más partidaria de las cosas naturales y que prefiero claramente la leche materna a la otra (sin menospreciar ninguna opción está claro), que soy más de la teoría de (luego ya veremos la práctica) de coger a los bebés en brazos y de muchas otras cosas que suelen estar clasificadas en lo que es más natural. Sin embargo discrepo, y mucho, de la moda de volver a tener los partos en casa. Por supuesto siempre respetando las opiniones de los demás, esto quiero que quede muy claro.

Lo lógico y normal es que todo suceda con normalidad. Y si es así, basta con un matrona para poder traer un bebé al mundo (y ojo, una matrona es una especialista con sus años de estudios y experiencia, que tampoco es la abuela de la vecina que sabe mucho de asistir nacimientos). Pero desafortunadamente en esta vida a veces las cosas no salen siempre como uno quiere y un parto se puede complicar y lo que se puede resolver con un buen equipo médico y un quirófano, en una casa, se puede llegar a convertir en algo con final no feliz. Respeto a la gente que lo quiera hacer pero no lo entiendo y no lo haría. Creo que es jugar con fuego de una manera innecesaria.

Confío plenamente en la ciencia médica y sinceramente prefiero apostar por lo seguro, sobre todo porque ya no sólo se trata de mi vida, sino también de la de mi hija de la que soy responsable. Así que ya digo, miedo no tengo, pero respeto al parto, sí. Y mucho.

Espero poder contaros cuando todo haya pasado que fue cosa de coser y cantar.

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¿Qué es esto?
 

Hoy empiezo la semana 37 y las contracciones ya son algo más que conocido para mí. Me suelen dar cuando camino, estoy de pie o realizo un "esfuerzo" mayor al normal. Sé que son contracciones porque el abdomen se pone duro, noto unos pinchazos fuertes en la zona pélvica y porque...esto ya está en camino y parece que es lo normal.

Ayer releía el libro de la doctora Josefina Ruíz Vega, nueve meses de espera (libro que os recomiendo por su lenguaje científico pero claro y porque no se pierde en fruslerías). Dice la afamada ginecóloga que las contracciones son normales a lo largo de todo el embarazo pero que empiezan a ser perceptibles para nosotras hacia la semana 35. Y sí, efectivamente yo estoy notándolas desde ese momento más o menos.

Como ya podemos decir que el parto está cercano, ya tengo preparada mi maleta de hospital. Y digo cercano porque a partir de una semana, cuando ya esté en la 38, si mi Carmencita nace, ya no será prematura, sino un bebé a término. Os cuento lo que he metido en la maleta por si me podéis dar alguna idea.

Cosas para mí:

-Dos camisones con abertura de botones para el pecho (lactancia)

-Una bata

-Unas zapatillas

-Ropa interior cómoda y grande (aunque me ha recomendado mi amiga Cruz que son mejores las braguitas desechables por las hemorragias posteriores al parto)

-Mis útiles de aseo personales

Cosas para Carmen:

-Bodies. Aquí se ve mi total y absoluta inexperiencia. Como no tengo ni idea de lo que va a medir o pesar ni del tiempo que hará, he metido dos para talla 50 cm, y cuatro para tallas superiores así como pijamitas de cero a tres meses. Estoy totalmente perdida.

-Útiles de aseo. Aquí igualmente perdida. No sé si la voy a poder bañar (creo que no hasta que se le caiga el cordón). No sé si me dejarán echarle cremita. Creo que esto sí.

-Pañales. Esto no lo he comprado porque entiendo que me lo dan en el hospital. Si no me lo dan tendré que encargar a alguien que me los lleve y mientras tanto no creo que me nieguen un par de ellos por caridad.

- Dos arrullos. De los diez que me han regalado (jajaja) he metido uno rosita y otro blanco para llevar a la maternidad.

En fin y esto es todo lo que he puesto. Ah también chupetes pero me parece que no los pueden usar al principio, ¿verdad? Madre mía que verde estoy.

Y ahora unos toques de feminidad. Puesto que el parto puede venir en cualquier momento y nunca sabes quién te va a visitar, hago una recomendación de estética que no debemos olvidar. Estar perfectamente depiladas y con una presencia de pedicura y manicura correcta por si de repente hay que salir corriendo y ya no hay tiempo para retoques estéticos. Claro que no es fundamental pero siempre una se siente más cómoda si está presentable ante visitas que si por un descuido estás con una pinta no muy buena. Y entendedme. Una cosa es tener cara de cansancio y agotamiento por el parto y por el esfuerzo realizado y otra es presentar un aspecto desaliñado. Tenedlo en cuenta.

Muchos besos para todas (os) ....ya falta menos...

 

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¿Qué es esto?
 

Esa frase del titular, se te va a adelantar el parto, la vengo escuchando desde hace ya un mes. Y no es de mi ginecóloga. ¿Y sabéis por qué no es de mi médico? Porque los médicos (sabios ellos) saben que un parto es impredecible salvo que rompas aguas y tengas contracciones regulares cada cinco minutos (que no es el caso) Entonces sí saben que vas a dar a luz en un plazo estimado de 24 horas.

¿Quién me dice esas cosas entonces? ¡¡Pues quién va a ser!! Los expertos en embarazos que abundan por las calles. Las amigas de mi madre, las vecinas de mi madre, las señoras que no conoces de nada. Y todas te lo dicen con una seguridad que te hacen dudar hasta del mismísimo Ramón y Cajal. Además hacen esa afirmación basándose en....ATENCIÓN!!! el maravilloso dato científico de: es que tienes mucha barriga....ggggrrrrrr ya estamos. Y no, de verdad que no, mis queridas lectoras, tengo la barriga que hay que tener cuando tienes dentro un bebé que pesa ya casi tres kilos y medio y estás comenzando el noveno mes de embarazo. ¿Dónde pretenden que tenga a Carmen? ¿En las piernas?

Venga, me lo voy a tomar a broma porque de no ser así me daría algo. Ya me comentó ayer una amiga lo siguiente: "ah tú tranquila ahora todos son ginecólogos pero cuando nazca la niña todos serán pediatras". Claro que he de tomármelo a broma pero como dice el dicho español....tanto va el cántaro a la fuente...he de reconoceros que ya me han llegado a preocupar. Yo no quiero que mi hija nazca antes de tiempo. Ya sé que ahora podría hacerlo sin tener la más mínima complicación. Pero yo soy de las que piensan que la naturaleza hace las cosas bien. Y si durante este tiempo se ha formado en mi útero una máquina perfecta (porque eso es lo que los humanos somos) es porque tiene sus tiempos, así que el noveno mes servirá para algo.

Por cierto que os quería comentar un tema que creo que es importante aunque le dedicaré un post a ello más adelante. Ya tengo contracciones. Son como tres o cuatro al día. Me suelen dar cuando camino y la sensación es de unos fuertes calambres por la zona púbica que duran unos dos o tres minutos de forma intensa y después desaparecen. La tripa se pone dura y la zona ovárica tiene ese dolorcillo típico de cuando estás menstruando. Ya sé que es algo normal (esto sí me lo ha dicho mi ginecóloga) y que no es más que el cuerpo preparando el canal del parto.

Y ya entramos en el mes de septiembre, mes en el que teóricamente nacerá Carmen. Ay Dios mío, lo pienso y me emociono tanto. Tengo tantas ganas de tenerla en brazos que hasta me da miedo estrujarla demasiado. Vosotras no me conocéis pero mis amigas (que alguna que es muy santa me lee) saben lo que siempre me han gustado los niños y lo mucho que disfruto con ellos. Y ahora por fin voy a tener a la mía!!!!

¿No tenéis la sensación de que esto es lo más bonito y lo más grande que habéis hecho nunca? A veces da miedo pensar lo poderosas que nos llegamos a sentir sólo por el hecho de gestar y alumbrar un ser humano...

Un beso muy grande para todas

 

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¿Qué es esto?
 

Durante toda la gestación he estado expectante y preparada para dar la bienvenida a todas esas cosas que se supone que tienen que suceder y que después no pasan. Desde que supe que estaba embarazada esperé que llegaran las náuseas y canté victoria (antes de tiempo) porque finalmente aparecieron en la semana 16. Fueron consideradas, podían haber venido antes y llegaron tarde y además se marcharon pronto. En la semana 20 ya no me acompañaban. Luego esperé la acidez y apareció hace poco, unas tres semanas (estoy en la 35)...Las estrías me tenían también alerta y de momento ni están...ni se las espera. Así que si vienen no serán en absoluto bienvenidas.

Y por fin ha llegado el noveno mes, ese que todas te cuentan que es horrible y yo sigo estando ágil. Es verdad que me duele la espalda (pero voy al fisio y me deja nueva), es cierto que para levantarme de la cama hace falta que primero me ponga de lado y después me incorpore. Pero también es cierto que ni se me han hinchado las piernas, ni he aumentado un peso exagerado (voy por los 6 kilos que intuyo que están todos alrededor de la tripa porque el tamaño de mi trasero sigue siendo el mismo) ni me encuentro desesperada.

Y sin embargo me encuentro con una cosa que no sabía que me iba a gustar tanto. Y es que juego con mi hija. Os cuento: Carmen está colocada boca abajo. Eso significa que su espalda y su culete están pegados a mi abdomen y yo lo puedo tocar acariciándome el ombligo. Sus pies están a la altura de mi cintura (lado izquierdo) y cuando se estira sale un taloncillo. Es entonces cuando lo intento pellizcar y ella se zafa como queriendo escapar. Pasan unos minutos y vuelve a intentarlo a ver si ya no hay peligro y yo vuelta a pellizcarle...y así podemos estar jugando una hora.

Es tan delicada mi niña que si me tumbo del lado izquierdo y ella nota que se le quita su espacio en los pies, protesta y entonces me tengo que poner del otro lado. ¿Qué os parece? Ella ya va reclamando lo que quiere y así me lo hace saber. El otro día sacó lo que yo creo que era un codo y casi me desmayo del susto al ver cómo de mi abdomen salía una protuberancia... me vino a la cabeza el recuerdo de la serie V, ¿os acordáis? Daba la sensación de que tenía un alien dentro de mí, jajajaja. Es impresionante.

Todos los días voy a dar un largo paseo por la playa (todavía estoy de vacaciones). Es entonces cuando le hablo y le cuento cosas de cuando yo era pequeña pero no le debe de gustar mucho porque se queda dormida. Ya cuando nos sentamos para tomar el aperitivo, es entonces cuando empieza a saltar y hacer monerías como para decir: eh miradme, que estoy aquí.

Y así nos pasamos el día entero, ella salta, yo juego con ella, yo camino o le canto o le hablo y ella se duerme. Ya sé cuándo se va a mover y cómo. El movimiento lo reconozco. Si estoy con gente digo: mira, pon ahora la mano que ya verás cómo la notas... pero es tan rápida la muy aguililla que cuando la gente me toca la tripa ya ha terminado su movimiento y deja de moverse, con lo que a mí me deja fatal, jajaja.

En fin que todas estas cosas son las que hace ya mi pequeña Carmen que, según mis cálculos debe de andar por los 3 kilos (siempre teniendo en cuenta que es un peso estimado)...vamos a imaginar que son 400 gramos menos... por si las moscas.

Ah por cierto. Hace 3 semanas nació Álvaro, el hijo de mi amiga Cruz. Hemos vivido juntas el embarazo y ahora echo de menos su no estado. Tuvo un parto fantástico, sin dolor, sin traumas, el niño nació gordito, se enganchó enseguida al pecho, duerme y mama fenomenal y la madre está estupenda. Tanto que el día que le dieron el alta me llamó desde una terraza dónde estaban comiendo al sol (creí que era ciencia ficción, me imaginaba que al otro lado del móvil estaría una Cruz dolorida, cansanda y que va, tan campante comiendo). Así que os lo cuento porque pensar en su ejemplo me quita miedos, me quita preocupaciones y es que los partos, por norma general, son buenos. Lo que pasa es que tendemos a recordar las historias truculentas.

Bienvenido pues a la vida, Álvaro, que además compartirás en un futuro muchas horas de juegos con Carmen. Y felicidades a Cruz y a Luís que no tienen suficientes baberos (para ellos)

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