Tener emociones y sentimientos, sean cuales sean, es parte de la condición humana. Sentir es vivir.
Pero los niños deben aprender a manejar y regular sus emociones y ENCAUZAR
Cada sentimiento tiene un papel y nos permite cuidar de nosotros mismos; forman parte de nuestro instinto de auto-conservación (descargar la energía de una frustración acumulada, deseo de afecto de los demás, conseguir el aplauso y atención, seducir...).
Lo malo es que a veces aparecen sin control en forma de rabietas, lloros, quejas, pataletas... e incluso un niño enfadado puede pegar a alguien (padres incluídos). Aparece también oposición a la norma y cambios bruscos de ánimo.
Normalmente coinciden en periodos evolutivos en el que los niños están aprendiendo a esperar, no aceptan un NO por respuesta, tratan de lograr su autonomía y reafirmarse frente a padres y hermanos (celos, competitividad...), aparecen los primeros sentimientos de miedo de pérdida o de inferioridad.... Y por ello, pondrán a prueba nuestro vínculo, aceptación y consistencia en
¿Qué hacemos entonces?
Algo tan difícil se traduce en las siguientes actitudes:
- No consentir lloros, rabietas, gritos y agresiones. Simplemente ignórelas o contenga físicamente al niño según sea la situación mostrando una actitud enérgica y firme.
- Muestre enfado y transitoriamente "castíguele" de algún modo basado en la retirada de la atención (mandarle a su habitación durante un tiempo). Lo importante es que ellos sientan que esa actitud les trae problemas y no merece la pena repetir la función.
- Una vez que haya desaparecido la rabieta y el enfado, hágale saber a su hijo que si está triste o enfadado por alguna razón, no ha buscado un buen modo de resolverlo. Dígale que entiende lo que siente, que haga lo que haga será aceptado y querido, pero así no se resuelven los problemas.
-Pídale que le gustaría que pidiese perdón, y por supuesto, pida perdón a su hijo en caso contrario.
- Después de esta "reconciliación", habrá tiempo para besos, achuchones y abrazos; para escuchar y comprender.
- El sentido del humor es un arma magnífica en la vida ... y con los hijos para relativizar los problemas y diferenciar lo esencial de lo no importante. Busque ratos de juego para "reirse" unos con otros. Juegue a imitar a mamá cuando se enfada y grita; a imitar a papá cuando llega cansado de la oficina y "explota" y a imitar a su hijo cuando pide las cosas llorando o monta la "pataleta".... Y ofrezca soluciones alternativas positivas en este espacio para la dramatización.
Recuerda, que todo conflicto es una oportunidad para CRECER y no un callejón sin salida, y que todo niño tiene su PROCESO y sus propias capacidades para crecer autónomamente.
Mónica Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
www.zana.es
Madrid. Tel. 91 3880927







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Un excelente articulo,gracias!!Maria H.Gonzalez