Al igual que los padres perfectos no existen, los hijos "ideales" tampoco. Al hablar de problemas de conducta, podemos decir que todos los niños se "portan mal" en algún momento mostrándose caprichosos, negativistas, desafiantes...hacia los padres u otras figuras de autoridad.

Ante estas situaciones, los padres podemos sentirnos culpables, insatisfechos y desanimados en nuestra labor educativa y llegado un momento no saber qué hacer y podemos caer en la permisividad, la hostilidad, el uso continuo de gritos y amenazas, castigos, premios.... sin conseguir ningún resultado positivo con estos recursos. Por supuesto que podemos recurrir a maravillosos libros y manuales que siempre están en la mesilla de noche basados en la célebre "Modificación de conducta" que abordan este tipo de enfoque con claridad y práctica directa a un final feliz que no logramos conseguir. ¿Por qué no?, ¿Existen por tanto recetas para educar? Y si existen ¿Cuáles son los ingredientes para una familia feliz?

Sin embargo, (creo yo) para Educar bien no existen recetas. Se aprende de experiencias concretas y luego se generaliza, al igual que educar y enseñar a vivir a nuestros hijos no es proporcionarles experiencias buenas y aislarles de las malas. Es ayudarles a aprender de ellas y enseñarles a adaptarse a todas las situaciones, buenas y malas.

Por supuesto que existen técnicas y recursos educativos que nos pueden ayudar a resolver exitosamente problemas de conducta cotidianos e inmediatos hacia ese añorado final feliz y en los siguientes blogs hablaremos de ellas. Pero hoy comenzaremos por los principios básicos, por el principio.... porque toda medida educativa depende del contexto, del niño y de lo que queremos conseguir. "Castigar" a un niño puede ser absolutamente contraproducente en un determinado momento y perfectamente adecuado en otro. Lo difícil es desarrollar ese "sexto sentido" que nos ayude a acertar en el momento oportuno.

Esta cita no es mía, pero me ha acompañado muchos años como madre y profesional porque resume la esencia de cómo educar: "Educar a un niño es como sostener en la mano una pastilla de jabón. Si aprietas mucho sale disparada. Si la sujetas con indecisión, se te escurre entre los dedos. Una presión firme pero suave la mantiene sujeta" (Os dejo pensar que la frasecita tiene tela y que en vez de ayudar, os lío más).

Esta semana toca pararse a pensar en cómo educamos y por qué educamos así. A veces en el día a día, vamos tan deprisa, sin crear tiempos y espacios de reflexión personal y trasladamos nuestros sentimientos (cansancio, culpabilidad..) y nuestros pensamientos (¿Soy una buena madre?) a las acciones educativas que llevamos a cabo con nuestros hijos. Tened claro que siempre hay una conexión entre sentimiento (soy una estupenda madre), pensamiento (puedo hacer las cosas bien) y acción (Educo a mis hijos con disciplina y normas porque es positivo para ellos).

Ahí va esa lista de principios (ya hemos ido diciendo muchos más):

- Nuestras decisiones están influidas por cómo hemos sido educados. Ser conscientes de ello ayuda a educar mejor.

- Tus hijos no nacen con tus carencias ni necesidades. No se las crees.

- Los padres son los educadores. El colegio sólo complementa.

- Educa en el presente, pero con perspectiva de futuro.

- Educando, vamos a COMETER ERRORES, pero no hay error que no se enmiende.

- NADA ES LO MISMO para un hijo que otro. No busques las mismas condiciones para todos. Educar bien es dar a cada hijo lo que necesita; no es algo injusto; es respetar su derecho a su individualidad.

- Tu hijo es una "antena parabólica constante". Se entera de todo, lo imita todo. Aprende más de lo que ve que de lo que decimos.

- Los niños necesitan una LIBERTAD CONDUCIDA.

- Los niños NECESITAN NORMAS Y LIMITES. La DISCIPLINA no es algo negativo. Es algo que nuestros hijos esperan que apliquemos naturalmente y de acuerdo a nuestra jerarquía de padres. 

- Si nosotros no ponemos límites a la conducta de nuestros hijos, lo harán ellos. Crearemos hijos TIRANOS, INSEGUROS O INMADUROS incapaces de enfrentarse a la frustración.

- Debemos explicarles las cosas (casi siempre) y de forma breve pero los niños necesitan OIR: "PORQUE LO DIGO YO".

- El mayor deseo de todo niño es que mamá y papá estén pendientes de él. La atención que les prestamos es nuestra mejor arma. QUIÉN SABE CóMO Y CUÁNDO PRESTAR ATENCIÓN A SU HIJO SABE EDUCAR.

Como padres, en nuestra actuación, debemos dar a nuestros hijos el siguiente MENSAJE:

/> SÉ QUE PUEDES CONSEGUIRLO.

/> POR ESO TE ENSEÑO Y TE EXIJO.

/> Y CÓMO SE QUE TE CUESTA ESFUERZO, TE LO RECONOZCO.

/> HAGO ESTO PORQUE TE QUIERO.
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¿Qué es esto?
 

La semana pasada conocí a Daniel en mi consulta. Tiene 10 años y estudia 5º de primaria. Es un niño despierto e inteligente, expresivo y comunicativo. Se mostró desde el principio abierto y hablador (cosas del cole, los amigos, su equipo de fútbol, las clases de judo, la pesada de su hermana de 15 años...) y como se suele decir, "hubo química " entre nosotros.

Cuando le pregunté por qué razón sus padres lo habían traído a una valoración pedagógica, él rápidamente me contestó: " ¡es que soy Hiperactivo!" .Yo contesté :¿Y qué crees tú que significa esa palabra?. Daniel no lo dudó: "pues que es casi un milagro que te estés quieto y no te muevas de la silla; que estés callado sin hablar con los compañeros; que dejes de jugar con la goma hasta que se rompe... y que no te castiguen en el cole aunque no sepas muy bien por qué. Bueno, otras veces, me meto en líos sin querer".

- "¿Y qué notas sacas? ". "Soy de cinco, seis, no más. Por lo menos no suspendo. De vez en cuando, saco un 9 en mates, pero odio el Cono (Conocimiento del Medio) porque luego en el examen se me olvida todo".

Daniel definió su conducta y "problema" con claridad así como los sentimientos (desconcierto, inseguridad, infravaloración, rabia... ) que le causa su actual situación escolar y que le crea además un desajuste personal y social además de académico.
La valoración psicopedagógica confirmó el Diagnóstico: Daniel es efectivamente un niño con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). No es un niño necesariamente malo, maleducado, desmotivado ni vago. Tampoco sus padres tienen la culpa porque lo educan mal o no le ponen límites. Todo lo contrario, sus padres están volcados en él y "agotados" física y psicológicamente porque deben ayudar a Daniel a hacer sus deberes, controlar su agenda, ordenar su mochila, reponer cuadernos y lápices que pierde a menudo, contestar a las notas del profesor (que son más bien un conjunto de quejas) y miles de tareas más.

Todos hemos oído y utilizado el término "Hiperactivo" de forma coloquial, refiriéndonos a aquellos niños excesivamente movidos, traviesos, con problemas de conducta o malcriados.

Los profesionales que trabajamos dentro del campo de la Psicología infantil, nos referimos con este término a un cuadro con un conjunto de síntomas de base neurológica que poco tiene que ver con el niño vago, travieso o malcriado y que sólo en algunos casos, está asociado a problemas de conducta.

De hecho, hablamos de TDAH (Trastorno por Déficit de atención con hiperactividad) . Se estima que un 5% de los niños menores de 10 años padecen Déficit de atención y es probable que los profesores tengan de uno a tres niños hiperactivos o "disatentos" en el aula. Este trastorno es más común en niños que en niñas.

Los síntomas principales son:
• Déficit de atención.
• Impulsividad e Hiperactividad Motriz.

Aunque podemos diferenciar tres grupos con sintomatología diversa:
1. En el que predomina la falta de atención (Tipo Inatento).
2. En el que predomina la impulsividad y la Hiperactividad Motriz (Tipo Hiperactivo-Impulsivo).
3. En el que predomina ambos rasgos de falta de atención e Impulsividad (Tipo Combinado).

El diagnóstico de TDAH (en cualquier subtipo) no es necesariamente negativo a nivel de pronóstico, pero hemos de tener en cuenta que la falta de atención, la impulsividad y la inquietud motriz son características incompatibles con un buen rendimiento escolar y un adecuado comportamiento en el contexto escolar. Y teniendo en cuenta que el rendimiento escolar es la primera prueba de autoestima y valía personal que experimenta un niño y un factor también de competencia social, las características de esta sintomatología van teniendo repercusión en el desarrollo de su personalidad.

Y suele suceder, que a medida que avanzan los años y la exigencia escolar, los niños no detectados ni tratados adecuadamente no solo acentúan su sintomatología, sino que además presentan Inadaptación escolar, autoimagen negativa y un Autoconcepto erróneo de sí mismos (se hipervaloran o se infravaloran) además de otros problemas emocionales como ansiedad o depresión.
Es lo que llamamos "efecto bola de nieve", es decir, las dificultades se hacen más grandes y más difíciles de resolver con mayor coste emocional y social para el niño y la familia.

Por lo tanto, la detección precoz y el tratamiento adecuado es de vital importancia en estos niños. Normalmente, el colegio y los profesores son los primeros en detectar a estos niños y comunicárselo a sus padres, que entonces ya han tenido la ocasión de "sufrirlo" en casa y en otras situaciones cotidianas (sala de espera del médico, visitas a los amigos o al restaurante...) y por ello, se ha ido deteriorando su confianza en sus posibilidades como educadores al sentirse desorientados, ansiosos, ineficaces y con sentimientos de culpa.

La detección requiere una Valoración Pedagógica no solo de los síntomas que el niño presenta sino también del potencial intelectual y otros aspectos cognitivos (fundamentalmente el tipo de estrategias en tareas de resolución de problemas, su estilo de aprendizaje, atención, memoria...) y de los aspectos emocionales (reacción a la frustración, síntomas de ansiedad o tristeza...), comportamentales y sociales (habilidades sociales, integración en el aula, grupo de amigos...).

Se trata de obtener un perfil neurocognitivo real y compatible con este trastorno y no una mera "adivinación" o valoración subjetiva de los padres y profesores.

El especialista médico (neuropediatra) es el que nos confirmará este diagnóstico y el que considerará el Abordaje farmacológico.

Todo tratamiento ha de ser integral y enfocado a todas las áreas del niño: escolar (mejora del rendimiento escolar y reeducación de sus dificultades de aprendizaje), personal y afectivo (mejora de la autoestima), social (desarrollo de habilidades Sociales), conductual (aplicación de programas en casa y en el colegio para conseguir conductas adecuadas y extinguir o suprimir las inadecuadas) y familiar (apoyo emocional, comprensión del problema y ambiente estructurado con normas claras y sistemáticas adecuadas a la exigencia del niño).

La detección y el tratamiento supone normalmente la intervención de especialistas y profesionales diversos (neuropediatra, psicopedagogo, psicólogo clínico...) dentro de un marco multidisciplinar. La intervención adecuada en el momento oportuno puede aportar un pronóstico positivo.

Por supuesto, la comprensión del problema por parte de padres y profesores y la coordinación entre ambos es vital para el desarrollo del niño y su ajuste académico y personal. Muchas veces, el primer obstáculo que estos niños encuentran, es un sistema educativo poco preparado para atender sus necesidades educativas, sociales y emocionales.

Pero no quiero acabar este artículo con un sabor "agridulce". Estos niños activos, nerviosos, despistados, lentos, absortos en su mundo, desorganizados... tienen cualidades estupendas. Destaca su sensibilidad, nobleza, afectividad, son cariñosos, imaginativos, creativos, simpáticos, luchadores... y tienen dones y habilidades especiales aunque no son las valoradas por el sistema educativo.

Los podríamos comparar con los integrantes de una orquesta en el que cada uno toca un instrumento con gran habilidad pero parece imposible que toquen juntos a la vez, coordinados, siguiendo un mismo ritmo o melodía, respetando el turno. Y es difícil de conseguir una actuación perfecta.... Tan solo necesitan un Director que vea su potencial y les enseñe de forma diferente, respetando su particularidad.... para lograr un sonido maravillosamente diferente en una actuación "perfecta".

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¿Qué es esto?
 

Esta semana, como siempre, estaba planteándome sobre qué tema "pedagógico" y práctico escribiros: ¿problemas de conducta?, ¿TDAH?, ¿Adolescentes rebeldes?, "Niños explosivos o difíciles de educar?, "que si mi niño no me come o no me duerme?... Todo llegará; lo tengo en la cabeza.


Pero he cambiado de opinión y animada por las inquietudes que me habéis transmitido en el blog, creo necesario pararme  a reflexionar sobre lo que implica SER MADRE HOY, en una sociedad en la que hemos de desempeñar con gran proeza numerosos roles y papeles: obligaciones del hogar, cuidado de los hijos, trabajo profesional, sostener nuestra relación de pareja...Y se supone que debemos sentirnos felices y satisfechas en todo momento.


Está claro que toda mujer y toda madre tiene derecho a elegir lo que es bueno para ella. Se pueden encontrar buenas madres en la oficina y en el parque. ¡Todas estamos juntas en esto! Pero muchas veces, responder al "cuadro completo" que hemos de "pintar" con ternura, comprensión, amor, rapidez, dedicación, tiempo y eficacia, es realmente difícil, y aunque Ser Madre es algo natural y maravilloso, no siempre se puede sentir la "Alegría de la Maternidad".

Como ser "imperfecto" que eres, ama y acepta tus propios tropiezos y errores en el viaje de la maternidad, y ten presente, que para cuidar  a tu familia con cariño y eficacia, respondiendo a sus necesidades, debes tomarte tiempo para atender tus propias necesidades.

Un principio básico de la psicología es que "debes llenarte para dar; sólo podemos dar lo que hemos recibido". Así que, madres, cuidaros, quereros y recordad que  a veces hay que pararse en el camino para llegar al final.

Os dedico por tanto, estos CONSEJOS (no me gusta mucho esta palabra ni dar consejos) u ORIENTACIONES para madres ocupadas, estresadas, confusas, agotadas... y maravillosamente imperfectas (como yo)  que intentan día a día ser la mejor madre que pueden ser.  Allá van...:

 

 

 

 

  • Confía en tu propio instinto para conocer lo que conviene a tu familia. Tú conoces a tus hijos mejor que nadie. Ignora los consejos críticos de los "bienintencionados" intrusos.

 

  • Resiste la tentación constante de compararte con otras madres. Tienes todo cuanto necesitas para ser una madre estupenda.

 

  • Proponte dar y recibir más abrazos, besos y caricias. Los niños necesitan caricias y las madres también. ¡Pídelas!.

 

  • Modera tu deseo de controlar todos los actos y posibles consecuencias de tus hijos, intervenir en todo momento. Acepta  la autonomía, la resistencia, la rebelión... mientras su seguridad personal no esté en peligro.

 

  • No vincules tu valor personal al comportamiento de tus hijos. No es verdad que "a mala conducta, mala madre; a buena conducta, buena madre".

 

  • Dedica un tiempo especial y único  a cada miembro de la familia. No hay que hacer todo siempre juntos. Te llenarás tú y cada uno de tus hijos.

 

  • Cada etapa evolutiva es distinta. Unas madres son expertas en bebés, otras son buenas guías para adolescentes... Acepta tu momento vital y personal.

 

  • Cuando la presión y las demandas sientas que son "excesivas" , sal fuera un ratito, cuenta hasta diez ( o hasta cien) y retoma el asunto.

 

  • Expresa claramente tus necesidades. Reparte equitativamente las tareas domésticas. Cada uno debe hacer algo adaptado a su edad. Te sorprenderá lo divertido que puede ser para un niño batir huevos, poner la mesa o la pastilla al lavavajillas.

 

  • Reserva tiempo para tu pareja. Tened tiempo para estar juntos y solos. Expresa a tu pareja también tus necesidades. Beneficiará a tus hijos que seas feliz en este aspecto.

 

  • Concédete " Días de lujo" : un buen masaje, una buena manicura, ir al spa... y goza de los placeres de la vida: un buen bollo, un trozo de chocolate (aunque vaya directo al culo), una siestecita  y por qué no, un par de zapatos nuevos.

 

  • No pierdas tus amistades y tus buenas amigas. Sal con ellas y diviértete.

 

  • Resiste la tentación de rellenar tus días con miles de trabajos extra, compromisos...Busca tiempo para soñar despierta, leer, pasear... y tener momentos de soledad.

 

  • Enseña  a tus hijos a distinguir entre capricho y necesidad, y el valor de las cosas pequeñas, las sorpresas de cada día.. disfruta de esto tú también.

 Acoge la maternidad como un privilegio y tu familia como un regalo, aunque haya días difíciles de soportar en los que desaparezcan tu buen humor y se derrumbe tu paciencia. Pero ante todo, cuida tu autoestima y tu salud mental. No olvides   llenarte de cosas buenas para dárselas a tus hijos.

Mónica  Escalona
Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global
www.zana.es 
Madrid. Tel. 91 3880927

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¿Qué es esto?
 
De repente, un día nos damos cuenta de que esa "personita" que hemos criado desde la infancia, se ha vuelto un adolescente. Echas de menos aquellos tiempos felices con tu hijo de gran unión afectiva, en la que lo sentías "algo tuyo" y ahora, lo sientes más lejano y distinto.

Pero la adolescencia no es una etapa necesariamente terrible o turbulenta, sino un nuevo viaje, a un nuevo país, diferente, pero lleno de posibilidades y lugares por descubrir. En el camino encontraremos posibles fallos y averías, e incluso podremos perdernos en algún momento pero no tiene por que ser necesariamente malo.

Recuerda tu propia adolescencia. ¿Fue terrible, tortuosa... o simplemente diferente porque a veces estabas enfadada con el mundo, te sentías incomprendida, un bicho raro y más de un disgustillo diste a tus padres? Al final, las aguas volvían a su cauce.

El proceso de tu hijo-a puede ser similar por tanto. Pero por influencia social, esperamos y pensamos que la Adolescencia es algo terrible y un mal a aceptar, que irremediablemente, desajustará nuestra vida familiar y personal.

Si pensamos así, nos condicionamos a sentirnos perdidos y actuaremos en consecuencia programados a saltar de conflicto en conflicto, de pelea a pelea porque es lo que toca. Y ...¡Gran error! Porque aumentaremos las posibilidades de un viaje espantoso, duro y difícil.

Así que si tienes un Adolescente en casa (¡Socorro!) , aquí van algunas reflexiones para que en tu "viaje espacial" sepas más o menos a qué botones hay que apretar para que la nave espacial (tu hijo) atraviese el espacio sideral sin llegar a un cataclismo:

/>> Mantén un adecuado equilibrio entre afecto y control. El AD necesita ser guiado por un sistema de normas claras y consecuentes, pero a veces los padres pasamos de estar todo el día achuchando, mimando, diciendo a nuestros hijos que los queremos.... a nada de ésto cuando de repente se han hecho "mayores". Y un AD necesita además de advertencias o reprimendas, mensajes positivos, alabanzas y achuchones. Un abrazo, un elogio todavía vale en esta etapa para arreglar una situación más que mil palabras.

/>> Las sorpresas agradables estrechan relaciones especialmente si la única razón es "porque te quiero". Da de vez en cuando una sorpresa a tu hijo adolescente.

/>> Evita frases constantes como "Tú nunca ayudas; tú siempre haces el vago...." para expresar tu enfado o desacuerdo, y cámbialas por "no es justo y me duele que no ayudes en casa; estoy disgustada por tus malas notas y tu falta de trabajo".

/>> Cuando tengas que afrontar una conversación importante, emplea un tono de voz firme y sereno ("tenemos que hablar") y se coherente entre tu lenguaje verbal y no verbal transmitiendo tu autoridad como algo natural.

/>> A veces, los mensajes escritos pueden ser mejores y más oportunos para pedir que cumplan una norma o deseo (Ejmplo: dejar encima de la cama o en su corcho un letrero que diga: te agradecería que ordenaras tu cuarto) o para agradecer una norma que ha sido cumplida (Tu cuarto ordenado está estupendo. Gracias, te quiero).

/>> Sorprende a tu hijo haciendo las cosas bien, y no te centres siempre en desacuerdos y disputas. Con un AD es muy importante la negociación y pactar acuerdos que satisfagan a ambas partes. Decir a tu hijo: "tú cumples tu parte y yo la mía (pero no la revés). "Estudia y luego sales con tus amigos al cine" pero no "Cuando vengas de la calle, te pones a estudiar".

/>> Busca ratos para estar con él/ella a solas. Sal a dar una vuelta con tu hijo y conversa amigablemente. Una conversación importante puede mantenerse en el coche o yendo al super, y de paso nos tomamos un helado.

/>> Practica la Escucha Activa. Los AD sienten las cosas de forma intensa, incluso ilógica y sin sentido. Sienten que el ahora es un para siempre, sobre todo si tienen algún problema de amigos o amoroso. Acéptalo. Evita decir " no es para tanto; no es el fin del mundo" sino transmitir que sientes lo que les pasa y que esté triste... o simplemente "me cuesta entenderte pero me pongo en tu lugar". Muchos conflictos entre padres e hijos comienzan por un "Tú no lo entiendes" y puede que sea verdad.

/>> Espera de tu hijo lo mejor y no intentes hacer una copia igual a ti o superarte.

/>> El AD vive pensando y actuando "ES MI VIDA". Enséñale que lo que hace y dice tiene CONSECUENCIAS y efectos sobre los demás. No está solo y vive en una casa en la que hay normas y deberes a cumplir si uno quiere derechos.

/>> Aunque para un AD es insoportable que sus padres "curioseen" acerca de sus amigos, sus estudios, comportamiento en clase... es un deber de los padres. Si te preocupa algo serio, no dudes en curiosear. Más de un AD lamenta tarde que sus padres no fueran curiosos......

Y para acabar, aunque no os lo creáis, todos los estudios afirman que según testimonio de los mismos Adolescentes, los PADRES SON LAS PERSONAS QUE MÁS DECISIVAMENTE INFLUYEN EN SUS VIDAS, (POR ENCIMA DE AMIGOS, NOVIOS Y PROFES) y OCUPAN EL LUGAR MÁS ELEVADO DE LA LISTA DE SUS HÉROES.

Por lo tanto, NO SALGAS DE SU VIDA. Los adolescentes no se revelan contra sus padres, sino contra medidas disciplinarias y de autoridad que consideran injustas. 

 
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¿Qué es esto?
 

Tener emociones y sentimientos, sean cuales sean, es parte de la condición humana. Sentir es vivir.

Es evidente que los niños no se inhiben y expresan los sentimientos fácil y naturalmente, de forma sutil o extremadamente intensa y ésto afecta a las emociones positivas ("Mami, ¡Cuánto te quiero'') y a las negativas (" Te odio").

Pero los niños deben aprender a manejar y regular sus emociones y ENCAUZAR LA PODEROSA ENERGÍA QUE LLENA SUS SENTIMIENTOS. Para ello, los niños dependen de la información y reacciones que aportan sus padres, y comprender las emociones y ayudar  a nuestros hijos  a expresarlas positivamente, no es tarea fácil.

Cada sentimiento tiene un papel y nos permite cuidar de nosotros mismos; forman parte de nuestro instinto de auto-conservación (descargar la energía de una frustración acumulada, deseo de afecto de los demás, conseguir el aplauso y atención, seducir...).

Lo malo es que a veces aparecen sin control en forma de rabietas, lloros, quejas, pataletas... e incluso un niño enfadado puede pegar a alguien (padres incluídos). Aparece también oposición a la norma y cambios bruscos de ánimo.

¿Cuál es la explicación a todas estas conductas "deliciosas" que pueden sacar lo peor de nosotros y nosotras como madres y padres?  

Normalmente coinciden en periodos evolutivos en el que los niños están aprendiendo a esperar, no aceptan un NO por respuesta, tratan de lograr su autonomía y reafirmarse frente a padres y hermanos (celos, competitividad...), aparecen los primeros  sentimientos de miedo de pérdida o de inferioridad.... Y por ello, pondrán a prueba nuestro vínculo, aceptación y consistencia en la disciplina. En fín, que los niños piensan : "ésta es mi mamá, éste es mi papá y voy a comprobar qué límites están dispuestos a ponerme y cuánto me quieren". Por supuesto, el chantaje emocional brillará con su máximo esplendor con un " Ya no me quieres".



¿Qué hacemos entonces?

Si nos agobiamos, asustamos, cedemos por culpabilidad o por pena.... ESTAREMOS PERDIDOS y estas conductas no pararán de repetirse.

La CLAVE  será ser fuertes para contener y sostener sus emociones y demostrarles que nuestra SALUD MENTAL, NUESTRO AMOR Y NUESTRA DISCIPLINA ES DE HIERRO Y CONSISTENTE. 

Algo tan difícil se traduce en las siguientes actitudes:


- No consentir lloros, rabietas, gritos y agresiones. Simplemente ignórelas o contenga físicamente al niño según sea la situación mostrando una actitud enérgica y firme.

- Muestre enfado y transitoriamente "castíguele" de algún modo basado en la retirada de la atención (mandarle a su habitación durante un tiempo). Lo importante es que ellos sientan que esa actitud les trae problemas y no merece la pena repetir la función.

- Una vez que haya desaparecido la rabieta y el enfado, hágale saber a su hijo que si está triste o enfadado por alguna razón, no ha buscado un buen modo de resolverlo. Dígale que entiende lo que siente, que haga lo que haga será aceptado y querido, pero así no se resuelven los problemas.

-Pídale que le gustaría que pidiese perdón, y por supuesto, pida perdón a su hijo en caso contrario.

Después de esta "reconciliación", habrá tiempo para besos, achuchones y abrazos; para escuchar y comprender.

El sentido del humor es un arma magnífica en la vida ... y con los hijos para relativizar los problemas y diferenciar lo esencial de lo no importante. Busque ratos de juego para  "reirse" unos con otros. Juegue a imitar a mamá cuando se enfada y grita; a imitar a papá cuando llega cansado de la oficina y "explota"  y a imitar a su hijo cuando pide las cosas llorando o monta la "pataleta".... Y ofrezca soluciones alternativas positivas en este espacio para la dramatización.

Recuerda, que todo conflicto es una oportunidad para CRECER y no un callejón sin salida, y que todo niño tiene su PROCESO y sus propias capacidades para crecer autónomamente.


Mónica Escalona

Directora Centro Zana. Centro Psicopedagógico de Atención Global

www.zana.es 

Madrid. Tel. 91 3880927

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¿Qué es esto?
 
En la actualidad, en cualquier noticia sobre educación, suele aparecer el término "fracaso escolar". Es un tema de moda que preocupa enormemente a la llamada "comunidad educativa" y que incluso ha derivado en una necesidad imperante de cambiar las leyes actuales. Pero, por desgracia, además de un problema teórico, también es un problema real.

Entonces,¿Cómo solucionarlo?

Una vez que el problema se ha manifestado en un alumno de secundaria, con un rechazo total al estudio y en ocasiones absentismo escolar, la solución es muy difícil.

Por eso, los profesionales de la psicología y la pedagogía, preferimos apostar por la prevención en las primeras etapas escolares, es decir, intervenir ante los primeros signos de alarma que puedan surgir en la Educación Infantil y el primer ciclo de Educación Primaria.

Para ello es necesario cambiar de forma de pensar. Hay que romper  falsos mitos como que "el tiempo lo cura todo" y la tan oída frase "ya madurará". El niño no madura solo. Lo hace gracias a las experiencias que la familia, la escuela y todo su entorno le  plantean y ayudan a afrontar. Pero, en ocasiones, lo habitual y suficiente para algunos, no lo es para nuestro hijo.

Es entonces cuando hay que saber "leer" lo que podemos llamar "signos de alarma" y poner soluciones.


El niño que empieza a tener dificultades para seguir el ritmo de su clase puede "avisar" de muchas maneras.

A veces es el maestro de educación infantil quien nos advierte  que está empezando a percibir diferencias con los compañeros en el desarrollo del lenguaje de nuestro hijo, de la psicomotricidad, en la relación con los iguales... Otras veces aparecen retrasos escolares en el aprendizaje de la lectura, la escritura y el cálculo que se empiezan a manifestar en el último curso de infantil y que son claros en la primera etapa de primaria. 

Pero otras muchas veces, el problema es menos "palpable", y ni siquiera da la cara de una forma clara en  el colegio. Son esas ocasiones en las que nuestro hijo "está raro", dice frases como "no sé, no puedo, soy tonto"; o aunque siempre ha ido muy contento al cole, ahora no quiere ir; hay lloros y no sabemos por qué, se frustra cuando no le salen las cosas y no quiere intentarlo de nuevo... 

Cuando  observemos estos "signos", debemos comunicarlo a los profesores e intentar contar con su ayuda y la de otros miembros del colegio (orientadores, psicólogos escolares...) Es el momento de que, como padres, escuchemos las sugerencias que nos plantean y  busquemos la ayuda de un profesional para nuestro hijo si es necesario. 

Porque ser padres, no significa saberlo todo de nuestro hijo ni poseer todas las soluciones. 

Ser padres es querer, acompañar, apoyar y ayudar con todo lo que esté a nuestro alcance. Que nuestro hijo tenga un problema nunca es nuestro  fracaso, pero sí  es nuestro problema buscar una solución y ésta será nuestro éxito.
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¿Qué es esto?
 
Cómo podemos los padres desarrollar en nuestros hijos una Autoestima Positiva.

El anhelo de todo padre y madre es que sus hijos crezcan sanos , seguros... y sobre todo felices. La "FELICIDAD" la asociamos  a seguridad, confianza, alegría, optimismo... y especialmente a querernos y aceptarnos a nosotros mismos... Todos estos conceptos los podemos enmarcar dentro de otro: una AUTOESTIMA POSITIVA.

La AE es la opinión o concepto que toda persona tiene de sí mismo. Se forma dentro del seno familiar y en la interacción con los otros. En estos entornos vamos "creando" una opinión sobre nosotros basada en la opinión de los demás (positiva o negativa) y es un proceso largo que dura toda la vida.

Si ocurre así en el mundo de los adultos, con más fuerza ocurre en el mundo de los niños, ya que éstos dependen mucho de los demás para construir el concepto de sí mismos (padres, profesores, familiares, amigos, hermanos....) y este hecho es positivo, pero a la vez entraña sus "riesgos".

La AE positiva se forja cuando el niño recibe más mensajes positivos que negativos de sus figuras afectivas cercanas y sus experiencias personales y vitales  de éxito son superiores a las de "fracaso" o dificultad.

Entonces, ¿Qué aspectos en la educación de los padres contribuyen a crear una AE positiva? Los analizaremos con detalle:

El primer soporte es un sistema de normas estables y coherentes.  No es discutible que los niños necesitan normas y límites y que éstas les dan seguridad ya que saben a qué atenerse y qué se espera de ellos; qué está bien y qué está mal y les permite situarse en un mundo cambiante y a veces "desconocido".

Los padres que suelen ser incoherentes en la aplicación de las normas, crean niños inseguros y con poca confianza en sí mismos que buscarán fuera del entorno familiar, figuras y valores de referencia.


El segundo soporte es El Estilo Educativo de los padres. Hay diversidad de estilos educativos (permisivo, restrictivo-autoritario, democrático, sobreprotección...). Todos ellos tienen ventajas e inconvenientes; no hay un ideal. Probablemente, en cada situación o problema hay un estilo más adecuado y esa sería la clave de acertar: combinar la autoridad paterna con normas claras y razonadas, fijas y constantes con la indulgencia y la negociación en otros momentos.

No obstante, hay estilos Educativos que no generan una AE positiva.

. La permisividad continua genera niños egoístas y poco cooperativos a los que les cuesta considerar las necesidades de los demás.

. Los padres excesivamente estrictos y poco afectivos generan niños rebeldes, frustrados y con agresividad hacia los demás.

. La sobreprotección genera niños tímidos, con una percepción amenazante del mundo y dependientes del adulto.


Otros gran soporte es La aceptación incondicional de nuestro hijo.

Para muchos padres tener un hijo se convierte en la oportunidad de hacer realidad sus sueños y nutrir su propia AE, y si los hijos no satisfacen las expectativas, éstos se sientes fracasados y decepcionados, transmitiendo a sus hijos mensajes negativos y una sobre-exigencia que crea en los niños sentimientos de inferioridad.

Establecer objetivos razonables y alcanzables tiende a crear en los niños una opinión favorable de sí mismos al darse un equilibrio entre deseos y logros. El mensaje para nuestros hijos será :" Creo en ti, puedes lograrlo, no temas al fracaso... ".

Esto supone la Aceptación Incondicional del hijo;  transmitirle el mensaje : "Yo te acepto como persona, acepto tus sentimientos y tu comportamiento", "te quiero cómo eres, hagas lo que hagas y sientas lo que sientas".

Por supuesto la aceptación no es "incompatible" con animar a nuestros hijos al cambio de todas sus conductas y emociones negativas. De hecho, esta es una labor fundamental de todos los padres, pero este cambio sólo es posible partiendo del respeto y la comprensión de lo que el hijo siente y participando en su vida para entender y conocer por qué actúa y siente de una manera u otra.

Este aspecto se relaciona con otro importante soporte de la AE: La comunicación basada en la escucha Activa.


Escuchar al otro es un proceso voluntario y activo. No se trata de atender sólo al contenido del mensaje, sino saber interpretar qué sentimiento y emoción se relaciona con ese "contenido". Esta es la empatía, ponernos en lugar del otro y comprender sus emociones.

Los padres no siempre escuchan activamente a sus hijos porque atendemos exclusivamente al contenido del mensaje sin responder a la emoción. Si un niño comentara a su madre que "me han insultado en el patio del cole" y respondiera  "no hagas caso; no pasa nada... o entonces, defiéndete tú también..", no habría realizado una escucha activa porque no ha atendido a la emoción y no ha ayudado a su hijo a resolver "su " problema ya que lo hemos ignorado para evitarle "sufrimiento" o desviar su atención.


Si empleamos la Escucha Activa nuestra respuesta podría ser: "Me imagino que el insulto te ha debido doler y te has sentido triste.. ¿Qué podrías hacer si te vuelve a pasar algo así?" Esta respuesta transmite al niño seguridad, comprensión y le ayuda a resolver un problema al que debe enfrentarse solo.

Un aspecto crucial de la AE es la confianza en que uno mismo puede superar y resolver las dificultades y problemas que surjan. Cuando un niño se siente capaz, puede afrontar nuevos retos y "aventuras" sin miedo al fracaso y sabe que sus padres, "pararán " el golpe con los brazos abiertos.

En definitiva, el" Lenguaje de la AE " se basa en un sistema de normas estables y razonadas; actitudes de escucha y empatía, la aceptación total de nuestros hijos, establecer objetivos y metas razonables..... y por supuesto, grandes dosis de cariño y dedicación.


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¿Qué es esto?
 

Hola, me llamo Mónica Escalona y soy licenciada en pedagogía, Logopeda y experta en Dificultades de aprendizaje.

 

Llevo muchos años trabajando en el ámbito de la educación en diferentes áreas: escuelas infantiles, centros de educación especial y en servicios privados de atención a niñ@s y adolescentes (gabinetes) con problemas de aprendizaje o en su desarrollo, realizando tareas de Diagnóstico y Tratamiento, además de Orientación y asesoramiento a familias sobre diversos aspectos relacionados con la educación de sus hijos (cómo actuar en un momento de crisis; aplicación de normas, premios y castigos; padres adoptantes; problemas de conducta; educación afectiva y de la autoestima....).

 

Lo más importante de todo, es que me encanta mi trabajo y disfruto mucho haciendo lo que os estoy contando, y en esto, me considero una persona con suerte.

 

Hola.com me brinda de nuevo la oportunidad de seguir "disfrutando" pero desde una nueva perspectiva; una nueva relación terapeuta-paciente, a través de Internet; una relación "tecnológica" y diferente pero no por ello, menos fructífera e interesante.

 

Cada semana intentaré escribir sobre un tema educativo o pedagógico dirigido a padres, madres, familias. Educadores.... con el objetivo de informar, guiar y compartir mi opinión con todos los que estáis "conectados" esperando que sea de vuestro interés.

 

Por supuesto, que se admiten sugerencias, "críticas" y debate... Eso será lo mejor. Todos podemos aprender de las experiencias de otros. ¡Bienvenidos a todos y hasta pronto!
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