Con tres años rompí mi primer televisor. Mi -por entonces- pequeño cuerpo no fue capaz de trasladar semejante armatoste desde el salón familiar a la habitación en la que el sarampión me tenía encamado. Aquel fue mi primer acercamiento a las interioridades de un electrodoméstico que, aún hoy, mucho después de que el UHF ampliara su horario de emisión, me sigue pareciendo fascinante y digno de comentario.
JAJAJAJAJJAA!!! COMO LA VIDA MISMA...