Que nadie se escandalice ni se llame a engaño. Este post no es la crónica de ninguna tórrida noche de pasión bisexual, es el balance de mis impresiones del día que tomé un avión en Tokio y volví a Madrid, vía Londres, sin ver el sol ponerse y con un jet lag de los que hacen época. Sí, después de 22 horas sin dormir, anoche volví a casa. 15 días en Japón han sido tiempo suficiente para hacer turismo, comer el mejor sushi del mundo y desencajarme la mandíbula con lugares, gentes y situaciones que me hacen pensar que el país del Sol Naciente debe ser lo más parecido a Marte que hay en este planeta. Un modo estupendo de sentirse como Scarlett Johansson (con menos pecho) durante unos días. Entre mis hallazgos, el respeto. Un respeto innato que se traduce en cientos de situaciones cotidianas y gestos como emplear una mascarilla de papel para no contagiar al prójimo cuando se está acatarrado o en no fumar en la calle para no tener que tirar la colilla al suelo (por cierto, en las ciudades japonesas no hay papeleras ni barrenderos: si generas basura, te la guardas y la tiras en tu casa). Igualito que aquí, vamos...

¿Y su tele? ¿Cómo es la tele en Japón? Pues a tenor de lo poco que he podido ver en los hoteles y de algunos directos que me encontré por las calles y el metro de Tokio, más o menos como aquí, quizá algo más antigua en la cosa visual, con menos colorinchis y mucho busto parlante a la usanza de los tiempos del Paseo de la Habana. Pero una cosa es evidente, sin necesidad de dominar el japonés, he visto que el respeto al que me refería antes también se nota en sus programas. Sin contar con los famosos gore-concursos que abastecen nuestros programas de zapping y "humores amarillos" gracias a su nulo sentido del ridículo y su debilidad por el tartazo en la cara, he visto que allí abundan los documentales de viajes, los informativos, los culebrones, programas educativos (sobre todo se presta atención -sin éxito- al aprendizaje del inglés), las emisiones de teatro (!!!!!)... Y en todos y cada uno de ellos, se nota un respeto por lo que se hace y por quien lo ve que hace mucho, mucho tiempo no veo en España. Allí no he visto opinadores profesionales en pseudodebates sobre corazón o cualquier otro tema que se preste a la bronca, real o fingida. Allí la tele sirve para entretener, formar e informar, y todo sin necesidad de llenarla de contenidos escabrosos que alimenten el morbo y el aborregamiento de la audiencia. A lo mejor va a ser cierto que tenemos la televisión que nos merecemos... En cualquier caso, ahora veo con otros ojos "Lost in Translation".
Y después de la parrafada anterior, el rayo de esperanza. Mientras escribo estas líneas estoy viendo el nuevo programa de las mañanas de La 1, "Esta mañana", con Pepa Bueno y Javier Gallego entrevistando a Antonio Banderas. Leo que el programa debutó ayer con buenos índices de audiencia, incluso mojando la oreja a la ínclita Ana Rosa. Una noticia sorprendente, teniendo en cuenta que en su declaración de principios se incluye huir de la casquería, del mundo rosa y de los colaboradores gritones, o sea, el pan nuestro de cada día en cualquier franja horaria y más si cabe en la de la mañana. ¿Podría ser que aún se pueda hacer una televisión digna, que informe sin deformar y sin voceros sobremaquillados? Esperemos que sí, si alguien puede hacerlo hoy es Pepa, todo templanza y serenidad y Javier, un buen fichaje venido de la radio, donde ha protagonizado momentos memorables (inolvidables aquellas "Malas lenguas" junto a Toni Garrido) tanto en Radio 3 como en la Ser y, últimamente, en M80 con Celia Montalbán. ¡Suerte, compañeros!



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