Nadie debería fiarse de alguien que sangra durante varios días pero nunca se muere
(Anónimo)
A veces tengo la sensación de tener menos personalidad que un colchón de segunda mano. Pero esto sólo me ocurre a veces ya que, en otras ocasiones, creo que tengo tanta personalidad que la llego a tener doble (triple, cuádruple y hasta quíntuple personalidad)... y claro, supongo que tener tantas personalidades es síntoma de no tener personalidad... ¿Entonces? ¿En qué quedamos? ¿Tengo o no tengo personalidad? ¿Me sobra o me falta?.
Si Freud me hubiera conocido creo que se hubiera hecho coleccionista de tacitas de café, le hubiera salido más rentable y práctico.
De todo el mundo es sabido que no soy precisamente el paradigma de la estabilidad emocional. Tengo una ligera inclinación a la ansiedad, al nerviosismo y a la excitación gratuita. Digamos que también, en ciertas ocasiones, me comporto como una maniaco-depresiva, algo bipolar y esquizoide.
Pero que tenga múltiples personalidades, que carezca de personalidad o que sufra esporádicamente enfermedades mentales, no es culpa mía, sino de mis hormonas... o lo que es lo mismo: de la regla.
Hoy he leído que el ovario sintetiza las siguientes hormonas esteroides: los estrógenos (la estrona, el estradiol y el estriol), la progesterona (se produce durante la fase lútea del ciclo sexual femenino), la inhibina (que actúa sobre las gonadotropinas hipofisarias, suprimiendo la producción de la hormona estimulante) y la activita (que tiene una función inversa a la de la inhibina).
¡Por el amor de dios, no hay que estudiar medicina para descubrir que una mujer, con un par de ovarios, es una auténtica bomba de relojería!.
A mí no me salen las cuentas. Si el ciclo menstrual tiene 28 días de duración y tenemos en cuenta que, en el mejor de los casos, el mes que más días tiene se compone de 31, ¿quiere decir que nos pasamos prácticamente el mes entero siendo un cóctel molotov?.
Si nos pasamos el mes entero siendo un cóctel molotov, quiere decir que también el año completo. Lo que quiere decir que una mujer desde, aproximadamente, los 12 años hasta, más o menos los 50 que tiene la menopausia, es un gráfico picudo e inestable.
Si te quedas embarazada tampoco te libras de los subidones de hormonas y, no hablemos de la menopausia, entonces utilizas la palabra "hormona" en dos de cada tres frases.
Una verdadera lástima. Estamos condenadas a vivir así. Para que luego llegue un imbécil y nos pregunte si estamos "en uno de ésos días". Uno de ésos días son todos los días de nuestra vida, panda de ingratos.
Mi ciclo menstrual se puede resumir del siguiente modo:
Fase preovulación (días posteriores a la regla): Estoy llena de plenitud, tengo energía para dar y regalar y me siento eufórica. Amo a mi chico por encima de todo y sólo veo en él un cúmulo de buenas intenciones y virtudes. Me visto con colores alegres, me pinto los labios de rojo y soy capaz de trabajar 12 horas seguidas sin rechistar. Cuando llego a casa hago todas mis tareas con la música bien alta. Música alegre y marchosa que se convierte en la banda sonora de una comedia americana donde todo sale bien y donde todo el mundo es guapo. Hago mil planes divertidos y estupendos y pienso que la vida me sonríe. Soy feliz. Siento que todos los hombres me desean. Me creo la hermana guapa de Ava Gardner.
Fase ovulación (unas dos semanas después de la regla): Tengo un dolor punzante en la parte baja del vientre. Se aumenta la secreción vaginal (flujo) lo que en mí significa caminar como un caracol. Me siento tan excitada que paso de ser la hermana guapa de Ava Gardner a ser la hermana salida de una actriz porno. Camino con el culo en pompa y parezco una gata en celo. Me ataca el síndrome del nido, lo que significa que me pongo a ordenar, colocar y hacer limpieza de todos los armarios y cajones de mi casa. Luego continúo con mi lugar de trabajo y cuando termino de ordenar mi despacho, le pido a algún compañero que me deje hacer limpieza en su cajón. Nada para mí está lo suficientemente limpio, desinfectado y ordenado.
Fase postovulación (días antes de la regla): La vida ha dejado de ser maravillosa para convertirse en algo por lo que no merece la pena seguir luchando. Me hincho como un zeppelín y el pecho me duele hasta con el roce de las sábanas. Mi pelo y mi cara se vuelve aceitosa y un enorme grano me sale en la barbilla. Siento que mi chico ha dejado de quererme y desconfío de todos sus movimientos. Sólo veo en él un cúmulo de malas intenciones y defectos. Protesto porque no tengo más que trabajo y se lo comunico a mi jefe con los ojos rojos a punto de descargar. Llego a mi casa y compruebo que tengo mil cosas por hacer. Pongo música triste, muy triste (léase Los Secretos, Maná o boleros desgarradores) y me pongo a llorar. Lloro sin saber bien el motivo, pero me siento la persona más desdichada del planeta. No quiero hacer planes, todo me parece un rollo y no me apetece arreglarme, sólo puedo vestirme de negro y ponerme una capa bien gorda de maquillaje que tape la costra que tengo en la barbilla por el grano que tuve la semana anterior. Nadie me desea, me siento gorda. Me siento la hermana fea de Rossy de Palma.
La regla: Tengo un dolor de ovarios que me deja doblada. Desayuno, como, meriendo y ceno cantidades industriales de ibuprofeno. En mi bolso sólo se encuentran tampones y toallitas íntimas individuales. También me duele la espalda y absolutamente todas las articulaciones. Tengo nauseas y diarrea. Me baja tanto la tensión que camino arrastrando los píes. Comienzo a desinflarme. No pongo música ni hago nada en casa, sólo me apetece estar tumbada en el sofá y ver banalidades en la tele. Necesito a mi chico, sólo veo en él amor y ternura. Le exijo que me abrace por las noches y me diga, cada dos minutos, que soy el amor de su vida. Si se aleja de mí más de dos metros, le busco, me acurruco y ronroneo. Me convierto en el hermano empalagoso de Mimosín.
Y cuando termina esta fase, vuelta a empezar...
Éste cambio continuo de hormonas me hace ser una persona inestable, desequilibrada y desquiciada. A veces me hago un lío y todos los ciclos se me mezclan. Entonces me convierto en el Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Y luego vas tú y me dices que tengo altibajos. ¿Altibajos? Lo que no sé es como no estoy ingresada en el Hospital Braulio Moyano, con una camisa de fuerza, mirando al infinito y acunando un bebé imaginario.
Por favor, dioses del Olimpo, en mi próxima vida me pido ser hombre.







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