Resultado de etiquetas “parto” de Diario de un embarazo

Bueno, pues el gran día ya llegó y Carmen ya está con nosotros en este mundo. Me hubiera encantando escribir este post diciendo que llegué, empujé y la niña nació sin problemas. Sin embargo, las cosas no siempre salen como uno quiere. Ya se sabe, el hombre propone, Dios dispone. Pero tranquilas, Carmen está bien, de lo contrario no os escribiría, no tendría fuerzas.

El sábado de madrugada hacia las 3 más o menos, me desperté con unos dolores fuertes de regla. No era la primera vez pero sí que eran distintos. Así que me mantuve alerta. Poco a poco se fueron haciendo más intensivos y a eso de las 5 de la mañana ya me di cuenta de que estaba de parto.  El temor a llegar al hospital con una falsa alarma me detuvo un poco, así que esperé hasta las seis y media y ya por fin llegamos al hospital a las siete en punto. La ginecóloga de guardia me exploró y me dijo que tenía el cuello del útero borrado pero cero centímetros de dilatación, así que tocaba esperar con contracciones. Me pasaron a la cama de monitores para controlar los latidos de Carmen y mis contracciones que ya eran cada cuatro minutos. Y he de decir, bastante dolorosas pero soportables. Cada una duraba lo que yo tardaba en respirar profundamente cuatro veces y haciendo este gesto, la verdad es que se llevaban bastante bien. Hasta ahí todo normal. Sin embargo pronto me di cuenta de que algo no iba bien; el latido de Carmen, que debe oscilar como el de cualquier feto, entre 150 y 120 pulsaciones por minuto, empezó a bajar rápidamente hasta llegar a 45. Rápidamente avisé a la enfermera que llamó a la ginecóloga y me colocó de otra manera los monitores. Parecía que era una cuestión de haberse descolocado. Pasados unos intensos segundos, Carmen volvió a demostrar latido y rápido como el de un caballo. Curiosamente en ese trance me vino otra contracción que apenas percibí. La angustia de pensar que a mi hija le pasaba algo me hizo olvidar todo. Incluso el dolor. Pero otra vez bajaba el latido, no se perdía, se hacía vaga la frecuencia cardíaca que bajaba hasta 50. Estaba claro que mi hija estaba sufriendo.

La doctora de guardia decidió no arriesgar y esa decisión fue sabia. "Hay que hacerte una cesárea ya mismo". No había terminado de decírmelo cuando dos enfermeros ya me estaban desnudando y poniendo camino del ascensor. No había un segundo qué perder. Llegué al quirófano en dos minutos, otros dos para poner la anestesia raquídea (más intensa y concentrada que la epidural) y diez minutos más tarde oí llorar a mi hija.

Fueron los momentos más duros de mi vida, no hablaban pero yo sabía que algo no iba bien. Afortunadamente Carmen se presentó a la vida berreando y eso era un buen síntoma. Al menos estaba viva y consciente. La secaron y me la trajeron pero no la pude coger en brazos. Sólo acariciar su cara. Escuchó mi voz y se calló. Cariño no llores, le dije, y se calmó. No puedo explicar la sensación que tuve. No fue la de felicidad por haber parido, no, fue la de alivio porque sentí que por minutos habría perdido lo que tanto había soñado.

Me dejaron en la planta de reanimación media hora y la enfermera me decía que Carmen estaba bien. Yo sola. Nadie me podía acompañar. No sentía las piernas y estaba desolada. No quería dormir a pesar de estar agotada, tampoco podía llorar. Sólo quería llegar a la habitación para ver a mi hija.

Pero al llegar me dijeron que estaba en la UCI. Ella se había dado vueltas y se había enroscado con su cordón, la presión de las contracciones y no sé qué más cosas hicieron que sufriera y se tragara el meconio (su propia caquita). Claro, que te digan esas cosas que no esperas son como un jarro de agua fría. Me puse a llorar como creo que no lo he hecho en mi vida. Además, al estar yo con sonda no podía ir a verla así que no quiero ni rememorarlo. Ha sido, curiosamente, el día más feliz pero también el más angustioso de toda mi vida. Gracias a Dios, pero sobre todo a los médicos del hospital Montepríncipe, mi hija está sana y salva y algún día le podré contar cómo fue su llegada a este mundo.

Ayer subí a verla y hoy también. Aunque sé que está bien y evoluciona favorablemente, es inevitable que no te dé pena y siempre salgo de la UCI llorando. Pero hace un rato me han informado de que ha evolucionado tan bien que es posible que esta noche o quizás mañana por la mañana le quiten las sondas y la sedación. Así que ahora ya tengo un motivo más que grande para seguir recuperándome de mi cesárea y ponerme enseguida en forma para cuidar a mi gordita.

Es la más gordita de la UCI, claro. Ella está ahí por un problema respiratorio no por bajo peso. Hoy me decían sus enfermeras: "si no le pega nada estar aquí" Es una luchadora. Está tumbada con los brazos hacia arriba y los puños cerraditos. Yo le he abierto la manita y ella me ha apretado con fuerzas mi dedo índice. ¡Me reconoce y eso me hace tan feliz!  

Quiero terminar este post haciendo una reflexión: qué suerte haber escogido este hospital (Montepríncipe), qué suerte que el equipo médico sea tan bueno, qué suerte haber llegado tan pronto (que nunca os dé vergüenza llegar pronto por falso parto) y qué suerte que actuaran con tanta celeridad y tanta profesionalidad. De no haber sido por ellos, no sé qué le hubiera pasado a mi hija. Si ya lo decía en un anterior post, ahora me reafirmo. Confiemos en la ciencia por mucho que parir sea algo más antiguo que andar. Las cosas se pueden complicar y, de hecho, se complican, y estar en buenas manos ayuda mucho.

No quiero cerrar este post sin contaros cómo es Carmen. Las fotos las haré cuando salga de la UCI. Es rubita, pesó 3 kilos con sesenta gramos, todavía no sabemos cuánto mide ni tampoco sabemos de qué color tiene los ojos porque los tiene todavía cerrados (ese privilegio lo guarda sólo para ti me dijo ayer la matrona) Tiene la piel sonrosadita y suavecita y a mí me parece el bebé más delicioso del mundo.

Mañana espero contaros más cosas de ella y poneros unas fotos en breve. Y ahora voy a ver a mi hija. Un beso para todas

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¿Qué es esto?
 

Hola!!!! hoy he tenido la segunda monitorización...y sigo estando igual de verde. O lo que es lo mismo, que no he dilatado nada y que, por lo tanto, no parece que Carmen quiera salir todavía. El martes 28 salgo de cuentas y le he preguntado a mi ginecóloga cuántos días se pueden esperar una vez rebasada esa fecha antes de provocar un parto. La respuesta ha sido diez. Así que si mi gorda decide que está muy a gustito (no me extraña) dentro del útero, como muy tarde nacería el 8 de octubre. Espero que no se retrase tanto de todas maneras.

En la monitorización el latido va como un caballo de carreras, a 140 pulsaciones por minuto, algo lógico en un feto. Y las contracciones, esas que a veces me dan cuando paseo y me hacen pararme en el momento más inoportuno, ni rastro de ellas. Esto es como cuando tienes un hijo muy simpático y que hace muchas monerías y cuando en público le dices; "di esto, haz esto", se calla y no dice ni Pamplona. Pues así me pasa al tumbarme en la cama de monitorización. Ni una sola contracción.

A continuación consulta. En principio no me iba a explorar pero como la semana pasada ya vi que "no te mueres" porque te la hagan (ay qué ver cómo estoy de miedica últimamente) yo misma le he pedido que me mirase. Como siempre, mi hija, muy digna ella, de espaldas. En ningún momento del embarazo nos ha mostrado su cara. Menuda es ella. Sigue encajada y bien colocadita y espero que no dé ninguna sorpresita de última hora. Y lo más importante; el líquido y la placenta en estado normal, favorable, vamos, en román paladino, que todo está perfecto y en curso normal. Que llevo un embarazo de manual.

Y ahora empezamos con las apuestas. ¿Qué día nacerá? Ya en mi familia hay de todo. Unos opinan que la semana que viene y otros que la siguiente. No falta quien ha dicho que esta misma noche hay luna llena y que, cuidado, que dicen las abuelas que eso influye. En cualquier caso Carmen ya nacerá en el otoño que empieza hoy y para las que creen (yo un poquillo) en los horóscopos, será Libra.

Y mientras...a esperar. Por cierto, ayer ya me trajeron el cochecito leré y madre mía, además de tener la sensación de que estás montando un mueble de Ikea, ¿cuántos trastos necesita un bebé? Porque también he montado la bañerita en el baño...en fin toda una parafernalia sólo para ella.

Y ahora a pasear...al menos así mato el tiempo de la dulce espera!!! Os seguiré informando puntualmente!

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¿Qué es esto?
 

Esta sí es la pregunta del millón. ¿Cuándo nacerá mi hija? Salvo las mujeres con partos programados ninguna sabe a ciencia cierta cuando sucederá. De hecho siempre se habla de fechas probables. Así que aquí me tenéis, como os podéis hacer una idea, con los nervios a flor de piel esperando el gran momento.

Hay días que pienso; es esta semana. Otros que digo, se va a retrasar y va a nacer ya en octubre...Es más, hoy he hablado con una amiga de comer la semana que viene y hemos decidido que el martes, así que me voy a mi agenda de Outlook a guardar la cita y ¡atención! la cita es incompatible con otra! ¿Adivináis cuál? Claaaaaaaaaro, la fecha probable de parto. Y yo poniendo la comida alegremente. Claro que le he dicho a mi amiga que comemos ese día con la condición de que Carmen no se oponga y quiera salir antes, en cuyo caso...no tendremos más remedio que posponerla y, de paso, incluirla a ella en un futuro almuerzo.

Así que así estoy estos días....haciendo planes pero a medias. Con el condicionante por delante de...si no me pongo de parto. Y ¿cuáles son los síntomas del parto? No te preocupes, me dicen mis amigas las que ya lo han pasado, que cuando estés de parto te vas a dar cuenta. Me pregunto yo si eso será cierto. ¿Y si soy tan bruta que no me entero? Jajaja, eso no puede ser posible. ¿Y si no rompo aguas pero empiezo a dilatar? Digo yo que me daré cuenta, ¿o no? Porque como soy primeriza...claro, las que ya han pasado por un parto enseguida reconocen sus síntomas pero para mí todo es nuevo.

Y luego queda la ciencia que, en este caso, no explica qué desencadena un parto. No se sabe. ¿Lo averiguarán algún día, por cierto? Así que, así estoy, in albis esperando el momentazo.

Acabo de hablar con una amiga que tiene dos hijos y que me ha recomendado que no deje que me lo provoquen, es decir, que no me pongan el gotero de oxitocina. Me ha dado una explicación científica y, en principio, me ha convencido. Claro que ya sabéis como soy, dónde dije digo, digo Diego. Lo mismo me pongo como una histérica y reclamo hasta una anestesia general. Quién sabe. Espero por mi bien y el de mi hija mantener la calma para recibir a la gorda como se merece.

¿Me notáis un poquito nerviosa? Sí, ¿verdad? Voy a dar un paseíto a ver si me calmo un poco y mañana espero contaros qué me dicen en la segunda monitorización.

Besos a todas

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¿Qué es esto?
 

Miedo, lo que se conoce como miedo, no tengo. Más bien tengo intriga y sobre todo un inmenso respeto. La verdad es que las cosas cambian mucho depende de si te las imaginas a si las vives. Recuerdo que al principio del embarazo pensaba que iba a ir a Marruecos sin problema en las vacaciones...claro que luego empezó a crecer la barriga, el embarazo fue cobrando ya una forma importante y entonces es cuando te das cuenta de que va en serio y que mejor hacer las cosas, yo ya no digo que bien, pero sí al menos de manera sensata. Y dejé los viajes menos seguros para otro momento.

Estamos en el año 2010, en un país desarrollado y con unos grandes avances técnicos espectaculares, así que mi yo racional está tranquilo por esa parte. No voy a dar a luz en condiciones extremas ni en medio de la selva. Pero, siempre hay un pero, mentiría si os dijera que voy tranquila y pancha como quién acude a dar un paseo a la playa. Ya digo, no es miedo, es respeto a que algo pueda torcerse, a que algo salga mal...no sé, no quiero seguir describiendo porque es como mentar a la bicha y da mal fario.

Sé que se viene pariendo desde hace miles de años y por eso sé también que los métodos de antes, o mejor dicho, los no  métodos, hacían que la mortalidad de las madres y lo neonatos fuese tan alta. Hoy en día, con las grandes medidas de asepsia y los grandes avances de la medicina en materia de profilaxis y prevención y curación de infecciones nos salvan de algo que antes era un trago ciertamente peligroso.

Precisamente por todas estas cosas que acabo de nombrar me gustaría comentaros algo que he leído hace bien poco acerca de otros partos. Ya sabéis (si me leéis desde hace tiempo) que soy más partidaria de las cosas naturales y que prefiero claramente la leche materna a la otra (sin menospreciar ninguna opción está claro), que soy más de la teoría de (luego ya veremos la práctica) de coger a los bebés en brazos y de muchas otras cosas que suelen estar clasificadas en lo que es más natural. Sin embargo discrepo, y mucho, de la moda de volver a tener los partos en casa. Por supuesto siempre respetando las opiniones de los demás, esto quiero que quede muy claro.

Lo lógico y normal es que todo suceda con normalidad. Y si es así, basta con un matrona para poder traer un bebé al mundo (y ojo, una matrona es una especialista con sus años de estudios y experiencia, que tampoco es la abuela de la vecina que sabe mucho de asistir nacimientos). Pero desafortunadamente en esta vida a veces las cosas no salen siempre como uno quiere y un parto se puede complicar y lo que se puede resolver con un buen equipo médico y un quirófano, en una casa, se puede llegar a convertir en algo con final no feliz. Respeto a la gente que lo quiera hacer pero no lo entiendo y no lo haría. Creo que es jugar con fuego de una manera innecesaria.

Confío plenamente en la ciencia médica y sinceramente prefiero apostar por lo seguro, sobre todo porque ya no sólo se trata de mi vida, sino también de la de mi hija de la que soy responsable. Así que ya digo, miedo no tengo, pero respeto al parto, sí. Y mucho.

Espero poder contaros cuando todo haya pasado que fue cosa de coser y cantar.

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¿Qué es esto?
 

Esa frase del titular, se te va a adelantar el parto, la vengo escuchando desde hace ya un mes. Y no es de mi ginecóloga. ¿Y sabéis por qué no es de mi médico? Porque los médicos (sabios ellos) saben que un parto es impredecible salvo que rompas aguas y tengas contracciones regulares cada cinco minutos (que no es el caso) Entonces sí saben que vas a dar a luz en un plazo estimado de 24 horas.

¿Quién me dice esas cosas entonces? ¡¡Pues quién va a ser!! Los expertos en embarazos que abundan por las calles. Las amigas de mi madre, las vecinas de mi madre, las señoras que no conoces de nada. Y todas te lo dicen con una seguridad que te hacen dudar hasta del mismísimo Ramón y Cajal. Además hacen esa afirmación basándose en....ATENCIÓN!!! el maravilloso dato científico de: es que tienes mucha barriga....ggggrrrrrr ya estamos. Y no, de verdad que no, mis queridas lectoras, tengo la barriga que hay que tener cuando tienes dentro un bebé que pesa ya casi tres kilos y medio y estás comenzando el noveno mes de embarazo. ¿Dónde pretenden que tenga a Carmen? ¿En las piernas?

Venga, me lo voy a tomar a broma porque de no ser así me daría algo. Ya me comentó ayer una amiga lo siguiente: "ah tú tranquila ahora todos son ginecólogos pero cuando nazca la niña todos serán pediatras". Claro que he de tomármelo a broma pero como dice el dicho español....tanto va el cántaro a la fuente...he de reconoceros que ya me han llegado a preocupar. Yo no quiero que mi hija nazca antes de tiempo. Ya sé que ahora podría hacerlo sin tener la más mínima complicación. Pero yo soy de las que piensan que la naturaleza hace las cosas bien. Y si durante este tiempo se ha formado en mi útero una máquina perfecta (porque eso es lo que los humanos somos) es porque tiene sus tiempos, así que el noveno mes servirá para algo.

Por cierto que os quería comentar un tema que creo que es importante aunque le dedicaré un post a ello más adelante. Ya tengo contracciones. Son como tres o cuatro al día. Me suelen dar cuando camino y la sensación es de unos fuertes calambres por la zona púbica que duran unos dos o tres minutos de forma intensa y después desaparecen. La tripa se pone dura y la zona ovárica tiene ese dolorcillo típico de cuando estás menstruando. Ya sé que es algo normal (esto sí me lo ha dicho mi ginecóloga) y que no es más que el cuerpo preparando el canal del parto.

Y ya entramos en el mes de septiembre, mes en el que teóricamente nacerá Carmen. Ay Dios mío, lo pienso y me emociono tanto. Tengo tantas ganas de tenerla en brazos que hasta me da miedo estrujarla demasiado. Vosotras no me conocéis pero mis amigas (que alguna que es muy santa me lee) saben lo que siempre me han gustado los niños y lo mucho que disfruto con ellos. Y ahora por fin voy a tener a la mía!!!!

¿No tenéis la sensación de que esto es lo más bonito y lo más grande que habéis hecho nunca? A veces da miedo pensar lo poderosas que nos llegamos a sentir sólo por el hecho de gestar y alumbrar un ser humano...

Un beso muy grande para todas

 

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¿Qué es esto?
 

¿Parto natural o cesárea? Ah pero, ¿se puede escoger? Pues en teoría no...pero en la práctica...parece que, al menos en la privada, hay más opciones de elegir.

Toda mujer sana está capacitada para dar a luz de forma vaginal. Pero como todo en esta vida, siempre es susceptible de empeorar. Y digo empeorar porque, al menos desde mi punto de vista, parir de forma natural, es decir, vaginal, me parece lo más normal y lo preferible. Claro que siempre hay casos que indican lo contrario.

En teoría (siempre en teoría) la cesárea se impone sobre el parto vaginal cuando las patologías de la madre o el feto así lo indican o como una solución de emergencia debido a problemas surgidos en el parto. La OMS no recomienda que se supere el 15% pero el caso es que esa cifra, al menos en las privadas, se supera. ¿Por qué? ¿Es que no estamos las españolas preparadas para dar a luz como toda la vida? ¿Las que dan a luz en la pública tienen mayor capacidad para parir que las que dan a luz en la privada? Obviamente la respuesta no puede ser ésa. Debe de haber otro motivo.

Lo cierto es que en la sanidad privada una además de ser paciente es cliente y como tal puede "escoger" olvidándose a veces que estamos hablando de cuestiones médicas. Esto no es prefiero carne en lugar de pescado...es más complicado. Tener miedo al parto es lógico y normal, especialmente en una primeriza que no sabe muy bien a qué se enfrenta pero no debería ser un motivo para preferir por ello la cesárea al parto natural...no hay que olvidar que es una intervención quirúrgica y que, en consecuencia, puede comportar algunos riesgos añadidos, que no se valoran a priori, tanto para la mamá como para el niño.

Estos son algunos inconvenientes de la cesárea a tener en cuenta antes de reclamarla a gritos porque no se quiere sufrir en el parto (espero ser la primera en tenerlos en cuenta el día que me toque...por si las moscas me convierto en una histérica y no puedo soportar el dolor que todo puede ser en esta vida)

·         La herida se puede infectar

·         El funcionamiento del intestino se puede ralentizar

·         La anestesia correccional (la madre permanece despierta) puede provocar dolores de cabeza

·         La estancia en el hospital se alarga

·         La lactancia se posterga (el cuerpo tarda en darse cuenta que ya no hay feto y que por lo tanto hay que alimentarlo)

·         Puede dificultar la puesta en marcha de la respiración del bebé respecto al parto normal y requerir una intervención del equipo médico. Las hormonas de estrés que el bebé segrega al pasar por el canal del parto para adaptar su corazón y su aparato respiratorio a la vida extrauterina no tienen tiempo de ser segregadas y puestas en circulación

Por supuesto hay episodios que requieren la cesárea. Vivimos en una época en la que afortunadamente tenemos grandes avances y parir ha dejado ser motivo de muerte en las mujeres como lo fue hace años. El ginecólogo es la persona más adecuada para decidirlo y sólo debería tomar esa opción si existen indicaciones precisas para hacerla. Casos:

·         Es la mejor opción porque reduce al mínimo los riesgos de la madre y el feto

·         Es el primer bebé de una mujer con edad avanzada

·         El feto se presenta en posición podálica (no ha colocado la cabecita hacia abajo)

·         La mamá ya ha dado a luz más veces por cesárea

Pero (siempre hay un pero) se puede incluso con esas indicaciones intentar el parto vaginal. Por ejemplo, si el bebé no está de cabeza, puede conseguirse que se dé la vuelta si la habilidad del ginecólogo es muy alta. Del mismo modo una mamá que ha tenido cesáreas no está excluida de tener un parto natural a priori. Se puede controlar el riesgo de que el útero se rasgue durante el paso del niño gracias a la experiencia de los profesionales, a la vigilancia y a la monitorización de los primeros signos de alarma.

En cualquier caso si la cesárea es inevitable siempre conviene seguirlos consejos de la OMS y de la Sociedad Americana de Ginecología que recomienda esperar a que comience el trabajo de parto antes de iniciar la cesárea. ¿Por qué? primero porque de este modo se asegura que el embarazo llegue a término lo que significa que el feto ha empezado a poner en marcha los mecanismos hormonales de adaptación que predisponen a sus órganos vitales a afrontar el nacimiento y segundo porque permite reducir el estrés del recién nacido en el delicado paso del ambiente protegido del vientre materno a la vida extrauterina.

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