Miedo, lo que se conoce como miedo, no tengo. Más bien tengo intriga y sobre todo un inmenso respeto. La verdad es que las cosas cambian mucho depende de si te las imaginas a si las vives. Recuerdo que al principio del embarazo pensaba que iba a ir a Marruecos sin problema en las vacaciones...claro que luego empezó a crecer la barriga, el embarazo fue cobrando ya una forma importante y entonces es cuando te das cuenta de que va en serio y que mejor hacer las cosas, yo ya no digo que bien, pero sí al menos de manera sensata. Y dejé los viajes menos seguros para otro momento.
Estamos en el año 2010, en un país desarrollado y con unos grandes avances técnicos espectaculares, así que mi yo racional está tranquilo por esa parte. No voy a dar a luz en condiciones extremas ni en medio de la selva. Pero, siempre hay un pero, mentiría si os dijera que voy tranquila y pancha como quién acude a dar un paseo a la playa. Ya digo, no es miedo, es respeto a que algo pueda torcerse, a que algo salga mal...no sé, no quiero seguir describiendo porque es como mentar a la bicha y da mal fario.
Sé que se viene pariendo desde hace miles de años y por eso sé también que los métodos de antes, o mejor dicho, los no métodos, hacían que la mortalidad de las madres y lo neonatos fuese tan alta. Hoy en día, con las grandes medidas de asepsia y los grandes avances de la medicina en materia de profilaxis y prevención y curación de infecciones nos salvan de algo que antes era un trago ciertamente peligroso.
Precisamente por todas estas cosas que acabo de nombrar me gustaría comentaros algo que he leído hace bien poco acerca de otros partos. Ya sabéis (si me leéis desde hace tiempo) que soy más partidaria de las cosas naturales y que prefiero claramente la leche materna a la otra (sin menospreciar ninguna opción está claro), que soy más de la teoría de (luego ya veremos la práctica) de coger a los bebés en brazos y de muchas otras cosas que suelen estar clasificadas en lo que es más natural. Sin embargo discrepo, y mucho, de la moda de volver a tener los partos en casa. Por supuesto siempre respetando las opiniones de los demás, esto quiero que quede muy claro.
Lo lógico y normal es que todo suceda con normalidad. Y si es así, basta con un matrona para poder traer un bebé al mundo (y ojo, una matrona es una especialista con sus años de estudios y experiencia, que tampoco es la abuela de la vecina que sabe mucho de asistir nacimientos). Pero desafortunadamente en esta vida a veces las cosas no salen siempre como uno quiere y un parto se puede complicar y lo que se puede resolver con un buen equipo médico y un quirófano, en una casa, se puede llegar a convertir en algo con final no feliz. Respeto a la gente que lo quiera hacer pero no lo entiendo y no lo haría. Creo que es jugar con fuego de una manera innecesaria.
Confío plenamente en la ciencia médica y sinceramente prefiero apostar por lo seguro, sobre todo porque ya no sólo se trata de mi vida, sino también de la de mi hija de la que soy responsable. Así que ya digo, miedo no tengo, pero respeto al parto, sí. Y mucho.
Espero poder contaros cuando todo haya pasado que fue cosa de coser y cantar.









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