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Granada, el legado andalusí

 

Aljibes, conventos, palacios, mezquitas, plazas e iglesias hacen de Granada una ciudad histórica. Descubre el verdadero embrujo de Andalucía.

 

Amanece. El rumor del río Darro, el gentío del Albaycín y la naturaleza de la Alhambra van despertando nuestros sentidos. Es buen momento para ponerse en pie y empezar a descubrir esta monumental ciudad.

Al principio, un poco desorientados, nos dejamos llevar por nuestros pasos, los cuales nos conducen al Corral del Carbón, utilizado antiguamente como punto de encuentro de comerciantes. Tan solo a unos metros de distancia vemos la Catedral y, adosada a ésta, la Capilla Real. En su interior se encuentran enterrados Juana I, Felipe I y los Reyes Católicos en diminutos ataúdes.

Dejamos atrás la imponente Catedral para adentrarnos en la Alcaicería, laberinto de callejuelas rebosantes de historia. "La casa de César", traducción literal, fue devastada por un incendio en 1843. En esta recreación del mercado de la seda nazarí podemos encontrar multitud de pequeñas tiendas de souvenirs que harán las delicias de los compradores.

 

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El Albaycín

Caminar por el Albaycín es un auténtico placer. Catalogado como Patrimonio de la Humanidad desde 1989 por la UNESCO, es, en su conjunto, un monumento.

La mejor opción para descubrir el Albaycín es perderse por el entramado de calles y casas encaladas, donde de vez en cuando, toparemos con una iglesia, una mezquita o un aljibe. De entre todos, el aljibe del Rey merece una especial atención.

Finalmente, el paseo por el Albaycín acaba en el mirador de San Nicolás, desde el cual se obtienen las mejores vistas de la Alhambra.

 

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La Alhambra

Enclavada en el cerro de la Sabika y declarada Patrimonio de la Humanidad, las gruesas murallas de esta colosal ciudad palaciega esconden un pedazo de historia. Desde la Alcazaba a los Palacios Nazaríes, el legado árabe de los reyes Yusuf I y Mohamed V se hace patente.

La tarde toca a su fin. Llegamos a los jardines del Generalife y nos abruma la paz que se respira. Debajo de nosotros, el Darro y, al fondo, el Albaycín conformado por multitud de casitas blancas. El sol se va y ya sólo nos queda una cosa, cerrar los ojos y que la ciudad de Granada permanezca en nuestro recuerdo.

 

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