Ya estoy en casa y hoy, justamente hoy, es nuestro cuarto aniversario de boda. Ya estoy en casa. Os iba a contar que el domingo, mientras volaba de Sydney a Bangkok decidí dejar de lado tanto inglés y volver por un momento a París, a ese mismo París del que yo siempre digo eso de sí, sí, con A de Tour Eiffel, al mismo París donde hace cuatro años pasamos nuestra luna de miel.
Os iba a contar que las historias y los arrondissements de Paris, je t'aime se iban sucediendo hasta que llegaron al mismo Foubourg Saint-Denis y a la misma puerta donde hace cuatro años empezó nuestra luna de miel, como si esa puerta fuese el marco de nuestra historia, lo mismo que quien decide enmarcar un cuadro o una fotografía.
Os iba a contar que allí ya no estaba Natalie Portman ni Melchior Beslon, que allí volvíamos a estar A y yo, viviendo nuestra luna de miel, nuestra historia.
Os iba a contar que mientras veía la historia dentro de la historia, veía mi propia historia y sentí ganas de llorar.
Os iba a contar que al final no pude llorar.
Os iba a contar que, luego, me pasé el resto del viaje hasta Londres viendo a cada rato, a cada poco esa misma historia, repitiendo sus frases, sintiendo su ritmo y volviendo a tener ganas de llorar.
Os iba a contar todo eso pero he decidido no contarlo, porque esa historia, al final, me ha parecido una obra maestra, y las obras maestras no se cuentan, se ven, se disfrutan, se viven... y tal vez sencillamente para mí sea una obra maestra porque yo lo he vivido y, sin vivirlo, la historia no deje de ser una historia más en lugar de una obra maestra o, ni tan siquiera, mi historia.
Lo importante es que ya estoy en casa y hoy, justamente hoy, es nuestro cuarto aniversario de boda. Ya estoy en casa.
Plus, Plis, Plas... ¡mañana más! (Aunque os pongo los vídeos en versión original y con doblaje al castellano mi consejo es que no los veáis, que alquiléis, compréis u os bajéis la película y la disfrutéis entera)







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