Resultado de etiquetas “Trabajo” de La Silla de Cebra

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((Vestido ideal para trabajar de las rebajas de H&M con el que tienes que ir con un palo si no quieres parecer una amebilla))

Los jefes, como las madres, siempre  tienen la razón.

Obviamente, ninguno y ninguna se equivoca nunca. En todo caso, tú entendiste mal o tú se lo explicaste mal.

Si de pequeño pensabas que igual algún día dejarías de oír esa frase materna con tanta fealdad concentrada en tan sólo dos palabras, "porque sí", estabas muy equivocado.

Cuando quieres que te suban la entonces paga, ahora sueldo, tienes que luchar con uñas y dientes y siempre demostrar que te lo mereces. "A mi amigo Pepito le dan tanto" y "A mi colega Juan le pagas tanto" son frases que no sirven para nada y nos desacreditan.

Temas prohibidos: con tu madre no debes hablar de religión y con tu jefe no debes hablar de sindicatos y derechos laborales.

Gracias a la nueva ley anti-tabaco, en algunas empresas se fuma como en el cole, a escondidas en los baños.

Si cuando por fin te fuiste de casa pensaste que nunca jamás volverías a hacer burla a espaldas de alguien seguro que flipaste contigo mismo la primera vez que lo hiciste después de que tu jefe te dijera por millonésima vez "porque sí".

La máxima sensación de libertad la alcanzaste cuando tus padres se fueron de viaje una semana dejándote solo en casa. Lo mismo ocurre ahora cuando el jefe se va de viaje de negocios y no tienes la sensación de que todo te lo fiscalizan.

La frase de tu madre "cuando seas madre comerás huevos" se reconvierte en la laboral "así es como se hacen las cosas en esta empresa".

En casa de tus padres no tenías derechos, sólo obligaciones y en todo caso premios. Ahora nos hacen creer que tenemos derechos pero a ver quién es el listo que los reclama en la situación económica actual, las obligaciones nunca faltan y los premios son siempre esos bonos de los que tanto oyes  hablar y casi nunca caen.

La frase "Si no te gusta, ahí tienes la puerta" no ha cambiado su razón de ser. Se  dice en las mismas situaciones de crisis tanto en las relaciones madre-hijo como en las relaciones jefe-subordinado, es  decir: cuando no quieren escucharte decir grandes verdades, cuando intentas exigir por las buenas algún derecho, cuando se niegan en rotundo a subirte la paga / el sueldo aunque lo merezcas, etc.

((Mi Twitter!))

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¿Qué es esto?
 

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En agosto tuve una pesadilla recurrente en la que soñaba que en el viaje de trabajo de finales de septiembre mi jefa me pedía unos datos fundamentales para la reunión que tenemos el 28 y yo no tenía nada. En ese instante me di cuenta de que no tenía nada y me agobié mogollón en el sueño. Como si el mundo estuviera a punto de colapsarse y Justin y Madonna no estuvieran disponibles para salvar el mundo. Le ponía una excusa tonta y cogía el ordenador para intentar hacer el trabajo, que normalmente tardo un par de semanas en terminar, en media hora para que no me asesinase. En ese momento me despertaba asustada y flipando con haber sido tan nerd - es decir, lerda - como para plantarme en el avión sin haber hecho antes lo que sí o sí, sabía que me iban a pedir.

 

Así que con ansias volví el día 25 de agosto de vacaciones, impaciente haciendo otras cosas mientras esperaba a que llegara el 1 de septiembre, día en que por fin tendría los datos que tenía que analizar para mi jefa.

 

El lunes 1 de septiembre, con ganas de terminar con esa pequeña semillita de angustia que la pesadilla recurrente había dejado en mí, encendí el ordenador emocionada, dispuesta a darlo todo de mí, a adelantar todo lo que pudiera. Pero... la vida tenía ganas de tomarme el pelo y, oh sorpresa, el programilla encargado de darme los datos me hizo un corte de mangas. Preocupada, le mando un e-mail al informático. El informático no responde. ¿Informático? ¿Dónde estás? De vacaciones, me contestan. Hasta el lunes siguiente, día 8 de septiembre no viene.

 

Una semana más pensando que la pesadilla se puede hacer realidad. ¿Por qué?

 

En fin, me consuelo pensando que todavía, después de la llegada del informático, tengo otras dos semanas y media para hacer el trabajo.

 

Pero... otra vez la vida se hace la graciosa. El lunes el informático me arregla el ordenador en el minuto 1. En el minuto 2 MARRÓN cae sobre mis hombros. "Lo siento mucho, sé que es muy pesado" fueron las palabras de mi jefe. Imaginaos como debe ser de pesado para que tu propio jefe sienta piedad de ti.

 

El lunes fue un día terrible. Interminables horas de MARRÓN-trabajo que no acabaron hasta que no fue la hora de irme. Qué tontería.

 

El martes fiesta, ay, que pocas veces no me he alegrado de tener una fiesta en mitad de la semana. De hecho, sólo esta vez no me ha alegrado. Soy consciente de que quizás esté magnificando mi sueño, pero ¡cómo no voy a hacerlo!, el mundo se me está rebelando.

 

El miércoles, es decir, hoy, he llegado volando a la oficina. Hoy sí que sí. Paso un momento a ver a mi jefe para ver si estaba bien lo del lunes. Estaba bien. Pero... obviamente, hay un pero, "mejor haz esta otra cosa fundamental que te va a llevar también mogollón de tiempo pero es que es fundamental". Bueno, vale. Creo que quizás a la hora de comer puedo terminar y comenzar, aunque sólo sea comenzar, esta parte de mi trabajo que este septiembre me va a volver loca.

 

Ilusa de mí. Concatenación de cositas, cosas varias y ristra de petardeces que hacen que no haya podido ponerme con lo que me tengo que poner ni por la tarde ni a última hora ni el último minuto. Parece broma. Pero no lo es.

 

¿Mañana? Veremos.

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