Resultado de etiquetas “Cartas” de El primer marcapáginas

Como los discos de vinilo, o las máquinas de escribir, como los teléfonos de dial... nadie les niega su nostálgico encanto... pero ya nadie escribe cartas, ni de amor ni de ninguna clase.  No son objetos prácticos, su pecado capital es que no son rápidos, no se pueden comparar con la inmediatez de un correo electrónico, ni con un SMS.  Lo cierto es que las malditas prisas se han cargado tantas y tantas cosas entrañables...pero creo que aun hay esperanza.

 

korea2zn9.jpgHace poco tiempo, una noticia me sorprendió; en la película "Sexo en Nueva York" (2008), el personaje de Carrie está leyendo en la cama en compañía de su amor de siempre, Big.  Cuando él le pregunta cuál es el título del libro que lee, ella le muestra la portada: "Cartas de amor de grandes hombres".  Como resultado de esta escena, en Estados Unidos la gente acudió a las librerías para hacerse con un ejemplar de dicha obra...que en realidad no existe.  Hasta aquí la cosa no pasa de anécdota, pero la sorpresa viene cuando nos enteramos que una avispada editorial estadounidense, Pan McMillan, decide publicar un libro con ese título: "Love letters of great men" y con dicho contenido: cartas de amor de Mozart, de Flaubert, Mark Twain, Nelson...ni que decir tiene que ha sido un éxito de ventas.

 

Nos cuesta tanto escribir, y no me refiero a coger papel de carta y pluma, nos cuesta escribir aunque sea en un teclado.  Todo lo que sea ir más allá de citarnos con alguien, proporcionar información, correo de negocios, o comercial, nos abruma.  Y es que escribir es desnudarse delante del destinatario, mostrar nuestro interior, exponernos quizás a su juicio...y si además nuestro escrito va dirigido a alguien que queremos...uf, qué miedo...

 

¿De qué tenemos miedo? ¿Cuál es nuestro temor? ¿No ser correspondidos? ¿Qué no nos entiendan lo que queremos expresar? No, mucho peor, nuestro terror más escondido e inconfesable es que la persona que nos lea piense que somos cursis, ñoños, blandos, empalagosos...poner el corazón en la palabra, escrita o hablada es un riesgo, nos expone; cierto es que pueden decirnos o pensar todo eso que tememos. ¿Y qué? Tenemos derecho a ser cursis, a decir palabras de amor, frases tiernas de amantes, a susurrar al papel sentimientos a los que no se debe ni se puede pedir razones que van contra su propia esencia, que es ser irracionales.

 

Para esa persona que ahora mismo tienes en mente...¿por qué no?

  carta.jpg

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