Dios mío, vaya fin de semana. Estoy en estado catatónico pero no quería dejar de escribir que tengo mono de blog.
El viernes salí a pesar de que no debía haber salido porque el sábado era POR FIN la boda de UMMA.
Y se me fue la mano, llegué tarde ya bien entrada la madrugada y, ya sabéis, encantada de
El sábado terminó como el viernes, bien entrada la madrugada y encantada de la vida.
Y el domingo me tuve que despertar pronto. Casi palmo. Bueno, pensaba que casi palmaba, el verdadero acercamiento a la muerte ha sido hoy.
El lunes todavía estaba medio muriéndome cuando mi SúperAmigo SúperDeivid me engañó. Me dijo que no pasaría nada, que podía ir a
Recuerdo vagamente que logré tomarme dos sushis y una minihamburguesa antes de perder la cordura gracias a Larios. No me lo pude pasar mejor, me reí sin parar, bailé feliz de la vida, conocí a gente guay y me re-encontré con amigos perdidos. Lo di todo.
Hoy casi muero, esta vez de verdad. Después de haber dormido muy poquitas horas, cuando ha sonado el despertador pensé que igual era mejor tirarme por un puente. Las ojeras que tenía esta mañana no las he tenido ni en las peores épocas de exámenes. El mal cuerpo que he tenido hasta la hora de comer no se lo deseo a nadie (ni como tortura a mi peor enemigo). Hasta he tenido el i-pod apagado porque escuchar música me mareaba...
No quiero volver a salir nunca. Me voy a morime un rato.







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