Hace un par de viernes hablaba yo con mi amiga PT de la necesidad imperiosa de arreglar lo que la gravedad no deja de fastidiar: el tan excesivamente traserín (qué os voy a contar sobre esta palabra, todas las opciones que me han venido a la mente son o soeces o vistas o cursis o de abuelita de la posguerra).
Estuvimos pensando en qué actividad podía favorecer el retorno de nuestro traserín a su sitio sin que tuviéramos que invertir ni demasiado dinero ni demasiado tiempo.
La solución no era nada gratificante: correr. Qué pereza. Aún recuerdo la última vez que lo intenté, hará unos cinco años. No pude aguantar ni dos minutos sin que un flato terrible desbaratara todos mis planes de ponerme en forma.
Pero la situación ha cambiado. En su momento hubiera estado bien hacer ejercicio. Ahora ES NECESARIO hacer ejercicio.
Decidimos hacer un pacto de ponernos en forma juntas para no derrumbarnos el primer día.
Quedamos en que la primera semana teníamos que salir un día a correr por lo menos 5 minutos. Lunes, Martes, Miércoles y Jueves ni me acordé de que tenía que correr. Menos mal que PT me lo recordó que si no habría fracasado estrepitosamente, otra vez.
El domingo por fin me lancé.
Pasmada me quedé al comprobar lo que mi cuerpo aguanta mejor después de haber dejado de fumar. Corrí más de 5 minutos y paré porque dicen que no es bueno forzarse cuando llevas tanto tiempo sin hacer ejercicio. Estaba pletórica porque todavía no estaba cansada y habría aguantado algo más.
Compensé el gasto extra de calorías con una Comtessa (me vuelve loca esta tarta...). Le dije a la camarera: "ponme media ración... bueno, no, mejor pónmela entera...".
Y como soy Antoñita la Fantástica y aunque me parezca cómica la protagonista de "El cuento de la lechera", tengo que reconocer que me parezco peligrosamente a ella, el lunes ya estaba convencida de que podría correr la maratón de Madrid de Abril.
Me echó para atrás la cuota de inscripción pero al ver los premios, pensé que como conseguiría alguno, tampoco pasaba nada por adelantar 50 Euros.
Busqué incluso consejos sobre cómo correr la maratón y cuando vi los planes de entrenamiento que incluían correr mil horas a la semana, me di cuenta de que igual tenía que renunciar a mi recién estrenado sueño de correr la maratón.
Cuando MyMan me preguntó la segunda mañana que corrí que por qué hacía ejercicio después de correr, le conté simplemente que había leído por ahí que había que estirarse después de correr para no perder elasticidad porque si le cuento que de verdad estaba convencida de que podía ganar algún premio de la maratón de abril de Madrid, se muere de la risa y no para hasta verano.
Os iba a enseñar mis zapatillas de deporte pero como son feísimas mejor os enseño mis maravillosas bailarinas casi de bailarina de cuento que como podéis ver necesitan un arreglo urgente si no quiero que me llamen Carpanta por la calle.







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