
Nada mas despertarte, prepárate, porque te vas a encontrar con una sorpresita en la cama y no precisamente tu mujer… cuando levantes la colcha te sorprenderá una cabeza de caballo (viva, según Los Simpson o cortada y ensangrentada, según El Padrino).
Quizás sea un poco desagradable… pero eso sí…¿y la compañía que te ha hecho durante toda la noche? ¿eh?.
Después de apartar la cabezita, (si eres un gángster rico es tarea del mayordomo pero como no es el caso…), con cuidadín, con muucho cuidadín, te pones tus zapatillitas siempre acompañadas de tu albornoz… y te bajas a desayunar cual Soprano digno que se precie.
Mientras que esperas a que salga el té americano, te pones a mirar a tu piscina.
Piensas lo bonita que es, lo que te costó construirla (nada, fue un regalo del de la pollería), al primero que ahogaste en ella por no pagarte las alfombrillas del coche…en fin cosas normales.
Una vez desayunado, que aunque seas un gángster tienes que desayunar, te pones tu trajecito de rayas (que te hizo con mucho cariño tu yayita Mariella) y te sientas en tu despacho a esperar.
Pasan los segundos, los minutos y llega un señor.
Te tiras hablando con él un huevo de tiempo y encima te pierdes la mitad de la boda de tu hija que era esa mañana. Eso sí, luego si ese tío no paga…que se prepare. Que llamarás a tus colegas del Bronx y le desmontaréis el chiringuito de apuestas ilegales y/o prostíbulo.
Eso… o le coges y le haces andar una hora con una pistola apuntándole a la espalda y posteriormente cuando ya esté supercansado… Pañum pañum… disparas al aire y le dejas vivo entre las flores.
Maldita la hora que le dices eso, va el chavalín con toda su buena intención y se casa con tu hermana. ¿y tú qué haces?...
Pañum pañum.







HELLO!
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