Conseguir una entrada para Cibeles para alguien que no está en absoluto relacionado con la moda es muy difícil pero no imposible. Si en una conversación de café oigo que una amiga de una amiga trabaja en una empresa patrocinadora de la pasarela, revista de moda o similar, no paro hasta conocerla y conseguir un preciado pase que me permita, durante un par de horas, acercarme al glamour nacional.
El pasado miércoles estuve en el desfile de Carmen March, una diseñadora que me gusta desde su primera colección. Me encantaron los guantes larguísimos, las prendas de paño armado; me las compraría todas y el vestido verde (foto) que lució la demasiado-delgada Marina Pérez, aunque no sé cuándo me lo pondría. De su paso por las pasarelas internacionales Marina ha perdido demasiados kilos y ha adquirido estilo y brío desfilando. Con las demás modelos creo que Carmen no tuvo suerte, les faltaba presencia y experiencia.
En la primera fila el público era variado: Elvira Lindo, Leticia Dolera (muy guapa), Nuria March (no es familiar de la diseñadora), Marta Robles, Paloma O'Shea (una elegante de verdad que nunca sale en las listas) Alberto Ruiz Gallardón (que comentaba los modelitos con su mujer), Cuca Solana, David Delfín, Miriam Ocáriz etc. Pero lo mejor eran las invitadas de la familia de banqueros March a la que pertenece la diseñadora. Muchas madres e hijas "ssstupendísimas" y con mucha clase: señoras que se levantan peinadas y se sientan con la espalda recta aunque estén en un sofá hundido.
Como dice mi amigo el diseñador Jorge Acuña, que ha tenido la suerte de ir a los desfiles de París, es una pena que Cibeles se haga en un frío recinto ferial y no en alguno de los maravillosos museos o palacios que tenemos en Madrid. Para la organización sería más complicado, pero el resultado sería mucho más sofisticado y vistoso, sobre todo si queremos atraer a la prensa extranjera.
Mientras se animan a utilizar el patrimonio nacional, yo creo que podrían esforzarse más en "vestir" el recinto para quitarle el aire "ferial". Sólo se salvaban la puesta en escena de la sala de L'Oréal y el kissing room de Moët Chandon decorado en rosa claro con toques María Antonieta. Para conseguir una preciada botellita de Moët hay que correr porque no hay para todos los invitados a la sala. Sorprendente ¿no? Yo suelo perderme la botellita porque me parece más entretenido el kissing espontáneo que se forma después del desfile en la propia pasarela. Allí se saludan relajadamente, famosos, estilistas, directoras de revistas e invitadas. Es una oportunidad única para fichar estilismos y sentirme una de ellas.
De vuelta al cubículo, me borro la sonrisa por la experiencia vivida y a escondidas sigo los desfiles por internet.
PS al equipo de hola.com: antes de septiembre tenemos que conocernos.


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